Los caballos de Calígula

El gobierno actual impulsa una reforma electoral que busca modificar de manera profunda las reglas del juego democrático en México. A diferencia de reformas previas —que tradicionalmente habían surgido desde la oposición para limitar el poder del gobierno en turno— la iniciativa ahora emana directamente del propio Ejecutivo. Con ese propósito, la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo creó la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral, instancia que tendrá vigencia hasta el 30 de septiembre del 2030[1].

Dicha Comisión tiene como objeto convocar al pueblo a expresarse sobre la reforma electoral conveniente para México y realizar estudios en la materia; llevar a cabo los análisis necesarios y elaborar propuestas concretas; así como constituir los grupos de trabajo que considere necesarios para el cumplimiento de sus funciones. No obstante, pese a que formalmente la Comisión nace con la finalidad de escuchar y analizar, la realidad es que surge con líneas discursivas previamente definidas desde la titular del Poder Ejecutivo.

Un ejemplo claro de ello se encuentra en el debate sobre la representación proporcional. En este tema, la presidenta de la República ha mostrado al menos dos momentos. El primero, en el que sostuvo abiertamente la eliminación de los legisladores electos por dicho principio, es decir, la desaparición de los 200 diputados y los 32 senadores de representación proporcional[2]. Sin embargo, ante el rechazo tanto de la oposición como de legisladores afines a su propio movimiento, el discurso comenzó a matizarse. Tal fue el caso del diputado Ricardo Monreal, quien señaló: “¿Vale la pena renunciar a la pluralidad para ganar cercanía? Tal vez el reto no sea suprimirla, sino buscar fórmulas intermedias que permitan corregir sus fallas sin renunciar a sus virtudes”[3]. A partir de este rechazo generalizado, puede identificarse un segundo momento en el que la titular del Ejecutivo sostiene que la representación proporcional debe ser reconfigurada, bajo el argumento de que actualmente se vive una crisis de representación.

En esa misma línea, la presidenta ha señalado que “La lista de plurinominales se ha convertido, para muchos partidos políticos, en el reparto interno de puestos para las cúpulas de los partidos políticos. Nosotros que hablamos de la representación del pueblo, esa es la definición de democracia, por eso abrimos a que se discuta”[4] . A dicha afirmación no le falta razón si se observa quiénes suelen encabezar las listas de representación proporcional y quiénes efectivamente han llegado al Senado y a la Cámara de Diputados. En el PAN aparece Marko Cortés; en el PRI, Alejandro Moreno; en el extinto PRD figuraba Jesús Zambrano; y en Movimiento Ciudadano, su líder moral Dante Delgado encabezaba la lista para el Senado, aunque finalmente quedó fuera debido a la aplicación de la normativa electoral y de paridad de género. Este fenómeno se replica en los ámbitos locales, donde los dirigentes estatales suelen ocupar los primeros lugares de las listas para integrar los congresos locales.

Bajo esta lógica de reparto interno de curules entre las cúpulas partidistas, conviene señalar que estos actores no solo se benefician del acceso a cargos legislativos, sino también de las prerrogativas propias de los partidos políticos, de las cuales no goza el resto de la militancia. En primer lugar, como dirigentes reciben sueldos generalmente elevados; en segundo término, cuentan con acceso privilegiado a los micrófonos de radio y televisión, lo que les otorga una visibilidad significativamente mayor; y, finalmente, disponen de toda la infraestructura partidista financiada con recursos públicos, es decir, con impuestos pagados por la ciudadanía.

En este contexto, coincido con la presidenta en que efectivamente se vive una crisis de representación. Las minorías que llegan al Congreso de la Unión no representan, en sentido estricto, a las minorías que votaron por esos partidos, pues quienes acceden a los cargos suelen ser personas desconocidas para la ciudadanía o figuras que, aun siendo conocidas, no habrían recibido el respaldo directo del electorado. Esta percepción se refleja en la opinión pública: de acuerdo con una encuesta de Poligrama, el 45 % de las personas encuestadas prefiere que se reduzca el número de legisladores de representación proporcional, el 33 % que se eliminen por completo y solo el 22 % desea que se mantengan. Además, el 69 % considera que estos legisladores afectan a la democracia, lo cual se explica, en parte, porque únicamente el 9 % de los encuestados sabe cómo se eligen[5].

Frente a esta percepción de crisis de representación, y partiendo de la realidad mexicana, conviene precisar que existen básicamente dos grandes sistemas de representación: el de mayoría y el de representación proporcional. Giovanni Sartori señala que “los sistemas electorales determinan el modo en que los votos se transforman en curules”[6] . En caso de eliminarse el sistema de representación proporcional, solo subsistiría el sistema de mayoría, por lo que resulta necesario analizarlo brevemente. Siguiendo a Alexis de Tocqueville, este modelo requiere tres condiciones para funcionar adecuadamente: la igualdad de las condiciones de vida o cierta homogeneidad social; un consenso político básico en torno a la fórmula mayoritaria; y la posibilidad real de que la minoría se convierta en mayoría[7].

