El modelo político de AMLO

El obradorismo institucionalizado no es una dictadura, si muy acotadamente se entiende por dictadura el gobierno efectivo de una persona, usualmente militar, basado en la represión física generalizada, sin límites constitucionales ni temporales reales, o sin sujeción sistemática a casi ninguna ley ni conexión electoral ninguna. Se podría hablar aproximadamente de “dictadura de partido” (Morena), cuando ese partido sea comprobadamente hegemónico. Pero, institucionalmente, ¿qué es hoy el obradorismo? Un autoritarismo en construcción avanzada, no una dictadura. ¿Y cuál es su modelo?

¿AMLO imitó a Venezuela? Si criticamos a López Obrador no sólo por autoritario sino por soberbio, megalómano y ajeno al acontecer internacional (ignorante orgulloso), es inconsistente concluir que es simplemente chavista, porque sería igual a decir que puso atención al caso venezolano y luego decidió seguirlo. ¿De veras AMLO puede ser seguidor de alguien que no sea él mismo? Él que se cree igual o superior a Miguel Hidalgo, Benito Juárez, Francisco Madero y Lázaro Cárdenas juntos, ¿decidió imitar a un extranjero más joven? “Es que necesitaba ver qué le servía para sus ambiciones”… Tampoco es cierto que necesitara acudir al mundo o la región para encontrar inspiración y enseñanzas: mucho antes de que Hugo Chávez tomara el poder en su país, existió en el nuestro un régimen autoritario duradero. Si estamos en México, AMLO es mexicano y –lo más relevante- fue formado políticamente por ese régimen y su partido, el PRI hegemónico, ¿por qué viajar a Venezuela? Es ocioso ir hasta allá para buscar un modelo que explique a AMLO cuando él mismo en su historia nos da la clave, y cuando tenemos los hechos de su gobierno para confirmar.

A esos hechos y a los del PRI vamos, pero antes matemos tres preguntas más con un solo párrafo. ¿El obradorismo tiene similitudes con el chavismo? Sí, al ser dos autoritarismos, es decir, tiene similitudes genéricas porque las tiene con todos los autoritarismos, incluido el de Trump; esas similitudes no son toda la esencia amloísta ni son más que las que tiene con el priismo, similitudes éstas que sí son esenciales todas. Nada que sea específica y especialmente chavista fue copiado por AMLO. Ni económica ni políticamente. ¿Hay chavistas en el obradorismo? Sí, pero ellos no son AMLO ni son la mayoría del partido/movimiento, donde también hay panistas y conservadores no panistas; la mayoría en las élites obradoristas son oportunistas, oportunistas priistas o compatibles con el priismo. ¿El presidente López Obrador apoyó al dictador Nicolás Maduro? Sí. También apoyó al fascista Trump. Y todos los presidentes priistas, a partir de Adolfo López Mateos, apoyaron al dictador Fidel Castro, todos, por conveniencias y apariencias, hasta el más derechista que fue Gustavo Díaz Ordaz.

Ahora bien, la literatura especializada suele poner como las dos principales características del régimen priista al presidencialismo y la hegemonía del partido. Yo pongo en el mismo plano de relevancia institucional un tercer elemento: el sistema electoral, porque el priista era un autoritarismo electoral y porque ese sistema es el que forma al régimen político junto con el sistema de gobierno y el sistema de partidos –son los tres subsistemas del sistema institucional que es el régimen político.

En el caso priista, presidencialismo es no-parlamentarismo e hiperpresidencialismo. Éste significa un presidente no constitucionalizado o con poderes mayores a los constitucionales. Todos los presidentes priistas “clásicos”, gracias a la hegemonía de un partido del que eran jefes, tuvieron un poder que no estaba limitado a/por la Constitución. Ese poder fue el que contextualizó, formó e inspiró a AMLO, no fue una persona o un apellido solo; ese poder presidencial extremo fue el que López Obrador deseó tener y ejercer y el que buscó reconstruir con su toque personal a partir de 2018. Ese poder está en el futuro de México en el mediano plazo; es lo que fue reiniciado gradualmente y lo que se restablecerá cuando acabe el maximato (al sistema presidencialista priista también se llegó pasando antes por un maximato, bajo el cual nació el partido oficial que terminaría llamándose PRI). No hay alternativa. La hay en las ideas pero no en la práctica política, y menos en la mente del poder obradorista… Nada es posible en el mediano plazo mexicano salvo ese presidencialismo.

En cuanto a “la hegemonía”: desde la perspectiva politológica, la hegemonía partidista es algo más que una situación sociocultural. Hegemonía cultural y partido hegemónico no son lo mismo. Un partido hegemónico puede serlo culturalmente pero no necesariamente lo es, y necesariamente es una configuración política, un arreglo particular del sistema de partidos. El PRI era partido hegemónico no porque existiera una cultura priista, antes y ahora, que sí existía y existe, sino porque era el partido que podía ocupar y ocupaba casi todas o la gran mayoría de las posiciones en todos los niveles del Estado. Posiciones electorales y no electorales, y las electorales sin democracia. A todo aquéllo aspira Morena y hacia allá está caminando. Sí está construyendo su hegemonía política y no renunciará a terminar el edificio y consolidarlo.

Así como el hiperpresidencialismo priista dependía de la existencia de un partido hegemónico –de un partido que pudiera someter a la mayoría de los actores políticos pero a su vez se sometiera al presidente-, la hegemonía de ese partido dependía del control del sistema electoral, tanto como la conservación del control electoral dependía de la continuación de la hegemonía partidista en el Estado. Es un problema circular. La solución “definitiva” a ese problema la basó el PRI en la reforma electoral de 1946, que puso los procesos electorales en manos del gobierno federal y bajo el dedo del presidente; Morena está resolviéndolo con sus famosas e infames reformas desde el congreso que domina ya. De ahí la próxima reforma electoral dirigida por Pablo Gómez.

Por tanto, el obradorismo en el poder ha significado una transición autoritaria y ésta es una restauración imperfecta del priato. Imperfecta quiere decir que el resultado que se produce no es idéntico o que el 100% de las cosas que existieron en un caso no son el 100% de las que existen en el otro. PRI clásico y PRI obradorista no serán perfectamente iguales pero son familiares. Y de su relación familiar se pueden poner varios ejemplos: derecho a la información, ley de transparencia, IFAI-INAI, IFE-INE, todas esas cosas no existían bajo la hegemonía pura del priismo, existieron después de esa hegemonía y contra ella, y son algunas de las cosas que destruyó López Obrador o está terminando de destruir el obradorismo. Si eso destruyen, si destruyen lo no-priista, se regresa a lo priista, o se llega a una situación institucional como la del priismo. Así que es insostenible afirmar que AMLO y el obradorismo en general son una simple imitación chavista y/o que no son otro PRI. Sí lo son, no en su retórica, en su realidad: son los neopriistas, el nuevo tipo de priismo en el poder.

Correlativamente, los demás rasgos del priato fueron el pluralismo restringido, la libertad de expresión disminuida, la no-división de poderes, la no-rendición de cuentas, la opacidad y corrupción, el no-Estado de Derecho. También son rasgos del dominio de Morena y aliados. El PRI tampoco era, no podía ser, un verdadero Estado de Bienestar, como no lo es el obradorismo –y eso consta en su modelo económico:

https://etcetera.com.mx/opinion/modelo-economico-amlo-clientelismo-programas-sociales/

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