Las filtraciones de la PGJDF y la distorsión de la justicia

Imagino las filtraciones de la PGJDF como un menú para comensales desquiciados o como estante lleno de frascos de las droguerías de antes; en cualquiera de esos escenarios se oye una vieja (y mala) canción de Parchis, en donde cada integrante se presenta con el color de cada ficha entre las que predominan la roja y la amarilla. Así, las filtraciones son una especie de juego que se canta para ti y para mí, y donde quienes participan algo ganan.

Solo que hay algunos reparos: esto no trata de un restaurante donde puedes pedir una carne casi cruda o sesos rebozados sino es que hígados encebollados; tampoco es una botica en donde pueda uno solicitar el remedio para curar el mal de ojo, sanar el amarillo de la hepatitis o enfrentar las malas lenguas. Este juego que muchos disfrutan pervierte a la procuración de justicia y en esas perversiones participan hombres y mujeres que perdieron la vida y no solo sino que representa una vertiente contínua de la impunidad.

Entonces imagino que una especie de sombras deslizan las filtraciones de la PGJDG y otras sombras las reciben porque están dispuestas a poner su nombre, ocultar la procedencia en “fuentes que pidieron el anonimato” y difundirlas para conseguir la gloria de una primicia Y tal gloria no implica difundir información útil para dibujar un contexto y así comprender mejor un hecho y sus alcances. La gloria se mide en clics y la ética no sirve ni como mantel de mesa o trapo para sacuir el anaquel de las droguerías.

En ese contubernio político-noticioso participa cada ficha. Y tiene sentido el juego, claro está, pues distrae la ineficacia de la autoridad, le da pan y circo al pueblo y por si esto fuera poco, perfila que a final de cuentas todo esto trata de personas que caminaban malos pasos, que esto les sucedió por abusar del sexo, las drogas y el alcohol, como dijo uno de los criminales que las mataron; ah, sí, porque en este juego hasta a un barbajan se le confiere credibilidad.

Que el show continúe y la justicia se pervierta: “Hola soy ficha roja…”

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