Miguel Ángel Mancera apostó y perdió. Primero 30 por ciento de su salario por la final del futbol entre Pumas y Tigres. El gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez, dijo que regalará juguetes en su estado. Ése fue el menor tropiezo del Jefe de Gobierno el fin de semana.
La Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami) madrugó a Miguel Ángel Mancera y le propinó la segunda derrota, descarriló su iniciativa para llevar los salarios mínimos de 70.10 pesos diarios a 86.33 y quedó en 73.04.
Ese incremento de 4.2 por ciento, o 2.94 pesos diarios al salario mínimo, paró en seco las ganas de anotarse, sí, un importante tanto político al Jefe de Gobierno, pero también las expectativas de millones de trabajadores.
La bandera política y propagandística del equipo del GDF es (era) que, una vez aprobada la reforma que desindexa los minisalarios de tablas referenciales para pagos y multas, un salto cuantitativo así era posible.
La reforma que desvincula al minisalario debe pasar aún por Congresos estatales, la mitad más uno para quedar firme, y esa ruta significa semanas o meses según anden los ánimos entre los factores exógenos de la ecuación.
De ese descontón, el Jefe de Gobierno intenta recuperarse. Por lo pronto, se perfila una reunión entre Mancera y Alfonso Navarrete Prida, secretario del Trabajo, para ya.
En México hay 3.1 millones de trabajadores que ganan el mínimo. Pagar 73.04, como lo dispuso la Conasami, y no 86.33, como proponía el GDF, significa un ahorro o una pérdida, según el lado de la ventanilla en que esté, de 41 millones 199 mil pesos diarios. Mil 235 millones 970 mil pesos mensuales.
En medio del enojo de Mancera, de su equipo y de algunos perredistas deseosos por subirse a ese tren, Agustín Basave soltó que el salario mínimo debía incrementarse 100 pesos para recuperar algo de lo perdido en décadas de bla, bla, bla.
Menos demagógico, pero más preocupante fue escuchar voces que proponen que la Conasami desaparezca, lo cual suena lógico, y que sus funciones las desempeñe un equipo legislativo en la Cámara de Diputados, lo cual suena aterrador.
Que decisiones económicas se tomen en el Congreso en donde todo lo arman y desarman a partir de las alianzas político-electorales (para 2016), acusaciones penales (PVEM), iniciativas bloqueadas (ley contra el robo de hidrocarburos), nombramientos pendientes (CNDH e IPAB) o la misma reforma política del DF, en el limbo hasta el cierre de esta columna, dibujan escenarios indeseables, que han probado ser malos, pésimos mecanismos para formar o establecer criterios responsables, sustentables en materia macroeconómica y financiera.
Miguel Ángel Mancera debe seguir presionando a los otros tigres, su suerte y la de 3.1 millones de trabajadores merecen ser distintas a la de los Pumas.
Este artículo fue publicado en La Razón el 15 de Diciembre de 2015, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página
