Permítame este supuesto: digamos que entre las legiones digitales cierta persona o varias personas, afirman que una mujer es más o mejor mamá si tiene a sus hijos mediante el parto vaginal (toca a cada uno de nosotros imaginar la pose con que se difunden estos disparates y reír si le da la gana). Estoy seguro de que esas creencias son parte de lo más atávico que hay entre la sociedad mexicana, por eso no es igual que haya quien crea eso que he dicho a que el gobernador de Nuevo León, el famoso "Bronco", también lo crea y lo exponga con todas sus letras: es mejor mamá quien no se somete a la cesárea.
Aquel disparate, claro está, implica que quien no nació mediante parto natural tiene poca madre (o algo así) o de plano no tiene si el hijo es adoptado, lo cual no sólo desprecia esa forma de relación amorosa sino la propia figura legal de la adopción. Aquí la pregunta es obligada: ¿Tiene derecho "El Bronco" a expresar esos desatinos, igual que como cuando dijo que a las niñas gordas nadie las quiere? Lo tiene, sin duda, incluso en cierto sentido qué bueno que lo diga porque así elabora –y lo hace habitualmente– un retrato de su propia pequeñez intelectual, moral y política, la misma que en un régimen democrático puede (y en mi opinión debe) sancionarse en las urnas.
Me parece que podemos coincidir en que definitivamente no es lo mismo que la tía Chonita tenga las creencias antedichas a que el gobernador de Nuevo León traduzca sus creencias en políticas públicas, como ahora lo está haciendo. A veces las transgresiones éticas son aún más relevantes y, por eso, los mandatarios se ven obligados renunciar, más los de este calado que nadan a gusto en la oposición pero son ineficaces al momento de gobermar. Lo que es claro, nos guste o no, es que "El Bronco" refleja también a ese pedazo de México que se encuentra entre lo más atrasado y arcaico; peligroso para las sociedades modernas.
