Misión incumplida: El show del Chapo, el gobierno y la prensa

La recaptura de Joaquín “El Chapo” Guzmán se convirtió en espectáculo político y mediático que inició con un tuit presidencial que desató por igual triunfalismos y teorías conspirativas, para pasar por una serie de revelaciones y filtraciones que poco han contribuido a indagar a fondo el historial delictivo del narcotraficante y esclarecer su red de complicidades, en cambio, mucho han abonado a la banalización de la comunicación institucional y del periodismo de investigación que deberían realizar los medios, los cuales han privilegiado la frivolidad y la especulación.


Si la estrategia era montar un show que mantenga al respetable a la expectativa de lo que le deparará el siguiente capítulo, cumplió su objetivo, pero si se parte de la base de que la administración de Enrique Peña Nieto buscó resarcir aunque sea en parte el daño al estado de derecho que había significado la fuga del capo, y de que los medios de comunicación tienen la responsabilidad de informar con seriedad sobre la recaptura y sus implicaciones a corto y largo plazo, ambos fallaron y acrecentaron la figura de Joaquín “El Chapo” Guzmán. Asistimos así a la transmisión de una historia seriada, que a la usanza de los culebrones televisivos de alto consumo, cada día se suman nuevos personajes, se alarga indefinidamente y se le pueden preparar finales alternativos.


 


El tuit, la algarabía y los aguafiestas


El mediodía del viernes 8 de enero, apareció en la cuenta de Twitter del presidente Enrique Peña Nieto este mensaje: "Misión cumplida: lo tenemos. Quiero informar a los mexicanos que Joaquín Guzmán Loera ha sido detenido". En pocos minutos la noticia desbordó las redes sociales y se convirtió en tendencia mundial; no hubo medio que no la registrara, aunque conforme pasaron las horas, los matices se hicieron presentes.


Quienes siguieron las cuentas de Twitter de periodistas como Óscar Mario Beteta o Joaquín López-Dóriga o diarios como La Razón o Excélsior, o bien, siguieron por el canal televisivo de éste último la transmisión continua que se alargó por varias horas, no perdieron detalle de la algarabía que generó el mensaje presidencial el tuit del mandatario. En una reunión con embajadores y diplomáticos, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, interrumpió su discurso para tomar una llamada de su jefe y luego comunicar a los presentes la buena nueva. Se dejaron escuchar los aplausos, los vítores y el Himno Nacional. Horas más tarde, también se atestiguó el efusivo abrazo entre el presidente Peña Nieto y Osorio Chong, así como el mensaje del Ejecutivo donde reiteraba el compromiso empeñado de su administración de poner nuevamente tras las rejas al delincuente que seis meses atrás había desafiado al Estado mexicano. Asimismo, daría cuenta de la versión que la procuradora General de la República, Arely Gómez, ofreció sobre el operativo de recaptura.


Pero si bien es cierto que a la llamada prensa crítica, la dinámica de los hechos la llevó a dar cobertura a la euforia oficial, lo hizo a su modo, aderezando sus notas con elementos retrospectivos de seis meses atrás, cuando la administración Peña Nieto quedó en ridículo por la fuga del Chapo Guzmán. Y más aún, a falta de información concreta que permitiera abordar el tema de la recaptura desde una óptica distinta a la oficial, pero de una forma seria, se dedicó a reproducir “memes” y especulaciones de los cibernautas que suelen ser implacables con el gobierno: que si fue una cortina de humo para distraer la atención de la devaluación del peso, que si fue una contestación al regaño de The New York Times, que si se trató de una captura pactada o bien, se preguntaban por qué al Chapo sí lo encontraron y a los 43 no.


A manera de ejemplo, cabe destacar que el analista financiero de La Jornada, Enrique Galván Ochoa, aseguró por medio de un tuit: “Nunca se fugó, lo sacaron de la cárcel. Lo necesitan recapturado”; en tanto, el columnista estelar de ese mismo diario, Julio Hernández López, creó el hashtag #FicciónCumplida. Ninguno de los dos ofreció elementos para el análisis, sólo debían ajustarse a su rol de críticos de Peña Nieto, alentar a sus malquerientes en las redes y aguarle la fiesta.


