Una conferencia de prensa de un gobernante debería ser, al menos en teoría, un ejercicio de rendición de cuentas, en la cual se den a conocer planes, programas y acciones de la administración pública, pero con la llegada de la 4T esta herramienta de comunicación se ha transformado en un escenario de difusión de las opiniones del mandatario en turno, de comentarios sobre una gran variedad de temas o en un espectáculo preparado con supuestos reporteros a modo. Poco se informa de lo que hace el gobierno, pero los temas abordados sirven para mantener al presidente en el ánimo popular.
Plataforma de propaganda
Si uno revisa los temas que son abordados en cualquier conferencia mañanera, se podrá dar cuenta de que las acciones o planes de gobierno ocupan la menor parte del ejercicio de comunicación, pues lo que trasciende a medios y redes sociales son las opiniones del presidente o las respuestas que da a preguntas de los asistentes.
La información sobre los precios que dan las gasolineras, los datos que presenta Seguridad Ciudadana o los esfuerzos de la autoridad laboral, quedan en un lejísimo lugar ante ciertas expresiones del presidente, como en aquella ocasión que mostró un par de estampas religiosas al hablar del Covid-19.
Durante los dos años al frente de la presidencia, López Obrador ha manifestado que no contempla suspender dichas conferencias, pues según el mandatario —como señalamos en una colaboración anterior en etcétera— es su principal foro para mantenerse, algo que las encuestas reflejan.
Pero el problema es que aborda una gran cantidad de temas, no necesariamente relacionados con su acción como gobernante, aunque sí reflejan su filias y fobias en el plano político.

El pasado 29 de noviembre, durante una gira por Baja California, en la cual fue acompañado por el gobernador y funcionarios de su gabinete, la nota no fue de las obras visitadas, sino lo que opinó de la alianza entre el PAN, el PRI y el PRD: “Por eso ahora se están quitando las máscaras los que engañaban que eran distintos, y se están uniendo, qué bueno que esto esté pasando, que no haya simulación, que no haya hipocresía, por lo que a nosotros corresponde, vamos a respetar todas las expresiones políticas, sobre todo, el derecho a disentir”.
Se trata de un modelo que prioriza la presencia del presidente, a pesar de que no hay mensaje principal ante la cantidad de datos y actores que participan en las mañaneras, y que enfatiza algunos puntos que se han hecho tradicionales en sus discursos, como el combate a la corrupción o la culpa del pasado neoliberal.
Esto es lo que llega a los medios y redes sociales, no las acciones de gobierno, tampoco los análisis de que tanto se ha avanzado en obra pública o en otros indicadores que muestren la eficacia o ineptitud de la administración pública, sino las palabras de un presidente que gusta opinar acerca de todo.
El modelo ya está establecido y algunos gobernadores empiezan a seguirlo. Se trata de montar conferencias de prensa, diariamente si es posible, en donde el mandatario en turno habla de todo: de los otros partidos, de lo que hacen ciertos personajes que no son de su agrado, de lo que hacen otros gobernantes, de las elecciones, pero sin abordar sustancialmente sus acciones de gobierno.
Miguel Barbosa es un alumno aventajado de esta escuela. El pasado 7 de diciembre, en su conferencia matutina, no tuvo un mejor tema que tratar que el anuncio de la alianza entre el PAN, el PRI y el PRD, para lo cual tuvo las siguientes palabras que cita el boletín oficial: “Miguel Barbosa aseguró que lo que refleja esta alianza es la componenda entre dos partidos que no pueden solos, más una cola, para tratar de frenar a Morena, y al gran movimiento de López Obrador, ‘el pueblo los va a vencer, los va a derrotar, siempre vivieron en la promiscuidad política más horrorosa y fétida’”.
El 27 de noviembre, se metió a la polémica del outsourcing al señalar, citando el boletín que emitió el gobierno estatal, “el mandatario poblano recordó que el ‘outsourcing’ se incorporó a la Reforma Laboral promovida por Felipe Calderón a finales de su gobierno, y provocó en su momento, una discusión enorme; finalmente fue aprobada por el PRI y el PAN, con el argumento de que atraería inversiones por la libre contratación, pero finalmente no fue un detonante”.
Otro exponente de la 4T, el gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García, pronunció, el pasado 16 de noviembre al rendir su informe de gobierno, palabras muy parecidas a las que emiten a diario en Palacio Nacional: “Si el pueblo no hubiera querido deshacerse del legado de corrupción estos logros no se alcanzarían; nos comprometimos a iniciar la Cuarta Transformación y es palpable”.
Así, tenemos a gobernantes que merecerían tener un programa en la radio o la televisión, pero no una plataforma con recursos públicos en la que se supone que deberían informar de lo hecho en sus respectivas administraciones.
Por cierto, el antecedente es la emisión “Aló”, presidente que se estableció en Venezuela y que resultó un eficaz vehículo para que el mandatario local proyectase su imagen por encima de los problemas que viven los venezolanos.

