Justin Tin Tontín

Imagine usted que se lleva a cabo una cumbre de los países de América del Norte sobre seguridad humana para combatir la violencia en la región.

En la inauguración se advierte que una de las más grandes amenazas para el hemisferio es la violencia que recorre desde México, Estados Unidos y que llega a Canadá. Esta situación de violencia es resultado del crecimiento del poder del crimen organizado, especialmente del vinculado al tráfico de estupefacientes, lo que ha provocado una crisis humanitaria por el éxodo masivo de víctimas debido, en gran parte, al hecho de que los cárteles han fortalecido su capacidad de fuego hasta ser superior a la de las Fuerzas Armadas de México y a la de algunas regiones de Estados Unidos y Canadá

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En seguida, Justin Trudeau, primer ministro canadiense, con voz enérgica externa su profunda preocupación por esta crisis en el norte del continente, provocada por la amnistía a los criminales decretada por el presidente Andrés Manuel López Obrador. El premier canadiense continúa expresando su alarma por la violación reiterada a los derechos humanos, sobre todo en contra de opositores por parte de fuerzas estatales y de organizaciones parapoliciacas denominadas Comités de Regeneración de la Vida Pública (conocidas coloquialmente como Células Taibo).

Acto seguido, el jefe del Estado mexicano se dirige a utilizar la tribuna, cruzándose en el camino con el primer ministro canadiense. Al hacer uso del micrófono, las primeras palabras del presidente mexicano son: “Déjenme ver si traigo todavía la cartera, porque me crucé con el primer ministro de Canadá en el camino y ya saben cómo son esos reformistas que sólo saben robar al pueblo”.

Para continuar, el máximo representante de México ante el mundo alza la voz para advertir: “¡No aceptaré ningún señalamiento de Trudeau! ¡Él sólo representa a la mafia de países que conspiran en contra de mi gobierno! Les molesta que haya vuelto al antiguo modelo energético, que si bien ha prácticamente detenido la exploración y derrumbado la producción, convirtiendo al sector en un desastre, ¡es nuestro desastre y no de los extranjeros! Se los repetiré una y otra vez, la política exterior de México es su política interior. Y al primer ministro de Canadá, con mucho respeto, le digo: ¡Justin Tin Tontín! Tú y Trump son lo mismo. Eres un sinvergüenza y un ignorante, no sabes de lo que hablas. Aquí te dejo el informe de nuestra Comisión Nacional de Derechos Humanos, encabezada por Manuel Bartlett, para que veas que hay cero violaciones a los derechos fundamentales durante mi gobierno”.

Al terminar su intervención, el presidente mexicano afirma: “Pero yo no vengo aquí a pelearme, soy amor y paz, siempre y cuando estén conmigo… si no es así, están contra mí… Vengo aquí a dar soluciones. Primero, para combatir al crimen organizado transnacional propongo que sembremos en su totalidad la superficie de Groenlandia con maíz criollo. Esto generará nuevos empleos para campesinos, marinos y fabricantes de abrigos. Segundo, presten bien atención porque esto va a revolucionar la diplomacia en el mundo: propongo que cada país ponga una oficina permanente en todos los países con los que tengan relaciones diplomáticas. El país en donde uno abriera una de estas oficinas también abriría una oficina en el propio. Así, las relaciones bilaterales podrían ser continuas. Estas oficinas se podrían llamar embajadas y quienes estuvieran a cargo de ellas, embajadores. Por su atención, gracias, la seguridad es fruto de la justicia”.

Tal vez lo que acaba usted de leer le resulte absurdo… pero podría no serlo. Después de haber visto la actuación de AMLO durante el segundo debate presidencial, sólo queda la certeza de que nuestro país está ante el riesgo de contar con un jefe de Estado que, ante la falta de una amplia visión y la escasez de argumentos, sufre regresiones a su infancia para únicamente contar con el recurso pueril de ponerle apodos a sus interlocutores. Estamos ante el riesgo de que el presidente de la República parta del hecho de que quien no piense como él, es un ladrón, un criminal. Existe el riesgo de que quien ocupe la titularidad del Poder Ejecutivo federal sólo cuente con consignas, ocurrencias y chistoretes. Corremos el riesgo de que, ante los grandes problemas y desafíos, se promuevan o cancelen proyectos de desarrollo porque el señor presidente tuvo una ocurrencia, sin falta de información y sin análisis. Pero lo más riesgoso es la posibilidad de un jefe de Estado que, más allá de entender la rabia e indignación de la ciudadanía, no entienda cómo funciona el país y, mucho menos, quiera ver la complejidad del mundo globalizado en donde vivimos.

Esperemos que quienes pensaban, antes del segundo debate presidencial, que el país no podía estar peor y por eso estaban dispuestos a un salto hacia el pasado, se hayan dado cuenta de que existe la posibilidad del retroceso y voten de manera informada y razonada.


Este artículo fue publicado en El Excélsior el 22 de mayo de 2018, agradecemos a Jesús Ortega Martínez su autorización para publicarlo en nuestra página.

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