Tomemos dos significados básicos de la palabra “modelo”: a) es lo que uno hace característicamente y le propone a terceros como alternativa de acción; b) modelo es lo de otro u otros que uno admira e imita o adapta. ¿Cuáles son los modelos económicos del obradorismo? No los que dice Viri Ríos en sus intentos de engaño a la sección superficial o ingenua de la academia de Estados Unidos, tampoco los que dice una parte de la oposición.
El modelo económico obradorista “a” (en el sentido de dicho inciso) tiene cinco puntos:
- Austeridad. No en la vida privada del funcionario público, no en todos los sectores gubernamentales, no en sectores probadamente dispendiosos, sino en los capítulos del presupuesto y la administración que deben ser prosociales y cada vez están más necesitados de dinero: salud, educación, ciencia, cultura, ecología. Sobre el problema en el sector salud, vea el libro de Nayeli Roldán.
- No-reforma fiscal. La estructura fiscal del país sigue siendo la que heredó AMLO, en las dos direcciones: la que le dejaron “los neoliberales” y la que él dejó a su pupila Sheinbaum. Solamente se han puesto encima pequeños adornos y modificaciones no estructurales. Una reforma fiscal progresiva y profunda es necesaria –indispensable- para desneoliberalizar el subsistema fiscal y el sistema económico en general, y obviamente para poder elevar el gasto donde debe ser elevado progresistamente. Asimismo, la ausencia de esa reforma, o una no-reforma fiscal, era condición necesaria para una alianza oligárquica proAMLO y proPoder Ejecutivo. Sigue siéndolo.
- Los “programas sociales”. El único justificado por sí mismo es la pensión de tercera edad. En conjunto, la lógica es de mecanismos clientelistas que irresponsablemente son financiados en parte por la austeridad neoliberal ya explicada, no por una Reforma Fiscal que nunca hicieron. El responsable de la irresponsabilidad, es decir, el causante y culpable de un gasto global no democrático ni democratizante que no debió ni debe hacerse a costa de cosas como la salud pública, es el presidente López Obrador. Quitó dinero donde debía poner más y usarlo mejor, para ponerlo donde a él y su partido les convenía. Y cabe preguntar: ¿en el camino terminó haciendo una casi privatización de facto en el sistema de salud pública? Parece haber una privatización parcial e informal del sistema público en beneficio del sistema privado de consultorios de farmacia, en primer lugar.
- Los “megaproyectos”. Que incluyen construcciones ecocidas, militarizadas e hipercorruptas como las del “tren maya”. Esos proyectos no sólo están dentro del capitalismo de cuates –y de familiares- sino que no están separados del neoliberalismo. Es imposible encontrar una diferencia económica esencial entre los “megaproyectos” obradoristas y los “megaproyectos” de gobiernos anteriores como el Plan Puebla-Panamá. AMLO convocó a empresarios grandes y enormes, seleccionados discrecionalmente, para obtener ganancias privadas estratosféricas, repartirlas o compartirlas con la élite del partido y colaborar con las élites militares también convocadas. Los “megaproyectos” de López Obrador representan una alianza partidista del poder político-estatal, el poder económico y el poder militar. Es partidista no porque entregue credenciales de Morena a todos los aliados sino porque apunta hacia la reproducción del dominio de ese partido sobre el Estado; el Estado que con sus contratos y corrupciones puede garantizar la continuidad de las ganancias cómplices, abono de la continuidad política y gubernamental del obradorismo. Vale la pena añadir y pensar una pregunta: ¿se ha formado en este México un nuevo y duradero tipo de complejo militar-industrial?
- El último elemento es el aumento al salario mínimo. Es el único que no he criticado y no voy a criticar en principio. Pero no por eso he defendido y no voy a defender los recientes datos sobre pobreza: como ya había escrito, esos datos no son confiables y, con o sin manipulación, no son admirables, no representan un cambio de estructura económica general ni hacen nada contra la Desigualdad salvo arañarla; además, su defensa vírico-esquiveliana produce sobre todo conformismo… El aumento al salario mínimo debió combinarse con reforma fiscal progresista y no-austeridad (en lugar de no-reforma fiscal y austeridad). Esa combinación fue lo que no hizo el obradorismo; ella era y es lo debido, aunque a otro tipo de opositores los escandaliza contumazmente, y era perfectamente posible entre 2018 y 2019, aunque los propagandistas han tenido que fingir desde hace años que es lo mismo que un imposible. Entonces, uno de 5 puntos no es el modelo ni puede hacer bueno al modelo, por lo que critico la cuarta de la mayoría de elementos y su resultado, el agregado económico de “la cuarta”. El quinto elemento no es más que el amortiguador del modelo, el mecanismo de “compensación” social por y para un esquema de economía política inclinado a lo antisocial y autoritario.
Los cinco puntos son las constantes decisionales económicas del obradorismo en el poder. Al serlo, son el modelo económico obradorista. Éste no es el discurso sobre la economía, es la realidad de una práctica sobre ella. No es el pasado remoto e individual de un presidente o presidenta, es lo que han hecho ambos en la presidencia. Juntos e interactuando, los cinco puntos forman la estructura del proyecto y el núcleo de contenidos económicos. Los reales. No son todos los temas a que se han referido la retórica y la acción de los gobiernos amloístas, son lo característico en su ámbito: lo que se ha decidido principal y sistemáticamente, lo que han conservado y protegido en el tiempo, lo que su poder ha privilegiado. Son la propuesta de hecho, que refleja sus verdaderas preferencias e intereses económicos. Y es una propuesta que por sí misma no puede ser modelo para ninguna izquierda, local o internacional.
No es un modelo antineoliberal, insistamos, ya que los elementos 1 y 2, la austeridad general del gasto público y el conservadurismo fiscal, son característicos del neoliberalismo, y el 4 o los “megaproyectos” son compatibles con él. Así, tampoco es un modelo basado en un modelo de izquierda (sentido “b” de la palabra modelo). Ninguno. Ni en el de Venezuela… El modelo chavista real y original incluye, en sus decisiones y consecuencias, expropiaciones sistemáticas de empresas y empobrecimiento relativo de los ricos. En México no hubo y no hay esas expropiaciones; de hecho, sólo se ha expropiado sistemáticamente a pobres e indígenas, para los “megaproyectos”. Los ricos no se han empobrecido sino enriquecido más, como los bancos privados, en parte por los “megaproyectos” y la no-reforma fiscal. Pregúntenle al soberbio Carlos Slim. Por eso la oposición debería abandonar su discurso sobre “el chavismo mexicano”, tanto por empíricamente falso como por electoralmente agotado –¿o es que la oposición está ganando más votos repitiendo ese discurso?

