VI
La severidad de Julio Scherer García con los otros contrasta con el consentimiento que tuvo de sí. Aún en aspectos nimios -llamarse escritor sin tener obra literaria y, al mismo tiempo, desdeñar las letras mexicanas salvo para jactarse de sus vínculos con ilustres creadores-. En aspectos menos superficiales están sus invectivas contra Francisco Ealy Ortiz, dueño del diario “El Universal”, o contra amigos, entre quienes estuvieron Manuel Becerra Acosta y Octavio Paz.
En su libro “La terca memoria”, Scherer evoca un encuentro con Héctor Aguilar Camín ocurrido el 10 de marzo de 2006 durante una fiesta en honor de la presidenta Michelle Bachellet. Dice que le motivaba abrazar a Juan Ramón de la Fuente y Carlos Fuentes pero que ahí también estaría Aguilar Camín, “de quien cargaba una vieja afrenta”. Enseguida reproduce el relato que le hizo Rafael Rodríguez Castañeda para refrescar su memoria.
Rafael recuerda que tenía listo un reportaje de Antonio Jaquez con el tema que días antes había revelado Miguel Badillo en El Universal: “los tratos financieros que, como presidente de la república, tuvo Carlos Salinas de Gortari con el equipo de escritores y académicos de la revista Nexos encabezados por Héctor Aguilar Camín”. El diario lo resaltó en portada:
“Una serie de cheques por una suma total de 3 mil 424 millones 450 mil 200 de pesos de la era de Salinas (poco más de 3 millones 424 mil pesos de hoy), con las facturas y los recibos correspondientes, cartas y recados por escrito, documentan un aspecto de los estrechos vínculos entre el expresidente Carlos Salinas y el doctor Héctor Aguilar Camín quien llegó a ser considerado uno de intelectuales mexicanos más cercanos al controvertido mandatario”. Sigue el director de Proceso:
“Un relámpago en la nota de Badillo:
“ ‘El 13 de septiembre de 1993 escribía Aguilar Camín a Salinas, a máquina: ‘presidente, se que no hemos terminado pero nuestras finanzas, por la misma demora, andan mal. Si pudieras adelantarnos el saldo de la investigación sería una gran ayuda (solidaria)’. Agregaba de su puño y letra ‘Un abrazo’. Salinas accede con prontitud, como en otros casos”.
“En el reportaje de Proceso , Jáquez recordaba que la relación Salinas-Nexos no entrañaba un tema nuevo:
“Desde tiempos de Miguel de la Madrid (1982-1988) hubo muestras de la cercanía entre Salinas y Aguilar Camín. Se recuerda, por ejemplo, la visita del entonces secretario de Programación y Presupuesto a las oficinas de Nexos, para explicarle al grupo la política delamadrista. Esta clase de deferencias levantó suspicacias, sobre todo en la comunidad intelectual”.
Luego recapitula las reacciones de Octavio Paz -“Llueven favores oficiales” sobre Nexos-, Gabriel Zaid -quien describió a Aguilar Camín como el Fidel Velázquez de la cultura- y Enrique Krauze -que llamó a Nexos “consorcio paraestatal”-. La nota recogió el deslinde que hizo Aguilar Camín de Salinas de Gortari, expuesto en las páginas de la misma revista en 2000, luego de que el noticiero estelar de Televisa difundiera una plática telefónica entre los hermanos Raúl y Adriana Salinas. Según este testimonio, cerca del cierre editorial, Aguilar Camín llamó a Rodriguez Castañeda para pedirle que no publicara el reportaje:
-No lo publiques… Jáquez me pidió una entrevista pero ya está aclarado todo, Rafael.
-Porque no está aclarado todo, Héctor, por eso lo vamos a publicar (…)
-Entonces hablo con Julio (…)
-Háblale, si quieres pero no te equivoques, el reportaje está redactado.
-En definitiva, ¿lo vas a publicar?
-Lo vamos a publicar, Héctor (…)
-Órale, publícalo… Ponle ventilador a la mierda (…) Y vaya que el ventilador de Proceso es poderoso.
Scherer agrega que sostuvo un diálogo similar con Aguilar Camín desde el teléfono:
“-Ya no te ocupes del asunto, todo está aclarado.
“-A mí no me lo parece.
“-Somos amigos.
“-Este es un asunto que nada tiene que ver con la amistad. La amistad tiene sus propios caminos”.
El texto de Proceso fue demoledor. Se publicó el 18 de febrero de 2001. Copias de facturas, cheques y una entrevista con Elena Poniatowska: “me duele lo que ha pasado y creo que en el fondo desacredita a la comunidad internacional de México”. En abril de ese año, durante la celebración de cumpleaños de Juan Antonio Pérez Simón, Scherer le extendió la mano a Aguilar Camín pero fue eludido con el dedo índice de la mano derecha del historiador que operó como marcapaso. Cinco años después, en la fiesta celebrada en honor a Bachelet, el historiador se acercó a la mesa de Scherer. Hubo un apretón de manos y enseguida se retiró.
El tema de la relación entre intelectuales y poder es seductor. Mi coincidencia con Octavio Paz es inalterable: el intelectual en el poder se vuelve ideólogo y/o divulgador. En cualquier caso renunció a la crítica. Ese acto deliberado no tiene justificación -es el más humillante para un intelectual- menos aún si conlleva privilegios que sólo pueden (intentar) defender las cofradías que lideran e incentivan. Lo mismo pasa con el periodismo cuando deja de ser herramienta crítica y deviene en propaganda o militancia. “En la rutina del absurdo”, como le llamó Scherer a Excélsior cuando él lo dirigió, puede ser libre y dependiente del gobierno al mismo tiempo. Esa dualidad atravesó el periodista en los años previos a su destitución, cuando recibía del gobierno fajos de billetes para enfrentar el boicot empresarial y propiciar su “propia humillación”. Lo dijo Scherer, tanto como reseñó los privilegios que tuvo desde el poder, primero en “Los presidentes” y luego en “Vivir”, éste último libro publicado once años después de su férrea resolución contra Aguilar Camín.
Julio Scherer se justificó en el quebranto de las finanzas para recibir la ayuda solidaria del presidente, igual que el autor de “La Guerra de Galio”.

