“Margaret Atwood es un monstruo que bebe sangre”, por Margaret Wente

Margaret Atwood es un monstruo que bebe sangre

por Margaret Wente

La siguiente es la traslación al español del artículo “Margaret Atwood is a blood-drinking monster”, de la columnista Margaret Wente, publicado la víspera en The Globe and Mail, el cual difundimos dada su pertinencia en el debate actual sobre feminismo. La Redacción

“Margaret Atwood es un monstruo que bebe sangre”, por Margaret Wente

A Margaret Atwood le gusta revolver el avispero. Siempre lo ha hecho. Tiene que gustarte por eso. Así que cuando escribió un artículo en The Globe and Mail del sábado llamado “¿Acaso soy una mala feminista?” no puede haber estado demasiado sorprendida por la virulencia que provocó. Lo que podría sorprender al resto de nosotros es de dónde vino. Estos atacantes no eran los habituales críticos de Atwood desde la derecha, sino una generación de activistas más jóvenes que creen que ella ha traicionado a las mujeres y al feminismo –especialmente a las víctimas de asalto sexual.

“Sólo quiero decir que prefiero comerme mi propia computadora y luego mi cara que leer algo de Margaret Atwood con el título ‘¿Acaso soy una mala feminista?’”, tuiteó una. “No puedo ponerme a leer esta mierda de Margaret Atwood”, publicó otra. Y esos eran los tuits más amables. Varios otros la acusaron de ser una vieja mujer blanca y cisgénero*. En esta edad de interseccionalidad** eso sólo es prueba de culpabilidad.

Considerar a Margaret Atwood como una enemiga del feminismo es un concepto difícil para tener en la cabeza. Ella es, después de todo, la autora de “The Handmaid’s Tale”, la universalmente aclamada fantasía distópica en la que las mujeres son esclavas de los hombres. Su impresionante obra publicada –una que ha informado profundamente al movimiento feminista– es una crítica de 50 años contra la misoginia y el estado patriarcal. La Sra. Atwood es probablemente la principal autora feminista del mundo. Entonces, ¿qué pasó?

Lo que sucedió es que la Revolución ha entrado en una nueva fase. Habiendo vencido a los reaccionarios, los jacobinos están enviando a los moderados a la guillotina. Los edificios deben ser arrasados ​​para que la sociedad pueda comenzar de nuevo. Todos los que no están con ellas están en contra. Los moderados como la Sra. Atwood, con sus odiosas ideas sobre el debido proceso y la presunción de inocencia hasta que se demuestre culpabilidad, son traidores a la Revolución.

Como lo puso una carta dirigida a The Globe el otro día: “La revolución no se trata de justicia, se trata de cambio”.

El ensayo de la Sra. Atwood el sábado fue un esfuerzo para justificar su papel en un caso extremadamente turbio que involucra a Steven Galloway, un exprofesor de escritura creativa en la Universidad de Columbia Británica que fue despedido después de acusaciones de agresión sexual. Ella y otros escritores han estado bajo fuego pesado por firmar una carta abierta que es crítica sobre la forma en que la universidad manejó (o, más exactamente, estropeó) la investigación del caso. No tiene una opinión sobre su culpabilidad o inocencia, la cual, dada la falta de evidencia pública, es imposible de juzgar.

En el mundo de invernadero de laas letras canadienses, el caso ha sido muy divisivo. Bajo una inmensa presión, varios escritores han retirado su firma de la carta, y la Sra. Atwood ha sido acusada de usar su privilegio para silenciar a víctimas más jóvenes. El sábado, avivó las llamas advirtiendo que el movimiento #MeToo corre el riesgo de la justicia del vengador (“vigilante justice”). “Mi posición fundamental”, escribió, “es que las mujeres son seres humanos, con toda la gama de conductas santas y demoníacas que esto conlleva, incluidas las criminales. No son ángeles, incapaces de hacer maldades”, continuó y advirtió: ” En tiempos de extremos, los extremistas ganan “.

Hoy en día, muchas feministas más jóvenes consideran tales sentimientos como heréticos. Como escribió una tuitera: “Si a @MargaretAtwood le gusta dejar de pelear con las mujeres, debería dejar de declarar la guerra a las mujeres más jóvenes y menos poderosas y empezar a escuchar”.

“He estado escuchando durante aproximadamente 60 años”, respondió la Sra. Atwood en Twitter. “Hacer valer los derechos humanos básicos para todos no es una guerra contra las mujeres. Para tener derechos para las mujeres debes tener derechos; punto. Ser un monstruo que bebe sangre no hace que esta idea sea falsa”.

La Sra. Atwood ya no está sola en advertir que el movimiento #MeToo ha ido demasiado lejos. La semana pasada, Catherine Deneuve y otras 99 mujeres francesas firmaron una carta abierta diciendo lo mismo. La esencia del argumento era, bueno, francés. Dijeron que usar las redes sociales para visibilizar a los hombres acusados ​​de acoso sexual no es una buena idea. Decían que el flirteo torpe no es violación. Señalaron la imposibilidad de controlar el deseo sexual. Pero algo se perdió en la traducción. Los críticos inmediatamente acusaron a la Sra. Deneuve de misoginia internalizada, y argumentaron que los signatarios estaban tolerando la violación. La Sra. Deneuve se vio obligada a dar un paso atrás y emitir una disculpa al paso para las víctimas de agresión sexual.

Tristemente, soy la último aliada que la Sra. Atwood necesita. En todo caso, mi opinión sólo servirá para darle más municiones a las personas que están convencidas que ella se ha unido a los reaccionarios. Pero no puedo evitarlo. Yo también creo que el debido proceso, tan frustrante e imperfecto como es, es mejor que la alternativa. No creo que se deba permitir que listas públicas de acusaciones anónimas contra hombres renombrados de los medios, como la que actualmente circula en Estados Unidos, destruyan las carreras. (Las acusaciones en la lista de Shitty Media Men incluyen crímenes tales como “quitar secretamente el condón durante el sexo” y que el sexo sea “en general un desagradable juego de sordidez”).

Pero, por supuesto, estaría de su lado. Solo soy otra vieja blanca cis* con demasiados privilegios. A la chingada con nosotras.

Notas de la Redacción:

* Cisgénero.- ‘Cisgender’ es ya una palabra que el diccionario Merriam-Webster reconoce en la lengua inglesa, aunque en español la Real Academia suele demorar más en adoptar cambios. Cisgénero sería la traducción, con el prefijo latín “cis” que significa “de este lado” opuesto a “trans” que significa “del otro lado”. Una persona cisgénero es una persona que no es transgénero. En otras palabras, cisgénero es alguien cuyo sexo al nacer e identidad de género coinciden.

** Interseccionalidad es un término acuñado en 1989 por la activista y académica Kimberlé Williams Crenshaw. Es el estudio de las identidades sociales solapadas o intersectadas y sus respectivos sistemas de opresión, dominación o discriminación.

El artículo original se puede consultar AQUÍ

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