 


 


Un encuentro de película


Pasadas las primeras 24 horas del regocijo gubernamental, la tarde del sábado 9 de enero The New York Times difundió un extracto de la entrevista que el actor estadounidense Sean Penn, sostuvo con el narcotraficante el 2 de octubre a instancias de la actriz mexicana Kate del Castillo. El contenido publicado originalmente en el portal de la revista Rolling Stone, además de resultar un verdadero trancazo mediático, desató todo tipo de pasiones, reabrió el debate sobre la ética de los medios al entrevistar a un delincuente, y lo más importante, posicionó a Guzmán Loera como una celebridad del star system.


En el texto Penn describe ampliamente cómo se gestaron los primeros contactos entre Kate del Castillo y el capo, para luego acordar su encuentro con este personaje, quien pretendía filmar una película autobiográfica, tarea en la que participarían la protagonista de La Reina del Sur y dos directores más, cuyos nombres verdaderos no se revelaron. Asimismo se abunda en detalles sobre la travesía por aire y tierra para llegar al lugar de la entrevista, del ambiente informal e incluso relajado que rodeo a la misma. Según lo aclara el propio histrión norteamericano, “El Chapo” supervisó personalmente el contenido a difundir, por ello, no salieron a relucir los nombres de las empresas y personajes implicadas en sus redes de poder, ni ningún otro dato periodísticamente valioso que marcara la pauta para una investigación más profunda.


Las preguntas de Penn a Guzmán Loera resultan muy elementales y lejos de presentar a un hombre que ha amasado una gran fortuna gracias a sus actividades ilícitas, que al mismo tiempo, han derivado en crímenes, se retrata a un campesino bonachón e incluso creyente, que justifica sus actividades ilícitas con el argumento de que no hubo para él más opción de sustento. En resumen, fue un ejercicio propagandístico en el que “El Chapo” impuso las reglas.


Como era de esperarse, el encuentro entre El Chapo Guzmán con Sean Penn y Kate del Castillo tuvo una gran difusión y desplazó la imagen del día anterior de un hombre sometido por las fuerzas del orden, para colocar a otro que sonríe y posa para la cámara con un amigo al que le da la mano. Asimismo, generó reacciones diversas sobre su significado desde el punto de vista periodístico y político también.


Los periodistas León Krauze y Juan Carlos Romero, en El Universal y Letras Libres, respectivamente, consideraron que el trabajo de Sean Penn es un mero ejercicio propagandístico y de relaciones públicas que enaltece a Guzmán Loera. Jesús Silva Herzog-Márquez en Reforma lo califica como un “execrable reportaje” que convierte a un criminal en un héroe encantador. La mayoría de las críticas al diálogo entre Penn y “El Chapo”, van en ese sentido: no se apega a los códigos deontológicos para una entrevista periodística y por ello, en vez de obtener de él alguna información, se promueve su imagen.


En este universo de opiniones Ciro Gómez Leyva en su columna de El Universal catalogó el reporte de Sean Penn como un documento de gran valía periodística, equiparable a los trabajos de la connotada periodista italiana Oriana Falacci, el doctor Raúl Trejo Delabre en su artículo para La Crónica de Hoy, afirma que desde el momento de sucumbir a las “seducciones” de Guzmán Loera, Sean Penn y Kate del Castillo se convierten en peones de su ajedrez. El columnista Raymundo Riva Palacio advierte sobre el debate “bipolar” que generó la entrevista al jefe del Cártel de Sinaloa y si bien opina que no debería haber personajes “no entrevistables”, si deben observarse las normas más elementales del periodismo: obtener información relevante y que sea el entrevistador quien marque la pauta de la conversación. El diálogo entre Penn y” El Chapo” no cumplió con estas condiciones.


