México, el último bastión del Foro de São Paulo

Mientras varios países de América Latina comienzan a corregir excesos ideológicos para evitar el aislamiento internacional, estabilizar sus economías y preservar la gobernabilidad, México parece aferrarse a avanzar en sentido contrario. Bajo la presidencia de Claudia Sheinbaum, el país se perfila como uno de los últimos bastiones del proyecto político impulsado por el Foro de São Paulo, una corriente que, lejos de modernizar a la izquierda regional, fue derivando hacia el populismo autoritario, concentración de poder y erosión institucional.

En un entorno regional marcado por ajustes pragmáticos, México insiste en una línea ideológica rígida de la cual se conocen sus límites y costos. Antiguos aliados han tenido que rectificar para sostener relaciones estratégicas con Estados Unidos, atraer inversión y contener crisis internas. México, en cambio, parece dispuesto a pagar el precio del aislamiento con tal de preservar una narrativa heredada del obradorismo.

La herencia ideológica del Foro de São Paulo

La postura del actual gobierno se mueve entre la simulación y la confrontación. Simula cooperación con Washington, pero mantiene intacta la visión populista instaurada durante la llamada Cuarta Transformación. El discurso se modera en las formas, pero en el fondo permanece: desprecio por los contrapesos, debilitamiento institucional y una narrativa ideológica que normaliza alianzas con regímenes abiertamente autoritarios.

El Foro de São Paulo, fundado en 1990 por el Partido de los Trabajadores de Brasil, surgió como un espacio de articulación de la izquierda tras la caída del Muro de Berlín. Con el tiempo, dejó de ser un foro de debate para convertirse en una plataforma política que influyó directamente en la conformación de gobiernos en la región. No es propiamente una organización de Estados, sino de partidos y movimientos. Entre sus miembros más visibles se encuentran Morena, el PT de Brasil, el PSUV de Venezuela, el Frente Sandinista de Nicaragua y el MAS de Bolivia.

Cuba y la defensa de lo indefendible

La relación con Cuba es claro ejemplo de la contradicción que Sheinbaum ha intentado evadir, especialmente frente a Estados Unidos. Su afinidad política con el régimen castrista se hace evidente cuando se le cuestionan los apoyos económicos, diplomáticos y políticos que México mantiene hacia el gobierno de Miguel Díaz-Canel.

Durante una conferencia matutina, al ser confrontada con hechos verificables —como que Cuba es un país de partido único desde hace más de seis décadas, sin elecciones libres, sin libertades políticas y sin transparencia sobre el ejercicio del poder— la respuesta de la mandataria fue reveladora. Lejos de rebatir con argumentos, recurrió a una reacción autoritaria: descalificó la pregunta como “una opinión”para evadir el fondo del señalamiento. A pesar de que no lo era. Eran hechos.

Al afirmar que México “no abandona a ningún pueblo”, confundió deliberadamente el apoyo humanitario con el respaldo político a un régimen que ha gobernado Cuba durante 67 años sin elecciones libres, una economía colapsada y un pueblo en la miseria.

El pragmatismo que otros ya entendieron

Si la lógica, como señala la presidenta, fuera realmente humanitaria, queda una pregunta inevitable: ¿por qué México prácticamente ignora a Haití, un país devastado por la violencia, la miseria y la ausencia total de Estado? La respuesta, aunque incomoda, es clara: no se trata de solidaridad, sino de afinidad ideológica.

Varios gobiernos de la región ya entendieron que la confrontación ideológica tiene costos insostenibles. Pese a su retórica radical, Colombia, con Gustavo Petro, ha moderado posiciones y recompuesto su relación con Washington. Honduras, con Xiomara Castro, enfrenta presiones internas y externas para evitar una deriva autoritaria. Incluso Venezuela, tras la caída del régimen de Nicolás Maduro y la llegada del gobierno encabezado por Delcy Rodríguez, ha iniciado acuerdos con Estados Unidos, liberación de presos políticos y reacomodos en su política energética.

El riesgo de quedarse solo

México, en contraste, parece decidido a mantenerse en la trinchera ideológica. Bajo la presidencia de Claudia Sheinbaum, el país insiste en preservar un modelo político desacreditado, a pesar de que otros gobiernos afines han entendido que la flexibilidad y el pragmatismo no son traiciones ideológicas, sino condiciones mínimas para gobernar.

La influencia del Foro de São Paulo y su impacto en gobiernos que derivaron en regímenes populistas y autoritarios, plantea cuestionamientos profundos sobre el futuro democrático de la región. Sin embargo, en el caso mexicano, el riesgo es mayor: persistir en esta ruta puede tener consecuencias graves en el corto y mediano plazo.

México no se juega únicamente una definición ideológica. Se juega su estabilidad democrática, su relación con el mundo y su viabilidad institucional. Insistir en ser el último bastión del Foro de São Paulo no tiene nada qué ver con la soberanía del país, es una muestra de miopía política. Y el margen de error se reduce cada día.

X: @diaz_manuel

Autor

  • Manuel Díaz, un influyente empresario multidisciplinario con una notable carrera en Comercio Exterior, comenzó su viaje académico en San Francisco State University. Se graduó en relaciones internacionales y luego obtuvo una maestría en Negocios Internacionales, entre 1986 y 1991, período en el cual también se destacó como activista político.

    Con una presencia destacada en los medios como columnista en SDPNoticias, comentarista y conferencista en diversos foros, Manuel ha innovado en el ámbito empresarial. Su liderazgo en cargos como ex presidente del Instituto Mexicano de Ejecutivos en Comercio Exterior y ex Presidente de MTG en China reflejan su compromiso con el sector.

    Defensor comprometido del medio ambiente, vegano y protector de los bosques de Valle de Bravo, Manuel también ha demostrado una fuerte conciencia social. Su papel en la política no se queda atrás, ya que coordinó la campaña del PRD en Jalisco en 1994.

    Sus habilidades empresariales se reflejan en sus múltiples empresas como Supply Chain de México, Tacos Gus, Haste la hora de México y Grupo Ei. Actualmente, lidera Seko Logistics, en colaboración con el fondo de inversión Greenbriar.

    En su historia laboral, Manuel ha sido propietario y socio director de Grupo Ei Consultores, presidente de la misma empresa durante 19 años y 6 meses, y Managing Director en México para Seko Logistics y Expeditors International, donde trabajó durante 7 años.

    Consejero en diferentes empresas, amante de los vinos, y con una presencia destacada como asesor y analista político, Manuel Díaz representa una figura multifacética en el mundo de los negocios, la política y la sociedad mexicana. Su visión y experiencia lo colocan como un líder influyente y visionario, comprometido con un mundo diferente.
    Asesor y analista político, empresario y amante de los vinos

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