Mi relación con José Emilio Pacheco: es complicada

La primera vez que leí a José Emilio Pacheco quedé impactado por su prosa tan sencilla pero que en conjunto lograban una narración rica y cargada de ideas (recicladas si se quiere). Como la mayoría, mi primera lectura fue “Las batallas en el desierto”, guiado más que nada por mi fanatismo a Café Tacvba quien, en 1992, publicó en su primer álbum una canción inspirada en dicha obra.


Posteriormente, me enfrenté a “El principio del placer” y de ahí di el brinco a “El reposo del fuego” y “No me preguntes cómo pasa el tiempo”. Si la prosa me impactó, su poesía, también muy sencilla, me deslumbró. Algo encontré en el estilo de Pacheco con lo que conecté muy rápido.


Más allá de las lecturas que me obligaron a buscar sus versos (el más evidente, Heráclito), su visión de su México fue lo que me enganchó; su encuentro con la realidad y la naturaleza descrita de forma sencilla, como un niño curioso que va descubriendo el mundo y se pregunta qué sentirá un pez dentro de una pecera.


La noticia de su muerte, hace dos años, me dejó sin palabras. Confieso que me deprimí por unos días. Nunca tuve la oportunidad de hablar con él. Antes de besarle el culo y decirle que era el mejor escritor mexicano (enorme exageración considerando que su experimento más arriesgado, “Morirás lejos”, se queda cortísimo a comparación de “Farabeuf” o “Guerra y sueño” mi intención era conocer al hombre detrás del poeta, compartir mis interpretaciones de su obra para que él me compartiera las suyas.


Nunca conocí al hombre que su vicio más fuerte fue la lectura y la escritura, vicio que desgastó su cuerpo y que, al parecer, le costó la vida tras una caída causada por la debilidad de sus piernas. Como su prosa, una muerte simple, sencilla y directa.


El 26 de enero de 2014 murió José Emilio Pacheco, alguien a quien constantemente releo y de quien quiero aprenderlo todo. En esa fecha, pero de 1959, diversos artículos en la web señalan que Allen Ginsberg leyó por primera vez su “Aullido”, en la Gran Mesa de Lectura del Festival Shaw.


No obstante, la información más confiable desmiente tal afirmación: por un lado, todo parece que no era la primera vez que Ginsberg leía en público su enorme poema y, por otro lado, la fecha exacta del suceso parece ser el 29 del mismo mes.


Traigo a colación a una de las figuras más importantes de la generación beat porque, al igual que Pacheco, su lectura transformó mi vida de manera radical. Y aunque la coincidencia del calendario parece un mito, los yerros místicos del destino siempre son buen pretexto para recordar a quienes nos salvan de la vida común y corriente y le dan sentido al nihilismo cotidiano.

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