Para Proceso el mayor mérito de la entrevista de Penn al Chapo Guzmán es que puso en ridículo a las instituciones de seguridad mexicanas, que mientras buscaban o simulaban buscar al narcotraficante, éste fue ubicado y contactado sin problemas por otras personas; sobre la calidad periodística del documento, Jenaro Villamil, lo reduce a la trivial explicación de que Sean Penn no aprobó el examen de admisión de la Escuela Carlos Septién, de donde el reportero labora como docente. Asimismo llega a la chabacana conclusión de que quienes cuestionan la ética del trabajo de The Rolling Stone, son hipócritas porque no hacen lo mismo cuando se trata de entrevistar a políticos y gobernantes que desde la óptica de Villamil también son delincuentes, comparación que sólo es un subterfugio para el periodismo de consigna.


El propio Sean Penn, expresaría en el programa 60 Minutes, de la cadena CBS, que sentía “un gran remordimiento” porque su entrevista con El Chapo Guzmán no sirvió para generar un debate sobre el consumo y la política antidrogas en Estados Unidos y por tal motivo, su artículo “fue un fracaso”


 


 


El reality de las filtraciones


Aún había más sorpresas en la esfera mediática. A lo largo de la semana tendrían lugar una serie de filtraciones que, cual si fuese un reality show, los medios encargados de revelarlas originalmente peleaban por ofrecer el contenido más espectacular y llamativo.


Así, el lunes 11 en el noticiero matutino de Televisa, Carlos Loret de Mola presenta un video de aproximadamente 14 minutos sobre el operativo que elementos de la Marina llevaron a cabo en una casa de Los Mochis, Sinaloa para recapturar “El Chapo”. El periodista realiza una especie de tour por el lugar donde se instrumentó el dispositivo que derivaría en un enfrentamiento a balazos y la posterior aprehensión del narcotraficante; aclara que las imágenes del video fueron captadas gracias a una cámara que llevaba colocada un de los marinos que participó en las acciones. El video en cuestión fue posteriormente reproducido en otros medios de comunicación y comenzaron los cuestionamientos y las suspicacias en las redes sociales.


Poco después del minuto 7, en el video se aprecia a un hombre vestido de civil mientras se escuchan disparos y los internautas se preguntaban quién era. Loret de Mola precisó en sus cuentas de redes que era un elemento de la Marina que no participó directamente en las acciones, sino que como parte del protocolo permanecía vigilante. Pero no logró acallar los rumores que circulaban en el ciberespacio de que se trataba de un “montaje” similar al que se hizo durante la captura de Florence Cassez. El académico John Ackerman, colaborador en Proceso y La Jornada, propagó esta especie e incluso afirmaba que el operativo se veía “muy actuado”.


Ese enorme y diverso colectivo llamado opinión pública, aun no terminaba de digerir y comentar el operativo Cisne Negro, cuando recibió el siguiente episodio a cargo del periódico Milenio, quien en su edición del 13 de enero hizo públicos los diálogos que sostuvieron vía BlackBerry, Kate del Castillo y Joaquín “El Chapo” Guzmán, por intermediación de uno de sus abogados, Andrés Granados En el amplio reporte firmado por el director del rotativo Carlos Marín, se explica que estas conversaciones fueron rastreadas por los servicios de inteligencia mexicanos desde hace por lo menos tres meses.


De este singular intercambio se desprende que había una admiración mutua entre ambos personajes y se dio especial realce a unas expresiones que El Chapo hizo a Kate: “Eres lo mejor de este mundo. Seremos muy buenos amigos. Tú ponte de acuerdo cuándo puedes regresar. Ojalá que sea pronto, vale más esperarnos a que todo lo prepare con una semana. Yo te tendré súper todo para que no vayas a tener ningún detalle, que me sentiría muy mal. Ten fe que estarás a gusto. Te cuidare más que a mis ojos”. El resto de los medios se engancharon con este nuevo capítulo cuya primicia tuvo Milenio y el “romance” en el capo y la actriz desplazó al Cisne Negro no sólo del ánimo de los cibernautas, sino de la agenda mediática.