Estas condiciones implican que los antagonismos sociales no se expresen en múltiples dimensiones de conflicto y que no existan divisiones profundas de carácter étnico, religioso o lingüístico. Asimismo, suponen la ausencia de grandes desigualdades regionales en el desarrollo económico e industrial. En sociedades complejas y diversas como la mexicana, resulta difícil que tales condiciones se cumplan plenamente, así como que exista un consenso sólido en torno a los sistemas mayoritarios.

De no cumplirse estas condiciones, el riesgo es generar grandes desproporciones. Un partido político podría obtener apenas el 30 % de los votos y, aun así, concentrar el 100 % de la representación, mientras que fuerzas con el 20 % o el 10 % quedarían excluidas. A manera de ejemplo, si en México todos los diputados se eligieran únicamente por mayoría relativa —es decir, si solo existieran 300 diputados—, la alianza encabezada por Morena tendría una sobre–representación de aproximadamente 27 puntos. De acuerdo con los cómputos distritales del INE correspondientes a 2024[8], Morena y sus aliados obtuvieron el 46.49 % de los votos y ganaron 219 distritos, lo que les daría el 73 % de la representación. En contraste, Movimiento Ciudadano, con el 10.91 % de los votos, apenas tendría el 0.33 % de la representación al haber ganado solo un distrito.

A partir de este análisis, puede afirmarse que el dilema no es transitar de una crisis de representación a otra, sino construir una representación auténtica, en la que todos los votos cuenten, incluidos los de las candidaturas independientes.

Una vez analizado el sistema de mayorías y sus posibles efectos distorsionadores, resulta necesario examinar el sistema de representación proporcional. Al respecto, Dieter Nohlen se pregunta: “¿Cuál es el objetivo político de la representación proporcional?”[9], y responde que su finalidad es reflejar, con la mayor exactitud posible, las fuerzas sociales y políticas presentes en la sociedad. En un país tan diverso como México, donde cada persona tiene derecho a votar y todos los votos cuentan por igual (artículo 7, numeral 2, de la LGIPE), este sistema permite que la pluralidad se refleje sin distorsiones ni negaciones de su existencia.

Giovanni Sartori resume las diferencias entre ambos sistemas al señalar que “en los sistemas de mayoría el triunfador se queda con todo; en los sistemas proporcionales, el triunfo es compartido y sencillamente se requiere un porcentaje electoral (por lo general, el cociente electoral). En los sistemas de mayoría, la elección del votante es canalizada y finalmente limitada a una alternativa; en los sistemas proporcionales no se obliga a los votantes a concentrar su voto y las posibilidades de elegir pueden ser muchas. Por otra parte, los sistemas de mayoría proponen candidatos individuales, personas; comúnmente los sistemas proporcionales proponen listas de cada partido”[10].

Dieter Nohlen complementa este análisis al señalar que, en términos generales, el valor del voto es desigual en los sistemas de mayoría e igual en los sistemas proporcionales; que la relación entre el voto y el resultado es directa en el primero e indirecta en el segundo; que los bastiones electorales influyen más en los sistemas mayoritarios; y que la independencia del diputado suele ser mayor en estos últimos. Para mayor claridad, me permito transcribir la siguiente tabla comparativa[11]:

ConceptoSistema de mayoríaSistema proporcional
Valor de logro del votoDesigualIgual
Relación entre el voto y el resultado electoralDirecta, simpleIndirecta, compleja
Influencia de “bastiones”AltaBaja
Independencia del diputadoTendencialmente mayorTendencialmente menor

A partir de estas características, México ha adoptado un sistema mixto que, hasta ahora, ha funcionado razonablemente bien, aunque no ha satisfecho plenamente todas las exigencias del electorado. Desde mi perspectiva, las exigencias centrales son tres: representación justa, eficacia del sistema político y responsabilidad en la relación representante–elector. Las dos primeras se cumplen en gran medida; la tercera, no. Quienes acceden a cargos por representación proporcional suelen ser personas desconocidas para el elector y ajenas a las causas que motivaron su voto.

Por ello, sostengo que el problema no radica en el sistema mixto en su conjunto, sino en la forma de elegir a los representantes de representación proporcional, actualmente mediante listas regionales para diputados y una lista nacional para senadores (arts. 14, 20, 21, 22 y 23 de la LGIPE). El verdadero problema son las listas cerradas y bloqueadas, que no reflejan a las minorías, sino a las cúpulas del poder partidista.

