Este viernes, mientras el magisterio mexicano reflexiona sobre la diversidad sexo-genérica en el Consejo Técnico Escolar, en otros países se alzan voces que exigen límites claros en la educación.
Donald Trump, presidente de Estados Unidos, ha prometido eliminar toda política que promueva identidades trans en menores. Javier Milei, presidente de Argentina, ha calificado la “ideología de género” como una forma de abuso infantil. Ambos coinciden en algo que muchos ciudadanos también sentimos: la educación debe formar, no confundir.
La Secretaría de Educación Pública (SEP) ha elaborado el documento Infancias y adolescencias trans y no binarias, en el que se pide al magisterio reconocer estas identidades en las aulas. Se proponen ejercicios como imaginar qué hacer si una niña pide usar uniforme masculino y ser llamada con nombre de varón. Se sugiere ver videos, intercambiar opiniones, y adoptar una pedagogía que impulse el “autoconocimiento” y la “expresión libre”.
Pero ¿hasta dónde debe llegar la escuela? ¿Es función del docente validar identidades que aún están en construcción? ¿Puede el Estado promover una visión del cuerpo y del género que contradice la biología y la cultura de millones?
Trump y Milei no están negando la existencia de personas trans. Están diciendo que la infancia no es el lugar para experimentar con identidades que requieren madurez, estabilidad emocional y contexto familiar. Están defendiendo el derecho de los padres a formar a sus hijos sin imposiciones ideológicas. Están recordando que la educación debe ser un espacio de claridad, no de confusión.
Yo comparto esa visión. No porque niegue la dignidad de nadie, sino porque creo que la dignidad también implica proteger a los menores de decisiones que no les corresponden aún. La escuela debe enseñar respeto, sí. Pero también debe enseñar límites, biología, historia, y sentido común.
La SEP puede invitar a la reflexión, pero no puede convertir al magisterio en promotor de una agenda que muchos no comparten. La diversidad existe, pero la educación pública debe ser neutral, científica y respetuosa de la cultura mayoritaria. No puede ser rehén de una ideología.


