Javier Duarte: La sonrisa será lo de menos

Existe en México un ADN político-social que tolera la deshonestidad en la función pública. Permisividad colectiva que con acentos de humor dice, está bien que roben pero que repartan, bonachonas confesiones por robar, pero poquito, nos consolamos al saber que salpican.


Trampa en el solitario de la ética pública para creer que ayudar, empujar, destrabar, asignar contrato, pago o licitación a compadres o amigos de sus amigos, no es, necesariamente, ilegal y, por tanto, recibir grandes recompensas a tras mano, tampoco.


El ADN de buena parte de la clase política nacional se modificó consecuencia de la alternancia en el poder, carreras políticas que antes se cocinaban en 20, 30 o 40 años, ya no son posible. Hoy, la incertidumbre democrática los hace en el horno de microondas burocrático, rápido llegan, rápido se van.


Luego entonces, ese ADN de ladrón, exige robar todo y más en un solo sexenio para que antes de cumplir los 50, garanticen el exilio dorado, sin vergüenza ni rubor.


A Duarte lo detuvieron por ratero, no por idiota, esa idea de haber regalado una estela de pistas inmensas con el viaje de su prole de Chiapas a la CDMX, de ahí a Toluca para salir luego en vuelo privado a Guatemala, hace verosímil la hipótesis de una inteligencia mexicana como sabueso hasta descubrirlo, igual que otros malosos contemporáneos, en la amorosa necesidad de ver a los suyos, de estar reunidos.


Sin embargo, la candidez que esto supone para un grupo de mentes criminales, también tolera otra idea, la que supone que se dejó atrapar como parte de una estrategia política y jurídica, hasta diplomática.


Mucho cabe en esta vergonzante estampa de una sociedad que prohíja políticos que cavan sus trincheras en las mismas leyes para luego, refugiarse en ellas cuando van de regreso con el botín entre las manos.


No hay Fiscal Anticorrupción y tampoco sanción por lo menos social para los legisladores que nos dicen, no pueden apresurarse en lo que nos deben desde hace años. Protegerse los unos a los otros, es la consigna.


La enigmática sonrisa de Javier Duarte al momento de su aprehensión es lo de menos.


Lo importante es cómo le van a hacer las autoridades para sacar de sus bolsillos lo robado, qué hará el SAT para dar con el dinero de cuentas personales a las cuales depositaba efectivo del gobierno al son de “merezco abundancia, merezco abundancia”.


A Duarte, la Auditoría Superior de la Federación lo acusó desde hace 3 años por inconsistencias graves. Mexicanos contra la Corrupción lo denunció por simular contratos con empresas fantasma.


En enero de 2012 cuando colaboradores suyos fueron detenidos en Toluca con 25 millones de pesos en efectivo, a Duarte nada le ocurrió y el dinero confiscado le fue devuelto. A lo mejor por eso se ríe.



Este artículo fue publicado en La Razón el 18 de abril de 2017, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

Autor

Scroll al inicio