Los muertos del kilómetro 34

Cuatro cuerpos sin vida fueron abandonados en La Marquesa, entre Toluca y la CDMX. La historia dice que eran asaltantes recurrentes, que despojaban de sus pertenencias a pasajeros de autobuses que cubren el trayecto, armados con una pistola hechiza y puntas amenazantes.


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Al terminar su atraco número “N”, un pasajero salió entre las penumbras de un asiento trasero y con pistola calibre 9mm en mano vengó el abuso de los cuatro, 5 casquillos percutidos encontraron los policías que arribaron, “a toro pasado”, al frío paraje.


Como suele ocurrir, los cuerpos de seguridad lucieron sus torretas y placas horas después, institutos reactivos, no preventivos, que aun en su básica función de perseguir al delincuente, fallan de tal manera que la gente ya no denuncia, no confía, no desperdicia más vida en contar hechos.


Menos cuando saben que todos los días, en las mismas rutas, los bandidos hacen lo que hacen porque nadie se los impide, porque las instituciones de seguridad e impartición de justicia, duermen un sueño injusto y muy peligroso.


Los vengadores, los justicieros, nacen por el instinto primero de todos, la supervivencia, esa garantía básica de vida que no nos cumple el Estado, los gobiernos que la custodian fallan, los jueces, policías, ministerios públicos, diputados, senadores, ejecutivos, funcionarios de todos niveles, omisos, cómplices o incompetentes.


Los muertos del kilómetro 34 de la carretera Toluca-CDMX no son los primeros, y me temo que no serán tampoco los últimos en caer a manos de un justiciero que, al bajar del autobús devuelve morrales con pertenencias y dice “nomás me hacen el paro”.


Hasta el momento, los testigos han cumplido, ni hay descripción ni pistas, estaba oscuro, no lo vieron bien aunque difícilmente lo olvidarán.


La iniciativa de portación de armas reiterada por el senador Jorge Luis Preciado no es apreciada ni por los mismos panistas, pero el de Colima atiende al instinto básico de supervivencia en una sociedad lastimada por la impunidad que viene detrás de cada delito.


Preciado insiste en un foro, quiere debate y puede como legislador provocarlo. Más armas para menos robos es su tesis, sostiene que hay análisis serios que van en contra de las muchas opiniones que sentencian que armar a la sociedad, sólo generará más violencia.


Lo cierto es que hay evidencias de sed de justicia (venganza) que se acumulan, asesinatos de ladrones a bordo de camiones de pasajeros en muchas rutas interurbanas de la capital y el Estado de México, cerca de campos militares y lejos de ellos también, o a las puertas de un automóvil sobre Avenida Constituyentes.


Fuenteovejuna vive, resucita para desgracia de nuestros valores sociales y democráticos, tan caros de construir y tan abandonados. Lope de Vega no es pasado, es presente, Fuenteovejuna no es teatro barroco, es crónica actual y es un llamado social urgente.



 


Este artículo fue publicado en La Razón el 3 de noviembre de 2016, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

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