El 20 de noviembre de 1989, bajo la regencia de Manuel Camacho Solís, la Ciudad de México implementó lo que se anunció como una medida de emergencia invernal: el programa “Hoy No Circula”.
Lo que nació como un paliativo temporal se ha convertido, 36 años después, en una política permanente que parece haber agotado su utilidad ambiental para transformarse en una herramienta de control político.
A la luz de los datos, surge una pregunta incómoda: ¿Estamos protegiendo el aire o simplemente administrando la ineficiencia gubernamental?
De la Emergencia a la Normalización del Veneno
En los inicios de los años 90, los parámetros para decretar una Fase 1 de Contingencia eran de 250 puntos IMECA. Hoy, la alerta se dispara a los 150 puntos. Si bien esto sugiere mayor rigor, también revela una paradoja: la ciudad depende de la restricción vehicular para compensar su incapacidad de resolver problemas de fondo.
Mientras en 1992 alcanzamos el récord de 398 puntos, hoy nos estancamos en una mediocridad donde el “Doble Hoy No Circula” se aplica con frecuencia, castigando incluso a quienes invirtieron en las tecnologías más limpias.
El Círculo Vicioso: Más Autos, no Menos
Lejos de desincentivar el uso del automóvil, el endurecimiento de las restricciones ha provocado un efecto perverso: el crecimiento del parque vehicular. Aquellas familias con posibilidad económica han optado por adquirir un segundo o tercer vehículo con distinto engomado para garantizar su movilidad diaria.
Esta estrategia de supervivencia urbana no solo satura más las vialidades, sino que a menudo introduce autos usados o menos eficientes al sistema, logrando exactamente lo contrario a lo que el espíritu original del programa pretendía.
La Paradoja del Holograma 0 y 00
Aproximadamente el 70% del parque vehicular cuenta con hologramas 0 y 00. Al aplicar el “Doble Hoy No Circula”, se retira de circulación a los vehículos que menos contaminan.
El beneficio ambiental de detener un auto modelo 2025 es marginal (apenas un ahorro del 3% al 5% en precursores de ozono), especialmente cuando el sistema de transporte público que debe absorber a esos usuarios depende de microbuses y camiones diesel que contaminan lo mismo que 50 autos particulares modernos.
Es un castigo al ciudadano que no se traduce en un respiro real para la atmósfera.
Contaminación por Omisión e Incongruencia Política
La narrativa oficial omite que el Estado es un generador activo de emisiones a través de la negligencia en infraestructura y gestión:
● Infraestructura Fallida: El exceso de topes, baches y la nula sincronización de semáforos obligan a los motores a un ciclo constante de “frena y arranca”, elevando el consumo y las emisiones hasta en un 30%.
● La Incoherencia de las Manifestaciones: Mientras se restringe la libertad de tránsito al ciudadano bajo el argumento de la salud pública, la autoridad sigue permitiendo bloqueos y manifestaciones en días de contingencia. Estos eventos colapsan las arterias viales, generando picos locales de monóxido de carbono y otros venenos debido al tráfico detenido que, irónicamente, el gobierno se niega a agilizar.
● Fuentes Fijas: Ningún esfuerzo ciudadano compensa que la Refinería de Tula sea responsable del 90% del Dióxido de Azufre (SO_2) que llega al valle, o que PEMEX distribuya combustibles de calidad inconsistente que degradan los sistemas anticontaminantes.
Conclusión
El “Hoy No Circula” se ha vuelto una cortina de humo. Es más fácil restringir al ciudadano cautivo que modernizar el transporte de carga, reparar el asfalto, gestionar las manifestaciones o exigir filtros a las paraestatales. Mientras el gobierno prefiera la prohibición sobre la solución técnica, el programa seguirá siendo un sacrificio ciudadano estéril ante un Estado que administra el caos en lugar de resolverlo.

