La hora del periodismo

El periodismo y la sociedad mexicana están en una encrucijada. El desafío que han lanzado grupos criminales tiene que ser respondido con inteligencia y acción. Cualquier estrategia debe pasar por la unidad, por salvaguardar la libertad de expresión y garantizar la seguridad.


Como suele decir Rubén Cortés, la mejor nota, la más relevante, es la que se tiene que escribir al día siguiente. Garantizar esto es indispensable y más en un oficio que, hay que admitirlo, se volvió riesgoso.


Hace unos días, el Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, en su calidad de presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores, propuso homologar el trabajo de las fiscalías en todo el país y establecer un protocolo, también unificado, de atención a periodistas.


Otro instrumento útil será el mapa de riesgos nacional, su elaboración permitirá contar con información de calidad y actuar con oportunidad; ambas herramientas servirán para que las autoridades estén en posibilidades de actuar con eficacia.


Desde hace años, una de las más grandes amenazas a la libertad de expresión proviene de los grupos criminales. Regiones del país han sido silenciadas y muchos reporteros arriesgan su vida para realizar un trabajo que es indispensable para la democracia y el Estado de derecho.


Las últimas semanas, como sabemos, han sido trágicas. Las muertes de periodistas como Miroslava Breach y Javier Valdez, pegaron en el corazón mismo de un gremio ya de suyo acostumbrado a las tragedias.


Recuerdo, por estos días, a Guillermo Cano, el director de El Espectador en Medellín, Colombia, quien reveló las fechorías de Pablo Escobar Gaviria. Lo hizo impulsado por la indignación ante un sujeto que además de narcotraficante quería el poder político. Escobar asesinó a Cano, pero el buen periodismo sirvió para alertar a la sociedad y para hacer que las cosas no fueran todavía peores.


En Tijuana, Jesús Blancornelas, desde el semanario Zeta, hizo lo propio, revelando la irrupción de nuevas generaciones de narcotraficantes. Lo trataron de matar y por fortuna no pudieron. Blancornelas nos legó uno de los trabajos periodísticos más interesantes y poderosos.


Javier Valdez era, me atrevo a decirlo, uno de nuestros narradores periodísticos más avezados. Reporteó sin miedo, un tiempo de conflictos criminales. A Miroslava Breach le tocó escribir una parte de la historia de Chihuahua, la de las luces y las sombras.


Por supuesto que el “ya basta” lanzado por los medios de comunicación, todos juntos, es una señal en el camino correcto, porque muestra una fuerza moral que es indispensable para atajar cualquier tipo de amenaza y, por supuesto, seguir haciendo periodismo.



Este artículo fue publicado en La Razón el 25 de mayo de 2017, agradecemos a Julián Andrade su autorización para publicarlo en nuestra página.

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