Hay un video en Youtube donde un señor igual al actor Dany Devito, pero sin carisma, entrevista a una vieja gorda y cabezona con bríos de diva. Devito lee sus preguntas como el actor a su escrip, ajeno a lo que hubiera podido ser una conversación. Tiene una gracia similar a la de Borges cuando decía algo así como “Todo mundo sabe que Giovanni Bocacció añadió el adjetivo ‘divina’ a la obra maestra de Dante”, mientras la diva responde como si el mundo entero (con todo y sus residentes extraterrestres) estuviera pendiente de ella. El video corresponde al 16 de abril de 2016.
Thelma Delia Sekiennik Snopik nació en Buenos Aires, Argentina, el 4 de mayo de 1943. Quienes la conocieron, y así lo constatan las postales, dicen que su formidable figura de alabastro tuvo talento para bailar jazz. Siendo una nínfula inició como vedette tras ganar un concurso organizado por el Teatro Nacional. De 1.80 de estatura, Thelma Tixou, como se llamó desde entonces, narró a Dany Devito que fue portada de las mejores revistas de espectáculos por eso y por alternar con la legendaria Tita Merello en los teatros Nacional y Astros donde, además, convivió con Zulma Faid, Nélida Rosa y Mora Casán. A los 72 años de edad, tenía impresa la felicidad en el rostro igual y posaba igual que los abuelos en las fotografías retocadas de color sepia.
Es difícil de creer la historia de esa señora ajada por quien, dice, fluyó la sangre de las víctimas del Holocausto. Sus inicios en la televisión a los 22 años cuando apareció en “La matraca”, uno de los programas de televisión más vistos, o cuando en 1967, protagonizó el rodaje La muchacha del cuerpo de oro, con buena taquilla a pesar de que la relacionaron con las cintas Sexplotation de Isabel Sarli. Pero sí, es ella. Thelma Tixou. La misma que llegó a México por esa época luego de rechazar una oferta para presentarse en el Lido de París. Con la seguridad de la madurez o la inconsciencia de la oxidación que provoca el tiempo, Thelma platica como si fuera ayer su atalaya en el Teatro Blanquita y luego su ascenso a las mejores panateneas donde rivalizó con Zulma Faiad quien, hasta entonces, había sido la principal inspiradora de la gentil galería. La diosa de alabastro no tenía qué pensarlo, más aún frente a la inestabilidad política argentina, y adquirió la nacionalidad mexicana. Así se codeó en “El Closet” con Olga Breeskin y Rossy Mendoza, y fue la atracción principal del Capri en el Hotel Regis, donde permaneció siete años y convivió con otras divinidades como Wanda Seux y Lyn May.
“La muchacha del cuerpo de oro” estaba en todos lados. En obras y puestas teatrales con actores y comediantes que se han convertido en polvo: “Chabelo”, Gustavo Rojo, Alberto “El Caballo” Rojas, Lalo “El Mimo” y Jaime Fernández. Debutó en televisión con Paco Malgesto y actuó en otras emisiones de variedades como “El club del hogar”. Fue parte del elenco del programa “Siempre en domingo”, del conductor Raúl Velasco y de “Variedades de medianoche”, con Manuel “El Loco” Valdés. En 1984 protagonizó la cinta La superdotada, que no se estrenó por problemas de producción, pero vino la revancha en 1989 y participó en Santa sangre de Alejandro Jodorowsky, lo que la proyectó a nivel internacional, y todavía tuvo fuelle para estar en el cine, por última vez, en la comedia Cándido Pérez: Especialista en señoras (1991).

En ese momento de la entrevista desapareció la feliz aureola de la señora rellena que habita Thelma. Frente al periodista Devito, que en realidad se llama Juan Manuel Rentería, comentó que debió interrumpir su profesión debido al maltrato físico y emocional que sufrió del exboxeador Adolfo Goldstein, con quien se casó a principios de los años 70. Por ello, añadió sollozando, en 2001 regresó a la actuación en la telenovela Salomé y así continuó de manera intermitente hasta su última participación en el culebrón Porque el amor manda (2012). Al concluir esta brecha, la doña recuperó el gesto feliz, si el espíritu de Thelma la hubiera regañado por mostrar esa flaqueza.
Thelma Tixou fue uno de los astros más relevantes de México en los años 70 y 80, además porque sus presentaciones eran familiares. Sin desnudos ni procacidad. En sus últimos años vivió de una pensión de la Asociación Nacional de Actores (ANDA) y de la venta de vitrales y repostería, luego de haber ganado millones de pesos, según dijo, y tras haber recibido ofertas de lujosos automóviles y pieles costosísimas. En esta parte de la entrevista se detuvo y tragó saliva. Se volvió a romper al mirar su presente. Y entonces es irremediable recordar lo que declaró al semanario Vedette y deportes en su edición del 16 de enero de 1978: “han puesto a mis pies verdaderas fortunas, me han querido regalar casas enormes, verdaderas mansiones, pero yo amé a un solo hombre y por nada aceptaría todo eso. Yo amo a mi esposo: Adolfo Goldstein. Mi gordo querido, que tanto me comprende y vela por mi carrera”. Sí, su gordo querido, el mismo que la destrozó. A finales de 2018, Thelma Delia ingresó al Hospital de Balbuena. Tenía un tumor cerebral; tras permanecer varias semanas en estado de coma inducido, falleció el 15 de enero de 2019 a los 75 años de edad.
Lo que sigo sin entender es porqué, en el ocaso de su vida, Thelma Tixou negó haber sido lo que fue. María José Cuevas me platicó la anécdota. En 2015 la invitó a ser parte de su documental “Bellas de noche” pero ella, enfática, lo rechazó porque dijo que nunca había sido vedette. ¿Por qué habría dicho eso? No lo sé. Quizá en esos momentos el espíritu de Thelma ya la había abandonado para esparcirse en la memoria de los demás.

