Se multiplican las acciones censoras del grupo en el poder. El ritmo lo marcan las deposiciones mañaneras de la presidenta quien, siguiendo el guion de su antecesor, tilda como traición a la patria cualquier disidencia. Empoderados levantadedos humillan a ciudadanos comunes cuando los fuerzan judicialmente a disculparse porque osaron criticarlos (como lo hicieron Noroña y la tristemente célebre #DatoProtegido), al tiempo que caciquillos de cuarta con charola de gobernadores imponen la mordaza en sus feudos.
Sujetos los periodistas a las amenazas y atentados del crimen organizado, cosa que se agudizó en el sexenio anterior, la periodista María Cabadas publicó recientemente en El Universal el recuento de 27 periodistas que han sido acosados judicialmente en los últimos 18 meses. Entre estos destaca la persecución contra Tribuna desatada por la desgobernadora de Campeche, ya apodada Layda Censores.
La carrera política de la gobernante llenaría un catálogo de transfuguismo político. De linaje priísta (en los infaustos tiempos de Luis Echeverría y José López Portillo, su padre Carlos Sansores Pérez, El Negro Sansores, fungió como gobernador, cacique local y líder nacional del PRI), Layda fue diputada federal (1991-1994) y senadora por ese partido (1994-1997), cargos que obtuvo a cuenta del cacicazgo paterno. En 1997 saltó al PRD, partido de izquierda que luego traicionó para emigrar hacia la derecha para apoyar al PAN en la campaña presidencial del año 2000, elección en la que Vicente Fox Quezada resultó electo presidente.
Sin reparos ideológicos, la campechana viró ideológicamente otra vez para alcanzar nuevas posiciones como diputada federal (2006-2009) y senadora (2012-2018) cargos a los que fue postulada por la coalición encabezada por el PRD (al amparo de las siglas del partido Convergencia, hoy MC). A partir de 2015 se puso la cachucha de Morena, formación en la que ocupó cargos de dirección nacional, fue alcaldesa en Álvaro Obregón (CDMX) y bajo cuyas siglas es actualmente gobernadora de su estado natal.
El caso del periódico Tribuna de Campeche muestra que, además de inclinación al chapulineo, Sansores tiene la piel delgada, alergia a la crítica y una innegable propensión a la censura. No es exagerado afirmar que la desgobernadora se cree poseedora de todas las virtudes y encarnación de la voluntad popular, al tiempo que califica a sus críticos como enemigos del pueblo. Alineó con sus intereses a la prensa local, lo hizo con base en tan desencaminadas premisas y a fuerza de dinero público, dádivas y amenazas. Cuando Tribuna no entró en ese trato, lo persiguió judicialmente.
La arremetida del gobierno campechano arrancó con denuncias de empleados del gobierno estatal, quienes reclamaron “daño moral” por piezas informativas difundidas por el medio de comunicación, lo que ha ocasionado incluso el embargo contra la empresa propietaria, contra sus directivos y reporteros.
Pero fueron las denuncias que la propia gobernadora interpuso (en las que se quejó de “discurso de odio” y “violencia política de género” que solo existen en su imaginación) las que resultaron en atentados directos contra la libertad de expresión. El martes 15 de julio, la juez de consigna Ana Maribel de Atocha Huitz May dictó medidas cautelares ordenando que personal judicial supervise los contenidos del periódico antes de su publicación y que acompañe en todo momento al periodista Jorge Luis González Valdez, dizque para garantizar que éste no realice comentario alguno que se refiera a la gobernadora.
Las medidas dictadas son violatorias del artículo 7 de la Constitución que garantiza la libertad de expresión y establece con claridad que “ninguna ley ni autoridad puede establecer la previa censura, ni coartar la libertad de difusión”.
Con Layda Sansores, Morena gobierna Campeche al estilo de mediados del siglo pasado, cuando El Negro Sansores era fiel soldado del presidente en turno, a la vez que dominaba la península de Yucatán cual señor de horca y cuchillo.
Cincelada: La Barredora lo hace insostenible. Adán Augusto López Hernández sobrevive políticamente solo porque AMLO lo incluyó en el reparto de posiciones que impuso y heredó a Sheinbaum.

