El 28 de marzo pasado, es decir, hace once días, usted hizo una serie de comentarios en Radio UNAM que atentan contra el espíritu de la Máxima Casa de Estudios y de la misión que tiene la radiodifusora; no es su lenguaje procaz (aunque poco favorecedor del intercambio público, eso es lo de menos), lo que importa es que usted menosprecia a las mujeres víctimas de la violación, hace escarnio de ellas y llega a decir, incluso, que a muchas de ellas les gusta. Usted es titular de un programa universitario y no tuvo reparo alguno para expresar su supina ignorancia de la ley y los más elementales principios de la ética para situarse del lado de la víctima en todo momento. Los términos que empleó no los repito, son ahora del conocimiento público.
Han pasado once días, reitero, desde que usted manifestó esa deplorable postura, sin que el rector de la UNAM o cualquiera de las instancias directamente involucradas hubieran hecho algo al respecto. Y esa omisión no sólo es delicada porque es aquiescente con la transgresión de los principios universitarios, sino porque también es violatoria de la ley federal de telecomunicaciones. Espero que pronto haga algo la autoridad universitaria pero mientras tanto creo que usted debería renunciar a la responsabilidad que le implica tener un micrófono universitario.
Me dirijo a usted públicamente al tenerlo como contacto de Facebook, le expreso otra vez mi más profundo desacuerdo con su punto de vista y convoco a todos los universitarios y a los ciudadanos en general a replicar la exigencia de su renuncia inmediata a Radio UNAM.
