Los limosneros de González Iñárritu

Alejandro González Iñárritu no verá a ningún mexicano pidiendo limosna en Estados Unidos si sigue viajando en tren de Solana Beach hacia Los Ángeles, y leyendo noticias sobre la pantalla de su teléfono móvil, mientras ve a los ilegales desde la ventanilla como puntitos de colores sobre los campos de jitomate.


Porque si leyese en español, al menos el diario La Opinión de Los Ángeles, se enteraría de que durante los últimos meses de embarazo, la mexicana Elba Luna pidió limosnas y durmió en las calles de Los Ángeles y cuando dio a luz logró que la acogieran en un albergue de la Union Rescue Mission.


La Opinión publicó una serie de cuatro reportajes sobre el problema de la indigencia en Los Ángeles y su efecto en los mexicanos: según el último conteo de 2015 de la Autoridad para los Servicios de los Desamparados el 33 por ciento de las personas sin hogar son mujeres.


Rachel Mora, de 57 años, quedó en la calle y sin empleo en Avon, vivió de la caridad hasta que llegó a la Union Rescue Mission; y Jazmín Minero debe pedir limosna desde que a su esposo le diagnosticaron cáncer y ella con su trabajo de cajera no pudo seguir pagando la renta y manteniendo a seis hijos.


Mexicanos millonarios de Los Ángeles, como González Iñárritu, deberían hacer algo por ellos, en lugar de actuar hipócritamente para los reflectores en coyunturas políticas, como el propio cineasta sobre el encuentro entre el Presidente de México y Donald Trump.


“Hace 168 años, Antonio López de Santa Ana (SIC) entregó casi la mitad de nuestro territorio. Ayer, el presidente Peña Nieto entregó lo poco que quedaba ya de dignidad”, escribió en El País, en un texto titulado Nunca he visto a ningún mexicano pidiendo limosna en Estados Unidos.


Para escribir desde un tren y publicar en la prensa retórica y autorreferencial de izquierda chic está bien, pero la realidad de 12 mil 536 connacionales en Los Ángeles es diferente al título del artículo. Si se baja del tren y camina por las malolientes banquetas de Skid Row, conocerá a Julio, de Jalisco.


La Opinión cuenta que Julio vive allí, luego de perder su trabajo de mecánico en Volvo y de que el cheque del Seguro Social se le terminara: “Ahí viven los rechazados por el sistema, los desempleados, los desamparados, los sin vivienda y quienes fueron arrastrados como aguas negras”.


Sí: al leer el encendido artículo del ganador del Oscar es inevitable recordar un texto de Jean Daniel en su libroLos Míos:


Y aunque era de izquierdas, no le gustaba el caviar. Mientras cruzaba las piernas, que eran hermosísimas, decía que era “revolucionaria”. E inmediatamente añadía sonriendo: “Como todo el mundo”.



Este artículo fue publicado en La Razón el 5 de septiembre de 2016, agradecemos Rubén Cortés a su autorización para publicarlo en nuestra página.

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