Entiendo que Germán Martínez Cázares no haya encontrado espacio en el PAN para volver a la política activa. En ese partido no hay mucho margen para quienes no comulgan con la actual dirigencia. Sin embargo, no me quedan claras sus motivaciones para sumarse a un proyecto que le era ajeno, al menos hasta hace unas semanas.
Supongo que todo cambió cuando Andrés Manuel López Obrador le ofreció ser Fiscal de la República.
El paso que Germán dio hacia Morena es inusitado. El exdirigente nacional del panismo tiene prestigio y lo construyó resistiendo embates de quienes ahora son sus aliados.
Como tantos otros, el ahora candidato al Senado engrosó el listado de “la mafia en el poder” y fue presentado como uno de sus operadores.
¿Qué ocurrió? ¿Qué está pasando en el PAN para que sus mejores cuadros se estén alejado o lo estén abandonando? Minimizar la salida es un error y con el tiempo se podrán aquilatar las consecuencias.
Para Germán, las cosas no van a ser sencillas en Morena. Dudo que coincida con barbaridades como la amnistía a los delincuentes; además, formó parte de un gobierno que tuvo el valor de enfrentar el reto criminal que significaba la extorsión a la sociedad. Quizá equivocaron la estrategia, pero asumieron su responsabilidad ante un desafío mayúsculo.
Tampoco aceptará la cantaleta, difundida no sólo en partidos, de que no se ha hecho nada para combatir a la corrupción, ya que fue secretario de la Función Pública.
La piedra angular de la narrativa de Morena es el supuesto fraude electoral de 2006 y Germán sabe que eso es una mentira, ya que era representante de Felipe Calderón en el IFE.
Hasta el día de hoy no existe un solo testimonio de alguien que hubiera trucado la voluntad ciudadana. Lo que sí hay, en cambio, es un ataque constante que debilita a las instituciones.
Ojalá su incorporación sirva para que sus compañeros de viaje acepten el resultado de la jornada electoral, aunque no les favorezca. Sería un logro, ya que nunca lo han hecho, con excepción de la contienda por la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, en la que López Obrador derrotó a Santiago Creel por un margen mínimo.
Germán es un hombre de leyes; por eso me resulta complejo verlo en la bancada de Napoleón Gómez Urrutia, quien huyó del país por un presunto fraude al sindicato minero.
Las ideologías no están de moda, pero existen. El pragmatismo impera, pero al paso del tiempo esto generará más daños que aportes.
Los partidos, y sus grandes personajes, solían ser la guía de visiones de país y de futuro. Cuando uno votaba, tenía cierta idea de lo que podía esperar; y eso, ahora lo sabemos, no es poco.
Este artículo fue publicado en La Razón el 20 de febrero de 2018, agradecemos a Julián Andrade su autorización para publicarlo en nuestra página.

