
Es bueno aprovechar las ocasiones propicias para reflexionar sobre periodismo. Una de ellas surgió la semana pasada, por cortesía del comentarista Hernán Gómez, confeso partidario y abierto defensor de Andrés Manuel López Obrador.
Invitado al programa La Hora de Opinar el 25 de septiembre, y acostumbrado a la afirmación fácil —que ejerce cotidianamente en su espacio opinativo propio— dijo tajante: “no hay verdadero periodismo en México”. Ante la sorpresa y molestia de sus entrevistadores, Gómez reiteró su postura y luego matizó que “no existe verdadero periodismo de investigación en México”.
Agregó que la publicidad oficial genera siempre una relación “perversa” entre los periodistas y el poder.
Al día siguiente, desde su cuenta de Twitter, respondió a las numerosas críticas señalando que no quiso ofender a nadie, pero que desde su punto de vista el periodismo de investigación en México es “incipiente, marginal e insuficiente”. Esto le generó nuevas críticas, pero también apoyo irrestricto de parte de simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador.
El viernes 28 de septiembre publicó en El Universal una nueva justificación a la vez que una insincera disculpa. Insincera porque perseveró en señalar la marginalidad del periodismo de investigación. Para Hernán Gómez, el periodismo de investigación sólo existe en medios alternativos, no en los grandes medios, lo cual es falso.
La disculpa fue insincera también porque sólo se disculpó por esa afirmación y no por haber dicho que “no hay verdadero periodismo en México”. Perseveró también en asegurar que es insuficiente, con lo cual coincido. Tituló su artículo “Periodismo de luz”, en referencia a un artículo del mismo nombre publicado por Ricardo Flores Magón en 1906.
Periodismo y poder
Las declaraciones de Hernán Gómez tuvieron lugar muy poco tiempo después de que AMLO amonestara a los medios de comunicación para que fueran “más objetivos”, e hicieran “más investigación”. Esto, en relación a las críticas que recibe de parte de la prensa “fifí”.
Respecto a esas admoniciones, en un video difundido en sus redes sociales, Gómez defendió al presidente electo e ironizó sobre la incapacidad de los periodistas, de los comentócratas, de recibir una crítica.
Al respecto, es esencial señalar lo siguiente:
1.- Es cierto, muchos periodistas no admiten críticas a su trabajo.
2.- Es cierto, en muchos periodistas y medios de comunicación se registran fallas éticas y de oficio.
3.- Es cierto, en muchos medios de comunicación se registran reverencias al poder. Pero ojo, también militancia a favor de “causas” políticas. Como la militancia a favor del antes candidato y ahora presidente electo.
3.- A pesar de las fallas que registra la labor periodística, no corresponde a ningún miembro de la clase política hacer observaciones a la prensa respecto a la corrección o incorrección de su labor. Ningún político, y mucho menos un presidente electo, tiene derecho a una injerencia así.
4.- Las observaciones o críticas que se realicen a la labor periodística son esenciales, necesarias, pero deben hacerse desde el conocimiento, no desde la desinformación e ignorancia. En su participación del 25 de septiembre, Hernán Gómez mostró ambas. En su artículo del día 28 demostró que, por fin, se puso a investigar, acicateado por el alud de reprobación que recibió en sus redes sociales.
5.- Andrés Manuel López Obrador ha mostrado sin cesar actitudes preocupantes hacia la prensa: paternalismo, injerencismo y sexismo. Gómez le apoya desde su postura como opinador, fortaleciendo el discurso autoritario del futuro gobierno. Es el nuevo “periodismo” oficialista.
Periodismo de investigación
Existe una confusión grande con respecto a lo que es el periodismo de investigación. El aura romántica que ha ganado gracias casos como “Watergate”, por citar sólo uno bien conocido a nivel mundial, hacen pensar a muchos que el periodismo de investigación es aquel que logra cimbrar a la opinión pública con revelaciones de enormes secretos o tramas ocultas de largo alcance.
Pero eso no es lo que define al periodismo de investigación, el cual lo es ya sea que atienda problemas mundiales o municipales.
Lo que define al periodismo de investigación es el método. No el tema. Cualquier tema —siempre y cuando sea de beneficio social— es sujeto de ser tratado mediante el enfoque del periodismo de investigación. Dependerá de las fuentes y del tiempo disponibles, el nivel de profundidad que se pueda alcanzar.
Sí. El periodismo de investigación no es más que el viejo método de investigación documental que comparten muchas disciplinas sociales. Su resultado puede ser variado: un reportaje escrito, una película, un documental, un artículo o un libro.