Este diseño institucional genera la percepción —y muchas veces la realidad— de que el elector vota por una persona cuando, en los hechos, también está votando por una lista que desconoce y que no puede modificar.  Este problema se agrava cuando se analiza el efecto simbólico y real de las listas cerradas y bloqueadas. En la política suele utilizarse la expresión “los caballos de Calígula” para ilustrar la degradación de la representación. El emperador romano Calígula nombró senador a su caballo, y desde entonces la metáfora sirve para señalar que, bajo ciertas reglas institucionales, “cualquiera” —incluso un caballo— puede llegar a ocupar un cargo público simplemente por ocupar el lugar correcto en la lista.

Sin embargo, es mucho más difícil que los “caballos de Calígula” lleguen al poder cuando el elector vota directamente por una persona, que cuando se utilizan sistemas de listas en distritos con varios representantes, en los que el orden de los candidatos es decidido por las cúpulas partidistas y no por la ciudadanía. En este último caso, la selección de representantes se desvincula casi por completo del control democrático del elector y se convierte en un mecanismo de reparto interno del poder.

Así, el problema no es que las minorías estén representadas, sino quiénes dicen representar a esas minorías.

El sistema actual genera el efecto de que el elector cree votar por una persona concreta —el candidato de mayoría relativa—, pero en realidad su voto también se traduce automáticamente en un respaldo a una lista cerrada y bloqueada de representación proporcional, cuyo contenido desconoce y no puede modificar. Como ya se señaló, la mayoría de la población ni siquiera sabe cómo se eligen los legisladores de representación proporcional.

Incluso en el supuesto de que el elector conozca este mecanismo, no tiene posibilidad alguna de alterar el orden de la lista ni de excluir a personas que no representan sus causas. En este sentido, existe una distorsión democrática, pues el voto que aparentemente se emite a favor de una persona termina convirtiéndose en un voto para las cúpulas partidistas. Esta situación genera la percepción —y en muchos casos la realidad— de que el sistema funciona como una auténtica simulación representativa.

Por ello, resulta necesario pensar en nuevas formas de elección de los representantes de representación proporcional. Giovanni Sartori sostiene que “el sistema más puro de todos es el voto único transferible (VUT) en distritos con varios representantes; se pide a los votantes que numeren a los candidatos por el orden de su preferencia; todo voto por encima de la cuota (cociente electoral) se reasigna a la segunda preferencia; entonces se eliminan a los candidatos con menos votos y las preferencias de sus votos son redistribuidas hasta que todos los escaños han sido asignados”. En el caso mexicano tratándose de la cámara de diputados sería por las listas regionales, en donde cada electoral de la región respectiva señalaría los candidatos de su preferencia para que uno o varios de ellos ocupe la curul respectiva dependiendo cuantos espacios de representación proporcional alcanza el partido político y en el caso de la cámara de senadores sería a través de la lista nacional.

Una segunda alternativa sería asignar los escaños de representación proporcional a los candidatos que, sin haber ganado su distrito, hayan alcanzado el cociente electoral o se hayan aproximado más a él, lo que fortalecería el vínculo entre voto ciudadano y representación efectiva.

Finalmente, aun en el supuesto de mantener el sistema de listas, este podría modificarse. Dieter Nohlen y José Reynoso Núñez distinguen entre listas cerradas y bloqueadas, listas cerradas no bloqueadas y listas abiertas, cada una con distintos grados de intervención del elector. Estas opciones muestran que existen mecanismos institucionales para devolver al ciudadano un papel activo en la selección de sus representantes. Los autores previamente citados hacen el siguiente cuadro[12]:

Formas de listaProcedimiento de votación
–          Lista cerrada y bloqueada: el orden de los candidatos es fijo

–          Lista cerrada y no bloqueada: el orden de los candidatos puede ser modificado, ya sea mediante votos preferenciales o mediante reubicación en la lista.

–          Lista abierta: libre ubicación de los candidatos dentro de las lista y entre lista.

–          El elector tiene un voto y vota por la lista en conjunto.

–          El elector tiene un voto por un candidato. Con éste puede variar el orden de postulación en la lista.

–          El elector tiene dos votos como mínimo (una por la lista y otro por el candidato), o tantos votos como candidatos por elegir. El elector puede acumular varios votos en favor de un candidato (acumulación).

–          El elector tiene varios votos y puede configurar “su” lista a partir de los candidatos propuestos por los partidos.

El debate sobre la reforma electoral no debe plantearse en términos simplistas ni reduccionistas. El dilema no es elegir entre mayoría o representación proporcional, ni mucho menos transitar de una crisis de representación a otra más profunda. El verdadero desafío consiste en construir un sistema que garantice que todos los votos cuenten y que quienes acceden a los cargos públicos representen efectivamente a la ciudadanía.

