Insultar

Insultar implica preferir la ofensa que el intercambio razonado; descalificar al otro que no es o no piensa como yo.


Insultar no es opinar sino expulsar flatulencias por la boca, implica romper la comunicación para agredir. Insultar es el punto final del intercambio y el inicio del pleito; es el escupitajo lanzado desde un extremo con dirección al otro, es una catarsis y no la fuente creativa de la convivencia en la diversidad. Insultar nos deshumaniza.


insultar, inteligencia, libertad de expresiónEl insulto no es un punto de vista, ya lo dije, y atajarlo no inhibe la libertad de expresión sino que la alienta porque la libertad de expresión implica derechos, y entre otros el de no lastimar a terceros. Ni al proferir groserías ni al emitir gracejadas así como para pasarla bien, por ejemplo, al festejar que agredan al otro con quien no se coincide. Insultar es el rendimiento de la inteligencia, la derrota del valor, vale decir, la expresión del cobarde que se siente valiente.


El insulto florece en el terreno del desesperado, quien se da por vencido en que la palabra persuade o al menos atenúa nuestras diferencias porque atenuarlas es convivir con ellas, no buscar eliminarlas con burlas y groserías. Insultar es una expresión de la estupidez. Así, insultar es un acto parecido a ponerse en medio de una plaza pública y estrellarse un huevo en la cabeza, acaso por eso una de las mejores respuestas a quien insulta es la risa.

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