No fue casualidad que el Presidente encargara a un político de factura absolutamente mexiquense, como Luis Miranda, la operación de sus programas sociales, el día que arrancó el proceso electoral para elegir gobernador del Estado de México en 2017.
Miranda toma Sedesol tras cuatro años como segundo discreto de Miguel Osorio y ejercerá un presupuesto de 109 mil millones de pesos para beneficiar en especial a 14.7 millones de personas en condición de pobreza.
Ser amigo del Presidente podría no ser un premio: el Presidente removió a su amigo Luis Videgaray, quien no sólo era un poderoso secretario de Hacienda, sino, de facto, un primer ministro que ejecutaba las estrategias más delicadas del gobierno.
Tanto, que se inmoló por su jefe, poniendo el cuello y yéndose a casa con la losa que aceptó ponerse encima, al filtrar a los cazadores de “exclusivas” (o dejar filtrar) que fue él mismo quien urdió la visita de Donald Trump.
Como sea, Miranda no asciende sólo por amistad, una condición que en política acaba siendo un hándicap en la relación con el jefe, porque convierte al amigo en un elemento que todos los días está a un pelo de pasar de tener derecho de picaporte… a ser un cartucho a quemar.
Relación cercana aparte, Miranda llega porque conoce al dedillo el intríngulis de la política del estado del Presidente que, imposible soslayar, posee el mayor padrón electoral del país (11 millones de votantes) y es la última aduana electoral del país antes de los comicios presidenciales de 2018.
Y asume una dependencia que José Antonio Meade entrega envuelta en una polémica entre el Inegi y el Coneval por el incremento del 33.6 por ciento del ingreso en los hogares más pobres en un solo año, según el Inegi, a lo que Coneval respondió que “no es congruente con la tendencia”.
Meade toma Hacienda por segunda vez en su carrera, con lo cual se acentúa como el funcionario más completo del país en la última década, tiempo en el que encabezó cinco secretarías con dos gobiernos diferentes: Energía y Hacienda con el PAN, y Sedesol, SRE y Hacienda con el PRI.
Se fortalece también como peso pesado para 2018, como político versátil, integral y curtido: una indiscutible acumulación de sapiencia de los asuntos de Estado. Además, nadie le ha regalado nada, pues transitó sin problemas de un gabinete panista a uno priista.
Y no era secretario de Estado en el primer borrador del gabinete del Presidente, pero como su Canciller lo acercó a los 18 países que representan una inversión extranjera directa de 87 por ciento del total mundial. Todo se lo ha ganado a pulso.
Eso, hoy día, es un mérito del que pocos se pueden ufanar.
Este artículo fue publicado en La Razón el 8 de septiembre de 2016, agradecemos Rubén Cortés a su autorización para publicarlo en nuestra página.
