Ya sabemos que la política no es tan fascinante como la de Frank y Claire, aunque no tengamos en cuenta, con la misma contundencia, que la política y los políticos mexicanos no son una escisión de nosotros sino un reflejo de las miserias propias como sociedad. Por ejemplo el portal más visitado de nuestro país ofrece contenidos basura y cuando hace política -lo cual es muy seguido, de hecho ofrece contenidos basura para aumentar su audiencia y luego hacer política- sin miramientos difama, entre otras razones porque la sociedad mexicana no ha deslindado claramente entre la libertad de expresión y la difamación. Eso, en Veracruz, y en Chihuahua un candidato emblemático de "la lucha democrática", me refiero a Javier Corral, descalifica cualquier crítica sobre él porque, igual que como hacen los seres mesiánicos, ésta nunca puede ser genuina; Corral es un tipo profundamente conservador que, además, enfila su discurso contra los monopolios siempre y cuando no sean los que detenta Carlos Slim; nunca dice nada contra el poderoso magnate y siempre reclama transparencia en los otros mientras esta transparencia no lo involucre a él. En Quintana Roo el candidato de la oposición ha dicho, metafóricamente, que debe decapitarse a los traidores, así como se lee, lo expuso quien ahora es llamado por sus correligionarios como traidor por abandonar al PRI al no ser electo por ese partido como candidato al gobierno de Quintana Roo; y ya lo vemos todos: el PAN y el PRD lo respaldan. Bueno, pues todo eso y más, mucho más, somos como sociedad, un mosaico plural y heterogéneo que puede festejar con aplausos como de foca el acto grotesco de Nueva Alianza con el que ayer mostró más pezones femeninos al aire que propuestas en un acto enmarcado por Gabriel Quadri; podemos asistir indiferentes a la ineficacia de los gobiernos de Puebla y Colima o al encumbramiento de una familia donde pueda más el apellido que los partidos, como en Zacatecas por ejemplo. Ya habrá tiempo de puntualizar cómo hasta un secuestro se tiñe de sospechas electorales o cómo es posible que un grupo de bandidos que se dicen profesores humillen a compañeros suyos sólo por no coincidir con ellos (con la complacencia de los medios que difunden las imágenes de los hombres y las mujeres postradas y trasquiladas). Por ahora disfruto la fantasía que es también esperanza de que seamos mejor como sociedad y entonces descarto la posibilidad de tomarme una selfie con Kevin Spacey para obtener frutos electorales; además sale muy caro y si no que lo diga Enrique Peña Nieto.
