In Arabic, the word for free and the word for forgiveness is the same word. This is how, even in here, I can be free.
Mohamedou Ould Slahi
Venganza lujuriosa
La venganza y la lujuria son apetitosas y tanto, que siempre se expresan de forma culinaria. La venganza se come fría y la lujuria asume temperaturas más álgidas. La sed de venganza y el apetito sexual son narrativas poderosas porque posibilitan deseos primitivos, toda historia que las promueva es contagiosa y peligrosa.
En esta ocasión me concentraré sobre la venganza porque me preocupa sentir que existe actualmente un exacerbado discurso que la promueve. Cabe recordar que la venganza es motor de la legalidad y la justicia, sofisticados dispositivos que hemos desarrollado como especie para buscar la equidad por medios lo más objetivos posibles y a través de pasos que promuevan la fría temperatura que requiere la ejecución del restablecimiento del equilibrio.
Nos dice Jorge Vigil en su diccionario de pecados que “la venganza persigue un objetivo injurioso antes que reparador. Consiste en forzar a quien haya hecho algo malo en sufrir el mismo dolor que él infligió, o asegurarse de que esta persona o grupo no volverá a cometer dichos daños otra vez.” La palabra “venganza” (nos dice la extraordinaria página de las etimologías de chile)[1] deriva de “vengar”, del latín vindicare (vindicar). Es el vengador alguien que señala con fuerza el agravio: La palabra vis (fuerza) de donde tenemos violar y violencia. Su raíz indoeuropea sugiere que se persigue algo con vehemencia. En el diccionario antes aludido nos dicen que para Bacon era una forma de justicia salvaje y que Gurméndez en su Tratado de las pasiones nos dice que su condición es una herida infectada, purulenta que infecta el alma, que echó raíces en la mente de la víctima y se ha vuelto una idea crónica que degenera en rabia, el agredido cree que infringiendo el mismo dolor en el otro se deshará de la maldición, o al menos, logrará hacer que el agresor sienta su dolor mediante una nueva herida.

Se trata de una pasión “racional”, calculadora, es una pasión carente como la citada lujuria o la envidia; el apasionado desea un sujeto concreto para saciar el deseo sexual, el envidioso requiere arrebatar el objeto específico que el otro posee, desea la posesión que pertenece a otro sujeto, el vengativo restablecer su herida causando esa misma herida en otro sujeto. La víctima busca cerrar el hueco que lo regrese a la completud primera abriendo un surco que se eleve como monumento en el otro, metáfora de la retribución, recordatorio del agravio y moraleja de advertencia. Pero Gurméndez la califica también de pasión recreativa consecuencia de otras pasiones como los celos, la envidia o el odio. Busca definir la buena venganza y lo hace así:
- Es pasional y por ello busca infringir un mal equivalente o mayor al mal que la motiva
- Debe quedar preferentemente impune, pues aunque no deja de haber la venganza auto confesa la huida del vengador añade aliciente a la venganza
- Nominal: debe identificarse a la persona que la comente, y permitirse establecer la causalidad con el hecho que la motivó
- Dejar una sensación de justicia cumplida y daño resarcido en el vengador
- Buscar la pérdida material pero sobre todo la humillación moral del primer agresor.
Para Santo Tomás como virtud en el ejercicio del castigo la venganza es un justo medio entre dos vicios la crueldad o la severidad y la blandura. Y Seneca pensaba que la venganza es confesión de debilidad y dependencia, pasión que se refuta a sí misma: “al vengarnos, en vez de destruir el objeto de nuestra venganza reafirmamos su existencia, afianzamos suceder la venganza es la afirmación de la negación y al realizarse constituyen la contradicción consigo misma. Lo contrario de la venganza es así la indiferencia, sublimada por Aristóteles en la aristocrática virtud de la magnanimidad” Afirma Vigil Rubio.
Para mi la venganza termina por ser incontinente y estéril, incapaz de resarcir el daño ni devolver lo perdido, un placer inmediato como rascarse una roncha que al final quedará más herida. Por ello no me place que el feminismo adopte la violencia aún cuando la entiendo. Y me opongo a todo político que la utilice de forma pornográfica, poseído por su ardor y olvidando todo decoro. Me opongo porque se convierte en un placer narcisista y destructor, no me opongo desde luego a una justicia legal y retributiva que busca el restablecimiento y entiendo que ésta se corrompe y nos traiciona muchas veces. En mi vida personal la venganza ha sido de mal agüero y el perdón siempre la máxima liberación.
Tal vez por todo eso el discurso final de la película “El Mauritano” me resulta tan pertinente, una especie de oración que edito y comparto con esperanza de que en mi país haya más cabida para el perdón que para la venganza:
De donde yo vengo la gente sabe que no podemos confiar en la policía, la ley está corrupta y el gobierno usa el miedo para controlarnos… Después me mudé a Alemania y experimenté vivir en un lugar en donde no se teme a la justicia… He vivido preso los últimos 8 años de mi vida sin un juicio justo y sin que me hayan probado un solo crimen, los Estados Unidos han usado el terror y el miedo para controlarme… El perdón es parte de mi religión, mis captores no quieren perdonarme por un mal que jamás cometí, pero yo trato de perdonar, quiero perdonar, porque eso es lo que Alá quiere. En árabe la palabra perdón y la palabra libertad son la misma y esa es la causa por la que incluso aquí puedo ser libre.
Me siento libre pero temerosa, temerosa de un gobierno con hambre y sed de venganza, cada día más sordo, cada día más violento. Tengo miedo de que dejemos de perdonar y perdamos con ello toda libertad.
[1] http://etimologias.dechile.net/

