En África, el presidente de Tanzania John Pombe Joseph Magufuli (1959-2021), como lo han hecho otros gobernantes populistas, se negó a que se utilizaran tapabocas, para hacer frente a la pandemia de Covid-19.
A partir de sus creencias religiosas, es un católico ferviente, afirmó que “es tiempo de mirar a Dios y no depender de las mascarillas” y se negó a cerrar los lugares de culto porque en ellos era donde estaba Dios y se curaban los males.
Como otros populistas también minimizó los efectos de la pandemia y rechazó imponer la cuarentena. Sostuvo diversas teorías conspirativas sobre las vacunas.
Magufuli, que empezaba su segundo mandato después de su triunfo en las elecciones de octubre de 2020, murió el 16 de marzo de 2021 por complicaciones relacionadas con el corazón, de acuerdo a la versión oficial. Otros dicen que por Covid-19.
Era matemático y tenía un doctorado en Ciencias químicas, por la Universidad de Dar es-Salam. Desde joven ingresó a la política. Fue diputado y ministro en diversas administraciones.

En 2015 ganó por primera vez las elecciones presidenciales con el 58 % de los votos. En 2016 inició su mandato con el 90 % de aprobación, pero dos años después ya solo tenía el 55 %.
Temas centrales de su gobierno fueron la lucha contra la corrupción, el abstencionismo laboral en el gobierno, y el desarrollo de la infraestructura, de manera señalada en el sector ferroviario.
Prohibió los viajes innecesarios de los funcionarios públicos al extranjero. Y ordenó que se utilizaran vehículos más baratos y redujeran los gastos en la gestión de las oficinas de gobierno.
A El Bulldozer, como se le conocía, sus seguidores lo veían como un líder fuerte y carismático. Le eran incondicionales. Los que no estaban con él como un populista antidemocrático y represivo.
Lo acusaban, como también lo señalaban organismos defensores de los derechos humanos, de violentar sistemáticamente la libertad de expresión. Tres periódicos, seis cadenas de televisión y 21 emisoras de radio fueron cerradas por decreto.
Se le condenaba también por arrestar y juzgar a dirigentes políticos a quienes acusaba del delito de incitación al odio. Durante su mandato ejerció un control político total. Y utilizó las instituciones del Estado, para sostener, a toda costa, su proyecto.
Mientras trabajaba estas notas sobre el presidente de Tanzania ocurrió su muerte. De acuerdo a la Constitución la vicepresidenta Samir Sulu Hassan asumió el cargo. Se convierte en la primera presidenta de un país del Este de África. Ya veremos si será o no una populista.
Twitter: @RubenAguilar