Visto de manera muy estricta, todo periodismo debe ser de investigación. No siempre lo es. A veces se echa mano de una sola fuente: el funcionario que declara algo, el boletín de prensa.
Pero permítaseme defender el enorme valor a largo plazo de estas acciones: las innumerables notas boletineras o banqueteras que abundan en los medios de comunicación construyen todos los días una valiosa hemeroteca, disponible para cuando alguno de nosotros decide profundizar en cualquier tema.
Un periodista decidido y con método puede tomar prácticamente cualquier tema, echando mano de notas informativas hechas por otros reporteros, más información especializada, entrevistas con expertos y en casos menos frecuentes, fuentes confidenciales.
Insisto, el periodismo de investigación no siempre revela grandes verdades, no siempre aborda temas inmensos. Hay innumerables piezas de periodismo de investigación que tratan temas pequeñísimos, pero que, con el tiempo y el trabajo conjunto, conforman diseños más amplios.
El periodismo que revela un caso de corrupción o abuso de poder a nivel poblado, municipio o estado, que informa sobre la verdadera naturaleza de una enfermedad o explica con cuidado como protegerse de un huracán es tan valioso como el que aborda casos de “alto nivel”. Se entiende que no tenga la misma resonancia ni que en materia de audiencia sea tan apetitoso para los medios de comunicación. Más eso no le quita valor social.
Tristemente, las investigaciones más necesarias en el presente momento de la realidad nacional se relacionan, directa o indirectamente, con el crimen organizado. No existen suficientes revelaciones al respecto porque la amenaza o la muerte ha acallado a numerosos reporteros. Y también, es indispensable decirlo, hay periodismo de propaganda disfrazado de periodismo de investigación. Recuerde el lector las dos entrevistas que Anabel Hernández hizo a Rafael Caro Quintero.
La publicidad oficial
Hernán Gómez dijo el 25 de septiembre que la publicidad oficial ha provocado una relación perversa entre el poder y los periodistas. Que esto ha hecho que se omita el periodismo de investigación en los grandes medios, favorecidos por la publicidad oficial.
Como sus otras afirmaciones, esta también peca de general, de falta de matices. Por supuesto que la publicidad oficial ha incidido en los contenidos de muchos medios. Tenemos el caso de La Jornada a lo largo de todo el sexenio de Enrique Peña Nieto, bien reseñado en etcétera.
Sin embargo, es inexacto asegurar, como lo hizo, que el periodismo de investigación únicamente florece en medios “alternativos”, marginales. Recordemos, por ejemplo, la excelente cobertura que del sismo de 1985 hizo Jacobo Zabludovsky desde Televisa. Enorme ejemplo de periodismo de investigación en tiempo real, de profundo impacto social.
La publicidad oficial no provoca, per se, el sometimiento de los medios de comunicación. Lo que lo provoca es el manejo opaco, discrecional, irregular y desequilibrado del presupuesto público y su retiro para castigar la existencia de un medio en concreto. También, claro, el comportamiento poco ético de algunos empresarios de medios, como —gran coincidencia— el director de El Universal, Juan Francisco Ealy Ortiz, en donde Hernán publicó su disculpa. Ealy, cada sexenio, sin falta, llama a trabajar al lado del presidente en turno y su medio resulta beneficiado. No obstante, eso no significa que en El Universal esté ausente el periodismo de investigación. No es así.
Bien utilizada, la publicidad oficial sirve a la sociedad para difundir información relevante de la administración en turno y para apoyar la existencia de la pluralidad de medios que necesita una democracia.
Además, el presupuesto para publicidad oficial no pertenece al gobierno en turno. No es un gracioso favor que la clase política otorga a los medios, ni tampoco debe ser una manera de ejercer control.
Preocupa que Hernán Gómez asegure que el auténtico periodismo de investigación solo florece en ausencia de publicidad oficial justo luego de que AMLO llama a los medios a hacer un mejor periodismo y “más investigación”, les felicita cuando se portan bien; besa, soba y llama “corazoncito” a diversas reporteras.
Justo cuando se planea una reestructura en la comunicación oficial y se anuncia un recorte de más del 50% en la publicidad oficial sin que al momento estén claros los criterios de distribución.
Preocupa porque es evidente que el nuevo oficialismo tampoco tiene conocimiento y criterios claros sobre la relación con los medios y, como en tantos ámbitos, se maneja con generalizaciones ignorantes, soberbias y desinformadas.