Galilea Montijo es mi novia y yo soy director técnico

Supongamos que soy un entrenador de futbol profesional. En serio, permítanme por favor, y que entonces debo asistir, semana a semana, a las ruedas de prensa; la primera vez, estoy seguro, respondería contento todas las preguntas, no sé, que porqué uso un arete o tengo un tatuaje del Gato Felix en la espalda y cosas así por el estilo. Al paso del tiempo es posible que me aburra de contestar casi siempre lo mismo y muy poco de futbol, que por qué salgo con, no sé, pongamos que con Galilea Montijo (digo, ya en el sueño pues que sea intenso) o que quién es mi diseñador de modas, y así. Luego de varios años esa dinámica es francamente agotadora porque tienes que hablar de todo menos de lo que te gusta, porque la prensa es la que te pregunta y tu debes responder a las preguntas, no a lo que no te preguntan, y si no lo haces entonces siempre habrá una edición de audio o video y también en el impreso donde la venganza del profesional de la comunicación quedará clara, incluso la del fotógrafo que así elegirá tu peor ángulo, así como para hacerte parecer a Pedro Sola de TV Azteca o ya en el bullying cañón a Fabrizio Mejía.


Supongamos entonces que mi equipo juega una semifinal y pierde dos a cero en el primer partido y que yo estoy, como podrán entender, encabronado al ver que mis jugadores no hicieron lo que les pedí en el terreno de juego y lo quiero decir en la conferencia de prensa. Y para ello aprovecharé la primera pregunta. Estoy listo. Pregunta Calixto con la voz engolada y donaire circunspecto: "Señor Arouet, qué se dijeron usted y el entrenador del otro equipo cuando se saludaron porque antes del juego se picaron muy duro” y entonces yo estallo pero con cuidado. Me digo pendejo frente a todos. Así: pendejo y luego agrego que eso soy por responder siempre preguntas como esa, que si mi arete que si ese tatuaje, que sí… Pero en serio qué pendejo soy, reitero. Claro que no soy ajeno a que Calixto y sus colegas saben que una variable de mi autopendejismo es que el hombre que tienen en frente, o sea, yo, soy su espejo y me reflejo. Así me irá mañana con los medios, me digo a mi mismo en voz baja y ya compadeciéndome, y dicho y hecho: eso hicieron los periodistas, cobraron desquite, con una prestancia que ya la hubiera querido tener de mis jugadores.


Bueno pues algo más o menos así le pasó a Miguel “El Piojo” Herrera: “Pregúntame sobre el sistema de juego… la verdad es que yo soy un pendejo por responder las preguntas tan tontas que me hacen…”, reclamó ayer luego del juego entre los Tigres universitarios y los Xolos de Tijuana.


Comprendo al director técnico y sé que es un tipo bastante errático, pero igual que Tuca –que también tiene enormes excesos con los medios, sin duda– y los demás entrenadores, seguido está sujeto a una metralla de preguntas que no tienen qué ver con el deporte e incluso algunas son insultantes. Y ellos, los entrenadores, están expuestos cada semana a un enjambre de preguntas sin ningún sentido, reiterativas o de plano disparates. De verdad los comprendo. A mí una vez me preguntaron, luego de dar una conferencia, que por qué usaba loción y un arete –y además lo hizo un tipo con un aire de suficiencia así como sintiéndose Kapuscinski– y contesté que lo hacía nada más porque se me hinchaban los huevos, que cómo la veía; ya luego le pregunté muy comedido, si estaba o no de acuerdo con los lineamientos deontológicos que propuse para los periodistas y él añadió que prometía analizarlos con cuidado para responder. Nunca lo hizo. Y yo solo me quedé con que los periodistas en México necesitamos hacer un serio esfuerzo de autocrítica.

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