Los partidos y los ciudadanos cómplices

El 8 de abril en Veracruz, Andrés Manuel López Obrador, impulsó a la señora Eva Cadena Sandoval como candidata a la presidencia municipal de Las Choapas, Veracruz; lo hizo en medio del griterío de los militantes de Morena contra lo que ellos llamaron imposición y porque ella, según los manifestantes, era una persona corrupta. Entre las arengas, López Obrador defendió a la entonces abanderada de su partido y ante la pregunta expresa dijo que Eva Cadena no era corrupta, que lo que dijera su dedito era la verdad y su dedito decía que no. Veinte días después, el representante de Morena ante el INE pide que se investigue a la señora Cadena Sandoval por la probable comisión de delitos electorales, y creo que el partido actúa correctamente: más allá del escándalo está una transgresión legal: la obtención ilícita de recursos cuyo origen y destino desconocemos. López Obrador no aceptará el error en el que incurre al hacer depender en él la designación de candidatos y menos condenará a quien antes defendió porque eso sería, precisamente, la aceptación de su error.



Más allá del escándalo, el asunto esencial está en el financiamiento de los partidos y en las leyes que lo regulan: no solo Morena sino los demás partidos políticos integran una red de complicidades para financiar ilegalmente sus actividades y de ello se benefician militantes y líderes, incluso sus líderes máximos (aunque, claro, ellos no participen directamente de ello). Insisto: en esta semana conocimos un video y, así, el registro de un hecho, pero el fenómeno del que hablo comprende muchos más hechos, cotidianos, aunque de ello no exista registro audiovisual. Los partidos violan la ley electoral que regula su competencia, en diferentes ámbitos no solo en el financiero sino al contratar propaganda disfrazada de información o al adelantarse al proceso electoral de 2018 como ahora hace Moreno Valle o como lleva años haciendo López Obrador. Esta es una especie de danza macabra en donde los ciudadanos no somos víctimas, no, no, sino partícipes por indiferencia o por solo criticar al actor político que transgrede la ley y solapar al otro con quien se simpatiza. Para decirlo de otro modo, los actores políticos reflejan a los ciudadanos con una nitidez y una patina de cinismo asombrosas.

Autor

Scroll al inicio