Trump no se sale ni se va a salir de su guion. Esta semana dio prueba de ello, dijo que va a considerar al narcotráfico como terrorismo.
La declaración no debe sorprender. Es un tema que en varias ocasiones ha puesto en la mesa y que quizá la declaración de la familia LeBarón, en el sentido de que EU nos debe ayudar porque no podemos con el narcotráfico, le hizo de nuevo echar a andar algo a lo que se ha referido en varias ocasiones.
El Gobierno mexicano debería tener en claro la ambigüedad de Trump. No hay manera de poder tener certidumbre en la relación bilateral, hoy dice una cosa y mañana puede decir lo contrario con todo y amenaza de por medio.
No es casual que haya colocado a su hijo político, Jared Kushner, el mismo a quien se le entregó el Águila Azteca, como responsable en la construcción del muro fronterizo. No mandó a cualquier persona, mandó a quien señaladamente la pasada administración reconoció en tanto que la actual se ha mantenido relativamente al margen.
En diversas ocasiones nos hemos referido a la complejidad histórica de nuestros gobiernos para relacionarse con el de EU. El actual, con tal de llevar la fiesta en paz, ha dejado vacíos y se ha evitado la firmeza en medio de impugnaciones, críticas y desplantes de Trump.
Las debilidades de nuestro país en la lucha contra la delincuencia organizada está alimentando los afanes del magnate. No hay manera de que en su país se haya podido pasar por alto, en su reconocida doble moral, Culiacán y el ataque contra los LeBarón.
Las críticas en el Congreso de EU fueron múltiples. Uno de ellos lanzó con severidad observaciones y sarcasmos por lo de “abrazos no balazos”. Hace algunas semanas hablamos de las posibles consecuencias que tendría lo sucedido y las críticas a la desigual estrategia de seguridad, en particular nos referimos a lo que se podía pensar en EU sobre lo que pasaba y la forma en que se abordó.
Las consecuencias empiezan a llegar desde el exterior, sin perder de vista lo que internamente dejaron. No hay manera de que la tarde de perros en Culiacán sea vista como un triunfo del Gobierno, si sólo se ve como un acto de defensa sin atender los errores que llevaron al desenlace que dejó al Gobierno entre la espada y la pared, es perder de vista en lo que peligrosamente seguimos metidos.
Otra vertiente va por los rumbos de las elecciones en EU. Trump tiene frentes abiertos que lo van abrumando y cercando. Es un enigma lo que pueda pasar ante la eventualidad del juicio político, pero es obvio que se va a defender hasta el límite y va a tratar de distraer la atención y en ello México está que ni mandado a hacer.
Trump nos amenazó con la declaración de narcotráfico igual a terrorismo por una preocupación real, pero sobre todo como un mensaje para sus electores, México y su Gobierno.
Lo que no podemos soslayar, a pesar de la amenazante e incómoda declaración, es el hecho de que internamente los problemas de seguridad se mantienen en altos niveles y que el Gobierno se ha visto rebasado.
Si no se hace acuse de recibo y se enfrenta al gobierno de EU en terrenos como el del consumo interno de drogas y la exportación de armas a México, le va dejar a Trump la plaza vacía, espacio que si alguien sabe bien cómo ocupar es él.
Pensar en resolver el problema con b
uena fe ante un hombre, que no hay indicios que la tenga, va a provocar muchos problemas para nosotros. Debe haber conciencia de lo que significa establecer, para un país como el nuestro, que el narcotráfico sea tratado como terrorismo.
La amenaza ya llegó y sería cándido, por decir lo menos, suponer que no vendrán más.
RESQUICIOS.
Que el crecimiento económico del país no es importante o no nos debemos detener en debatirlo. No vemos como no sea una variable fundamental, no vaya a ser que cuando haya crecimiento digan que sí es importante; Banxico redujo el PIB anual a entre -0.2 y 0.2%.
Este artículo fue publicado en La Razón el 28 de octubre de 2019, agradecemos a Javier Solórzano su autorización para publicarlo en nuestra página.
