La voz de “en sus marcas” para el fin de la carrera del priista Javier Duarte la dio su correligionario Héctor Yunes, el pistoletazo de “salida”, el líder del partido, Manlio Fabio Beltrones; y el coscorrón, otro priista, el senador José Yunes.
O sea, al aún gobernador de Veracruz le quedarían horas para irse de licencia y someterse a investigación, por presunto desvío de dos mil millones de pesos detectado por la Auditoría Superior de la Federación. La ofensiva partió de su propio partido.
Héctor Yunes, candidato al gobierno estatal, había advertido el lunes que lo metería a la cárcel, pero cuando Duarte quedó al garete fue ayer: el presidente de su partido advirtió que debe “estar presentando, obviamente, cuentas concretas y verdaderas a los veracruzanos”.
Las amarras que podía conservar Duarte se desataron con la sentencia de Beltrones: “Nosotros a quien estamos respaldando es a Héctor Yunes como candidato, quien se comprometió a cero impunidad y si hay algo que sancionar no le temblará la mano”.
Enseguida saltó en la Comisión de Educación y Hacienda del Senado otro priista, José Yunes, para presentar un punto de acuerdo que exige a Duarte pagar la deuda de dos mil 37 millones de pesos que adeuda su gobierno a la Universidad Veracruzana. Fue aprobado por unanimidad.
Con Duarte, empero, arranca el cobro de facturas en la política doméstica: a 100 días de las elecciones en 12 estados, la cacería no quedará ahí. Esto será un quid pro quo: viene el turno de Guillermo Padrés, el ex gobernador panista de Sonora que dejó vacías las arcas públicas, con una deuda de 30 mil 566 millones.
Es, pues, hora de cumplir la palabra para algunos gobernadores que recién llegaron al poder gracias a sus promesas de castigar las supuestas correrías de sus antecesores, como El Bronco, en Nuevo León, con el priista Rodrigo Medina.
Sólo que El Bronco tiene más problemas ahora que pelos tiene un gato, tras la masacre de 49 reos en el penal estatal de Topo Chico, cuando tardó nueve horas en reaccionar y luego se descubrió que permitía a los internos tener hasta saunas en esa cárcel.
Su subsecretario de Administración Rogelio Benavides renunció por la compra irregular de 200 mil cobertores a precios inflados y ayer fueron descubiertas en otras prisiones estatales celdas con aire acondicionado, pantallas de alta definición y murales pintados en los techos.
Incluso, antes de ganar la gubernatura, El Bronco supo de la crisis en que se encontraban las cárceles estatales por un reporte que especialistas y empresarios le entregaron en propia mano, junto con 10 compromisos que él mismo firmó para arreglar la situación.
Como sea, son tiempos electorales.
Es temporada de patos.
Este artículo fue publicado en La Razón el 24 de Febrero de 2016, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página