La difusión de estas conversaciones se hizo acompañar de las declaraciones del vocero de la Presidencia de la República, Eduardo Sánchez, quien dijo lamentar que “una ciudadana”, en clara alusión a la actriz, tuviera información sobre un delincuente buscado por la justicia mexicana y no la hubiera hecho del conocimiento de la autoridad, razón por la cual podría ser sujeta a investigación. Con este ingrediente, para la prensa oficialista el “idilio” entre Kate y El Chapo era una pieza clave en recaptura del narcotraficante, mientras que para los medios militantes fue el argumento para dar a la actriz mexicana el pase automático al club de los “perseguidos políticos” del gobierno peñanietista. Pero eso no es todo, incluso los ávidos consumidores de revistas de chismes del mundo del espectáculo, pudieron informarse sobre el “affaire” Chapo-Kate, pues muy a su modo le dieron cobertura a este nuevo giro que dio la recaptura del capo.


Dado el rating que tuvo este episodio entre los medios y sus públicos, las siguientes filtraciones guardaron una relación directa y el periódico Reforma fue el encargado de dar a conocer las nuevas “exclusivas” de esta trama novelesca en que se había convertido la reaprehensión de Guzmán Loera. El 13 de enero, el rotativo informaba que luego de haber trascendido que la llamativa camisa que portaba El Chapo de día de su encuentro con Sean Penn y Kate del Castillo era de la marca Barabas, las ventas de esta prenda se dispararon y de la noche a la mañana se cotizó hasta en 128 dólares y se hacían pedidos desde diferentes ciudades de Estados Unidos y el mundo, donde al parecer muchos hombres querían lucir como el líder del Cártel de Sinaloa.


Un día después, Reforma informó que entre septiembre y octubre del año pasado, Joaquín "El Chapo" Guzmán fue sometido a una cirugía en la que médicos le colocaron un implante en los testículos a fin de que consiguiera una erección, según le revelaron “fuentes cercanas a la investigación sobre su captura”. El implante mejora la circulación sanguínea y es recomendado a pacientes con disfunción eréctil, un mal que, de acuerdo con las fuentes consultadas, padece el capo. La operación quirúrgica se llevó a cabo después de que "El Chapo" presuntamente se encontró con la actriz Kate del Castillo y el actor estadounidense Sean Penn.


No se pierda el próximo capítulo


La revelación de la “relación” entre Kate del Castillo y El Chapo Guzmán ha creado un impacto tal, que los medios de comunicación de todas las líneas editoriales han centrado sus contenidos en esta trama y por diferentes razones, han olvidado ir a lo verdaderamente importante: investigar las redes de poder que permitieron al narcotraficante evadirse del penal del Altiplano en dos ocasiones y continuar con su actividad delictiva.


Han acompañado paso a paso cada episodio, desde el tuit de la victoria, la entrevista fallida, la incubación de un proyecto fílmico y cada detalle de una relación insólita. Así pues, desde que la protagonista de esta historia anunciara a través de sus redes sociales que contaría “su versión” de los hechos para luego darse el lujo de bromear y decir que no está estresada ante la posibilidad de ser investigada por la justicia mexicana, en el espectro mediático y sus audiencias, se han construido todo tipo de conjeturas sobre cuál será esa otra versión.


Mientras en la prensa oficialista se difunde ampliamente que “El Chapo” está muy bien cuidado, incluso por perros, en el penal del Altiplano y que Kate del Castillo será citada a declarar como testigo, en los medios militantes cunde la preocupación por las humillaciones y violaciones a los derechos humanos que ha podido sufrir Guzmán Loera desde su recaptura y también se hace crecer la figura de Kate del Castillo como víctima de una persecución política, no sólo por relacionarse con “El Chapo” sino por haber osado “criticar” a la clase gobernante. Mientras el oficialismo acompaña al gobierno federal en su narrativa de que cada filtración es un paso adelante en la restauración del estado de derecho quebrantado por la anterior fuga de Guzmán Lorea, la prensa militante fustiga la “teatralidad” con que se ha tratado el tema, pero paradójicamente se presta a hacer eco de cada episodio de esa trama en que se ha convertido la recaptura del delincuente más buscado de los últimos tiempos y cuyo desenlace es aún incierto.


 

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