El 5 de junio será recordado por un buen rato: elecciones antes desangeladas sirvieron para ejercitar el músculo del “control” (obsoleto, ya se ve) de la información a través de esparcir datos parciales, mañosos; se transformó durante la madrugada del lunes en un festín para el análisis, para los titulares, “arrasa PAN al PRI”, cuenta rápida de ganadores y perdedores.
Vamos por partes.
De los resultados, cuántas victorias son producto del talento de Ricardo Anaya, de la popularidad de Margarita Zavala, de la enjundia de Javier Corral o del cinismo de Miguel Ángel Yunes, y qué tanto de la torpeza de Javier Duarte, de la reacción tardía, postaccidente de César Duarte, el de Chihuahua, cuánto perdió el PRI por méritos propios.
Manlio Fabio Beltrones dice que hay que interpretar el mensaje de las urnas, pero ¿los mensajes a priori o también los de entre líneas? Como sea, tiene la verdad de su lado; tiene que cambiar.
Cuando en agosto de 2015 Beltrones asumió la dirigencia del PRI, había dos corrientes de opinión al respecto, una que valoraba el pragmatismo del Presidente Peña Nieto para ubicar ahí a un gran operador (“el más completo de todos”) pero ajeno a su primer círculo de poder, ante la hipótesis de que, si todo salía bien el 5 de junio, Beltrones estaría a tiro de piedra de la candidatura presidencial para 2018.
Otros apostaron al revés; al frente del PRI, sólo un fracaso contundente en el vaticinio de “9 de 12” podría descarrilar definitivamente al sonorense, zanjar el debate interno y abrir paso a quienes se atrevan a perfilarse como capaces de remontar el resultado electoral del domingo.
Y el desplome en las encuestas de aprobación del Presidente, enfrentar a los motivados y echados para adelante panistas, sea Anaya o Zavala, al creciente efecto AMLO, y a la sana y fría distancia que más de un medio y otros actores relevantes pondrán de por medio a partir de ahora.
Al PRI el golpe le pega, pero no lo hunde, el nivel de voto duro sigue siendo el más fuerte de todos, no baja de 25 por ciento. Al gobierno del Presidente Peña Nieto le llega la hora de mover fichas; pasados elecciones, vedas y disimulos, lo que toca es prisa por reaccionar y mostrarse proactivo una vez más, ¿recuerdan los tiempos del Pacto por México?
Revisar estrategias de comunicación y posicionamiento, de los mensajes de gobierno, de la articulación interna para difundir logros y contingencias (económicas) que sucumbieron en aras de la lucrativa mercadotecnia política.
A los del gabinete también les llega la hora de definirse con estrategias atrevidas, institucionales pero valientes.
El “mal humor social” perdura, su impacto en las urnas es evidente. Hay que saber cuánto ganó el PAN y cuánto perdió el PRI.
Este artículo fue publicado en La Razón el 07 de junio de 2016, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.
