Mientras Cuba recibe gasolina, los petroleros pierden su derecho a la salud

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Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum anuncia con firmeza que México seguirá enviando gasolina a Cuba como gesto de solidaridad internacional, en Veracruz cientos de trabajadores petroleros y jubilados enfrentan una realidad brutal: PEMEX ha suspendido de forma indefinida el servicio médico en Orizaba, Mendoza y Coatzacoalcos. Pacientes con enfermedades crónicas, incluso en hemodiálisis, fueron devueltos a casa sin atención. El mensaje fue claro: “ya no hay servicio, si quieren atención, deberán pagarla”.

La contradicción es dolorosa. ¿Cómo puede el Estado sostener un compromiso energético con otro país mientras abandona a quienes construyeron su industria petrolera? ¿Cómo justificar el envío de hidrocarburos al extranjero cuando aquí faltan medicinas, terapias y estudios básicos para los jubilados que dieron su vida laboral por México?

No se trata de negar la cooperación internacional. Se trata de priorizar. De reconocer que antes de regalar gasolina, hay que garantizar salud. Que antes de sostener alianzas diplomáticas, hay que sostener a los trabajadores que sostuvieron a PEMEX.

La crisis no es aislada. Se replica en otros estados. Y la versión de una quiebra financiera en la paraestatal ya no es rumor: es una herida abierta. El sindicato guarda silencio. La empresa evade. Y el gobierno federal, mientras tanto, reafirma su compromiso con Cuba.

Aquí no se opone a la solidaridad. Pero se exige que ésta comience en casa. 

Porque la dignidad no se exporta. Se defiende aquí, en cada hospital cerrado, en cada jubilado abandonado, en cada trabajador que hoy paga con su salud los errores de una empresa a la que entregó su vida.

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