¿Los han visto correr como cucarachas con DDT cuando antes defendieron a Adán Augusto? ¿Los ven enfurecidos como moscos del trópico atacando a periodistas auténticos para devengar su sueldo? Otros sin rumor alguno besan el piso que pida la presidenta. Ahí está Juan Becerra Acosta Juan Becerra Acosta, por ejemplo.
Los vocingleros del oficialismo callan cuando uno de los suyos, si bien el más grotesco, afirma que no hay violencia en Sinaloa, y lo hace incluso en contra de lo que afirma el gobernador del estado quien, además, dio la razón a la sociedad que en la entidad se moviliza contra la violencia. En realidad, casi todos tienen el mismo coeficiente de Lord Molécula, como Jorge Gómez
y otros por el estilo (Vicente Serrano es otra cosa, a él se le reventó el CPU).
Hay algunos más astutos y feroces como Sabina Berman que hoy en su columna habla de corrupción sin dar un solo nombre aunque para agredir a periodistas y críticos del gobierno es capaz de difamarlos.
Otros, se pelean. Qué chistoso: unos se dicen a otros chayoteros. Callo de Hacha a Manuel Pedrero y éste a aquel. Difunden fotografías de sus supuestos clientes y así, como en el meme de los Hombre Araña, uno le dice al otro que es el impostor. Todos tienen razón cuando se acusan entre ellos. Lo mismo pasó hace poco con el Nacho Rodriguez y Alvaro Delgado y, aunque en efecto, haya diferencia de matices, nadie en su sano juicio podría negar que son propagandistas.
Hay otros más astutos. Jorge Zepeda dice que Adán Augusto es un cadáver político que ya comienza a apestar y otros guardan prudente silencio porque no hay paga y porque no saben qué hacer. El cálculo no está en su ADN porque su misma naturaleza les impide pensar.
Ellos reflejan la descomposición de la clase política y hay quienes lo disfrutan. Yo lo hacía antes, hasta que alguien me dijo que parecen gusanos aprobiontes que sobreviven de la carne putrefacta hasta que. Irremediablemente, mueren de hambre.

