Maduro y Andrés: al servicio de Trump 

La detención de Nicolás Maduro no fue, como muchos especularon, el acto liberador que marcaría el inicio de la democracia en Venezuela. Tampoco representa el triunfo de la justicia internacional ni la reivindicación de años de lucha y sometimiento del pueblo venezolano.

Muy lejos de eso, todo apunta a una operación cuidadosamente calculada dentro de una estrategia geopolítica más amplia, en la que Estados Unidos redefine posiciones frente a China y Rusia, reorganiza su control sobre recursos estratégicos y envía mensajes claros a los países que considera piezas clave en su tablero regional. Venezuela y México no son casos aislados: son espejos de una misma lógica de poder.

– Venezuela bajo tutela

Durante años, el discurso mediático internacional presentó a Maduro como lo que es: un dictador acusado de violaciones sistemáticas a los derechos humanos, corrupción y vínculos con el narcotráfico. Ese discurso no era falso, pero sí funcional: sirvió como justificación para una intervención que responde más a intereses geoestratégicos y económicos que a un compromiso genuino con la democracia.

Donald Trump no engañó a nadie. Los engañados fueron quienes creyeron que la acción estadounidense traería un cambio de régimen o una transición democrática auténtica. En su conferencia del sábado fue explícito: Estados Unidos actuó por dos razones. La primera, las acusaciones contra Maduro por encabezar el Cartel de los Soles. La segunda —mucho menos disimulada—, que Maduro dejó de responder a los intereses de Washington en materia petrolera.

Trump afirmó sin ambages que Estados Unidos “gobernará” Venezuela hasta que se complete una “transición segura”. No fue un lapsus: fue una declaración abierta de tutela política, una ocupación sin tanques, pero con control efectivo.

– La farsa de la transición

Para no dejar dudas, Trump añadió que Washington se asegurará de que “el país sea manejado adecuadamente” y que ya están “designando a la gente” que se hará cargo de esa administración, sean venezolanos o no. Incluso aseguró que la vicepresidenta Delcy Rodríguez habría dicho a Marco Rubio: “Vamos a hacer lo que ustedes necesiten”.

Aquí se desnuda la farsa: no hay ruptura real con el régimen, sino reciclaje de actores útiles. La supuesta transición es un proceso controlado, pactado con las mismas élites que durante años oprimieron al pueblo, ahora legitimadas por su utilidad estratégica.

– Petróleo, un recurso estratégico

Trump fue explícito al señalar que empresas estadounidenses se encargarán de “arreglar” la infraestructura energética venezolana y comenzar a “hacer dinero para el país”. Incluso acusó a Maduro de haber “robado” petróleo a Estados Unidos, revelando su visión patrimonial de los recursos ajenos.

Trump no habla como estadista, habla como empresario en campaña permanente. Venezuela no es una causa moral: es un activo electoral, energético y geopolítico.

– No hay defensa de la soberanía venezolana

Desde esta perspectiva se entienden las reacciones de Claudia Sheinbaum calificando la operación como intervención militar. Sin embargo, su postura no confirma una defensa de la soberanía venezolana, sino algo más incómodo: Estados Unidos no tiene problema en pactar con dictadores o narco-gobiernos mientras cumplan sus intereses.

México lo sabe bien. Los aranceles, las restricciones financieras y la presión comercial no son castigos morales: son instrumentos de disciplinamiento geopolítico. Así como Venezuela fue intervenida cuando dejó de ser funcional, México es presionado cuando intenta salirse del carril marcado.

– Más allá del narcotráfico

El secretario de Estado Marco Rubio ofreció una narrativa más cuidadosa: no invasión, no guerra, sino aplicación de la ley. Reiteró que Maduro será juzgado como criminal común y subrayó que Washington no permitirá que Venezuela se convierta en plataforma para adversarios estratégicos como Rusia, China, Irán o Cuba.

Este punto es clave: la detención de Maduro no es solo contra Maduro, es un mensaje global. Es la señal de que Estados Unidos no tolerará zonas de influencia rivales en su patio trasero.

– María Corina Machado

El anuncio del viaje de María Corina Machado despertó expectativas en la diáspora venezolana. Sin embargo, Rubio fue claro al enfriar el entusiasmo: no habrá transición inmediata. La prioridad es “la realidad en el terreno”, es decir, la ausencia de una oposición con capacidad real de gobernar.

El mensaje es brutalmente honesto: a Estados Unidos no le importa la democracia venezolana ni su oposición; le importan sus intereses.

Y la imagen final es reveladora: el chavismo y el obradorismo, históricamente antiimperialistas en el discurso, terminan sometidos y funcionales a la misma lógica geopolítica, convertidos en piezas de un teatro político electoral montado por Donald Trump.

X: @diaz_manuel

Autor

  • Manuel Díaz, un influyente empresario multidisciplinario con una notable carrera en Comercio Exterior, comenzó su viaje académico en San Francisco State University. Se graduó en relaciones internacionales y luego obtuvo una maestría en Negocios Internacionales, entre 1986 y 1991, período en el cual también se destacó como activista político.

    Con una presencia destacada en los medios como columnista en SDPNoticias, comentarista y conferencista en diversos foros, Manuel ha innovado en el ámbito empresarial. Su liderazgo en cargos como ex presidente del Instituto Mexicano de Ejecutivos en Comercio Exterior y ex Presidente de MTG en China reflejan su compromiso con el sector.

    Defensor comprometido del medio ambiente, vegano y protector de los bosques de Valle de Bravo, Manuel también ha demostrado una fuerte conciencia social. Su papel en la política no se queda atrás, ya que coordinó la campaña del PRD en Jalisco en 1994.

    Sus habilidades empresariales se reflejan en sus múltiples empresas como Supply Chain de México, Tacos Gus, Haste la hora de México y Grupo Ei. Actualmente, lidera Seko Logistics, en colaboración con el fondo de inversión Greenbriar.

    En su historia laboral, Manuel ha sido propietario y socio director de Grupo Ei Consultores, presidente de la misma empresa durante 19 años y 6 meses, y Managing Director en México para Seko Logistics y Expeditors International, donde trabajó durante 7 años.

    Consejero en diferentes empresas, amante de los vinos, y con una presencia destacada como asesor y analista político, Manuel Díaz representa una figura multifacética en el mundo de los negocios, la política y la sociedad mexicana. Su visión y experiencia lo colocan como un líder influyente y visionario, comprometido con un mundo diferente.
    Asesor y analista político, empresario y amante de los vinos

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