Mezquino resultaría no reconocer que el presidente electo de Estados Unidos comienza a reportarle beneficios colaterales a México.
Además de sus variados y grandes defectos, Donald Trump está provocando, gracias a su sincero primitivismo, acciones políticas y económicas aquí, que de no ser porque ganó, no las veríamos.
Resultó ser un revulsivo creativo para el gabinete legal y ampliado. Imaginación desatada para que Alfonso Navarrete Prida, secretario del Trabajo, diga que el tsunami de repatriados será oportunidad para ampliar una oferta laboral que, justo por no existir, ha echado a millones de mexicanos hacia el sueño americano devenido en pesadilla.
Para que Pepe Calzada, de Sagarpa, imagine cómo demonios aprovecharemos más manos produciendo alimentos, si el principal mercado se cierra con aranceles y normativas sanitarias unilaterales. A soñar que los mercados chino o árabe compensarán lo que arriba del Río Bravo se caiga.
Gracias a Trump la conciencia financiera de millones se ha despertado, el aumento en la tasa de interés de referencia de Banco de México, en medio punto porcentual, elevará el costo del dinero, del crédito, del apetito consumista programado por el “buen fin”.
Destinos turísticos nacionales florecerán ante la volatilidad del dólar, que hace pensar dos veces eso de ir y gastar billetes verdes allá cuando aquí se transforman en más y más pesos.
Por gracia del impresentable Trump, ahora el discurso de unidad nacional permea sin tanta oposición, ya ni López Obrador la ha emprendido contra la mafia del poder azteca cuando mira a los halcones de allá que nos acechan.
Perredistas, panistas y priistas apoyan medidas de austeridad, de control; piden ponernos a trabajar en el futuro productivo nacional de manera más introspectiva. Ese consenso, ni Obama.
Ahora imaginamos otro 2018, con propuestas alternativas, con ideas y personajes que hace 6 meses no estaban en columnas ni en encuestas; hoy los cañones progresistas y justicieros de las redes sociales apuntan a Nueva York y Washington, en lugar de siempre tirar a Los Pinos.
La diplomacia mexicana anuncia que sus obligaciones consulares de asistencia, las de siempre, ahora sí se cumplirán. Cosa que bien, mal o peor, hay que agradecer.
Oaxaca se prepara. Alejandro Murat, gobernador electo de Oaxaca, estuvo en la sede de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) para construir una agenda de colaboración para el fortalecimiento de políticas públicas en su administración, a partir del 1 de diciembre.
Murat Hinojosa se reunió con el secretario general de la OCDE, José Ángel Gurría, y con los coordinadores de educación, salud, desarrollo regional y social, gobierno eficiente, transparencia y combate a la corrupción, rubros que suenan de maravilla si logra importar buenas prácticas y estrategias.
Que el próximo gobernador de una de las entidades menos desarrolladas del país busque cooperación alternativa es también cosa buena que merece contarse.