El sistema mixto vigente en México ha cumplido, en buena medida, con dos exigencias fundamentales: la pluralidad y la proporcionalidad. Sin embargo, ha fallado en un aspecto central de toda democracia representativa: la responsabilidad del representante frente al elector. Este déficit no proviene del principio de representación proporcional en sí mismo, sino del mecanismo concreto mediante el cual se elige a quienes ocupan esas curules.

Las listas cerradas y bloqueadas han propiciado que la representación proporcional deje de ser un instrumento de inclusión de minorías para convertirse en un mecanismo de reproducción del poder de las élites partidistas. En este contexto, los “caballos de Calígula” encuentran terreno fértil: personajes sin legitimidad social, sin vínculo con el electorado y sin causas que representar acceden al poder no por decisión ciudadana, sino por acuerdos cupulares.

Por ello, la reforma electoral no debe orientarse a eliminar la representación proporcional, sino a democratizarla. Existen alternativas viables —como listas abiertas, listas no bloqueadas, voto preferencial o esquemas que premien el respaldo real obtenido en los distritos— que permitirían devolverle al elector la capacidad de decidir quién lo representa.

La Comisión Presidencial para la Reforma Electoral tiene ante sí una responsabilidad histórica: no diseñar un sistema funcional para el poder, sino uno legítimo para la ciudadanía. Si la reforma logra fortalecer la relación entre el voto y el representante, se avanzará hacia una democracia más auténtica. De lo contrario, el riesgo es perpetuar un sistema en el que, como en tiempos de Calígula, los cargos públicos no los ocupan los mejores representantes, sino quienes mejor lugar ocupan en la lista.

Abogado Jesus Hiram Gómez Enciso

Maestro Javier Jaramillo González

[1] Presidencia de la República. (2025, 4 de agosto). Decreto por el que se crea la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral. Diario Oficial de la Federación. https://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5764657&fecha=04/08/2025#gsc.tab=0

[2] Riva Palacio, R. (2025, 12 agosto). Sheinbaum sigue firme a eliminar a legisladores ‘pluris’: ‘Es el reparto interno para las cúpulas’. El Financiero. https://www.elfinanciero.com.mx/nacional/2025/08/12/sheinbaum-sigue-firme-a-eliminar-a-legisladores-pluris-es-el-reparto-interno-para-las-cupulas/

[3] Tinoco Morales, O. (2025, 29 julio). Monreal cuestiona la reforma electoral de Sheinbaum: pide mantener a plurinominales. Infobae. https://www.infobae.com/mexico/2025/07/29/monreal-cuestiona-la-reforma-electoral-de-sheinbaum-pide-mantener-a-plurinominales/

[4] El Financiero. (2025, 12 de agosto). Sheinbaum sigue firme a eliminar a legisladores ‘pluris’: ‘Es el reparto interno para las cúpulas’. El Financierohttps://www.elfinanciero.com.mx/nacional/2025/08/12/sheinbaum-sigue-firme-a-eliminar-a-legisladores-pluris-es-el-reparto-interno-para-las-cupulas/

[5] Político MeX. (2025, 13 agosto). Mayoría de mexicanos sí prefiere que se reduzcan los ‘pluris’ en el Congreso, según encuesta. Político MeX. https://polls.politico.mx/2025/08/13/mayoria-de-mexicanos-si-prefiere-que-se-reduzcan-los-pluris-en-el-congreso-segun-encuesta/

[6] Sartori, G. (2024). Ingeniería constitucional comparada (p. 31). Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.

[7] Nohlen, D., y Reynoso Núñez, J. (2022). Sistemas electorales y partidos políticos (pp. 181–182). Ciudad de México: Tirant lo Blanch.

[8] Instituto Nacional Electoral. (2024). Cómputos distritales de diputaciones federales — mayorí­a relativa. https://computos2024.ine.mx/diputaciones/nacional/distritos

[9] Nohlen y Reynoso Núñez, Año 2022, p. 120.

[10] Sartori, 2024, p. 31.

[11] Nohlen y Reynoso Núñez, Año 2022, p. 172.

[12] Nohlen y Reynoso Núñez, Año 2022, p. 107.

Autor

  • Abogado egresado de la Escuela Libre de Derecho, así como productor del campo. Obtuve el título profesional con tesis laureada por el jurado examinador, intitulada “La inexistencia de la derogación tácita”. Cursé la Maestría en Derecho Empresarial en la misma institución y actualmente realizo una segunda maestría en Derecho Constitucional y Electoral en el Instituto de Investigaciones y Posgrados Electorales del Tribunal Electoral del Estado de Chiapas.

    En el ámbito laboral, me he desempeñado como pasante en las Notarías Públicas números 18 y 195, y en el Poder Judicial de la Federación como Jefe de Departamento y Coordinador Técnico. Actualmente funjo como Secretario de Asuntos Jurídicos de Movimiento Ciudadano en el estado de Chiapas, combinando dicha labor con mis actividades como productor del campo.

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