Es el principio del fin en esta negra época del PRD. Hoy convoca a su Consejo Nacional Electivo para cambiar de manera anticipada a su derrotada dirigencia nacional. Renovar es mucho esperar, las tribus, las cuotas y los cuates siguen negociando y decidiendo.
En 25 años de vida como partido político el de la Revolución Democrática pasó de ser el gran aglutinador de fuerzas progresistas, dispersas y sectarias mexicanas de finales del siglo pasado al ejercicio político más fructífero que logró conjuntar, confrontar, ganar, gobernar y crecer.
Convertir al líder en mesías es, aunque paradoja, muy de revolucionario, un contrasentido sea de aquí o de fuera, de ahora o de antes, una disonancia entre lo que se pregona y lo que se hace. Es ADN político. En 25 años sólo dos candidatos a la presidencia lograron construir. A sus Tlatoanis los han devorado, repudiado, expulsado y olvidado.
Van a la deriva hacia 2018, el PRD de hoy no genera prestigio; al contrario, busca afuera higiene y proyecto. Los naturales prospectos del partido se debaten entre la “ciudadanía” y la “independencia” como etiquetas para sus eventuales candidaturas.
El desprestigio le creció a los amarillos desde aquella leche contaminada con heces fecales repartida a través de programas sociales para la Ciudad de la Esperanza, hasta alcanzar la opacidad máxima en las finanzas de los segundos pisos de AMLO, el Metrobús que corre sobre Avenida de los Insurgentes que inauguró antes de irse de candidato en 2005 y que de inmediato tuvo que ser cerrado para levantar el chapopote y colocar el concreto que debía ser. Lo de vías torcidas e incompatibles no es nuevo, les viene de casta.
Si del PRI nació el PRD, de ahí mismo tenía que llegar el know-how de la escuela de Manuel Camacho vía Marcelo Ebrard. Manejo clientelar, negociar en el DF igual que en Guerrero o en Oaxaca, con ambulantes, maestros o sindicalizados federales. Tapar los escándalos de ligas y dineros para preservar el aparato fue estratégico, aunque inútil.
La claudicación de Ebrard, las engañifas con encuestas y consultas validadas por ellos y para ellos, los escándalos de corrupción tolerada, los malos gobiernos en Michoacán y Guerrero, la decepción oaxaqueña, hacer diputado en la cajuela de un auto a Julio César Godoy y la operación para colocar a Ángel Aguirre en Palacio de Gobierno de Chilpancingo desde el Palacio del Ayuntamiento del DF convirtieron al PRD y sus tribus hegemónicas en una eficiente maquinaria para negociar y vender candidaturas y protección política. Hoy pagan.
La diáspora de liderazgos, la salida de AMLO azotando puertas y los Chuchos creyendo que el discurso lo puede todo fueron el hervor final para terminar de sazonar lo que vemos. Iguala, Cocula, Guerreros Unidos, política financiada por el narco. 2018 para el PRD es fosa y hoguera.
Este artículo fue publicado en La Razón el 03 de Noviembre de 2015, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página
