Si algo ha demostrado Miguel Mancera como Jefe de Gobierno es ser funcionario “de políticas”, más que “de la política”. Eso lo convierte, también, en un político que “toma partido” más que “de partido”.
A diferencia de los dos jefes de Gobierno que le antecedieron, no es partidario de obras homéricas, a la vieja usanza priista: AMLO (2000-05) construyó los Segundos Pisos y los Puentes de los Poetas; Ebrard (2006-12) la Línea 12 del Metro y la Supervía.
Como gobernante de corte ciudadano, Mancera prefiere programas que no llaman la atención, al estilo de aquellas grandes obras para pequeños grupos, sino las que impactan en mayorías silenciosas.
Por ejemplo, ayer arrancó una nueva modalidad de transporte exprés que circulará por las autopistas urbanas Norte, Sur, Supervía Poniente y Segundo Piso San Antonio: el SVBUS trabajará 19 horas y reducirá a la mitad el tiempo de recorrido.
Cuesta 10 pesos y se puede pagar en efectivo o con tarjetas: algo novedoso en nuestro transporte público. Ahora son 25 unidades, pero en dos semanas serán 40 vehículos, todas con la tecnología conocida como Euro VI, que operan con gas natural comprimido.
A la manera clásica de observar en México el trabajo de un gobernante, el SVBUS puede ser entonces una gota de agua en un océano. En cambio, no lo es si se mira a través de otro prisma: hoy los gobernantes tienen que construir proyectos de administración y políticas públicas… no sólo obras magnas.
En esa estrategia se incluyó también la selección de seis personajes que le correspondía, como Jefe de Gobierno, designar para la Asamblea Constituyente: sí, decidirse por tres de cada género se debió únicamente a un asunto de equidad.
No olvidemos que la Constituyente es el primer órgano legislativo con igual número de hombres que de mujeres. Pero lo relevante de su selección estuvo en sintonía con el perfil de político que representa el propio Mancera y que él cree que debe representar un político en la actualidad.
Aunque cercanos a la izquierda, Olga Sánchez Cordero, Alejandro Chanona, Clara Jusidman y Ana Laura Magaloni no pertenecen (como tampoco Mancera) a partidos. Y (al igual que Mancera) ven la política con una óptica progresista, de vanguardia, como un régimen de derechos y libertades.
Con similar empaque intelectual, sólido, y tribunos probados, Alejandro Encinas y Porfirio Muñoz Ledo sí son, en cambio, políticos profesionales, aunque en los últimos tiempos se las han tratado de ingeniar para distanciarse de la izquierda radical obradorista de la que han mamado.
El futuro de Mancera como político está configurado, en parte, con estos dos ejemplos: obras de política pública para mayorías y agenda constituyente de izquierda empujada por legisladores progresistas.
Sus cartas están a la vista.
Este artículo fue publicado en La Razón el 19 de septiembre de 2016, agradecemos Rubén Cortés a su autorización para publicarlo en nuestra página.
