En Morena, que se rige por el dedito de AMLO (así decidió el 8 de abril ante las cámaras que Eva Cadena no era corrupta), Ricardo Monreal dobló la apuesta a las reglas y a sus adversarios en el partido (Batres y Sheinbaum), para conseguir la candidatura a Jefe de Gobierno en 2018.
El 25 de junio el delegado en Cuauhtémoc se someterá a una consulta ciudadana para que medio millón de electores de su delegación decidan, a través del voto, si se arrepintieron o no de haberlo elegido el 7 de junio de 2015.
Será un plebiscito organizado por el Instituto Electoral del Distrito Federal y, si Monreal pierde, tendrá que irse, con lo cual (¿hay que escribirlo?) quedará eliminado para buscar la candidatura a Jefe de Gobierno.
¿Se trata de un golpe de efecto de un animal político como Ricardo Monreal? Sí. Imposible olvidar que es de los pocos políticos mexicanos, del momento actual, que tienen interlocución fluida en todos los partidos: lo que se conoce como un “político transversal”.
Pero es un golpe de efecto en el que se juega el pellejo político. Está, además, cumpliendo una promesa de campaña. No, no: por inagotables que parezcan sus recursos histriónicos, ahora Monreal sí se la está jugando.
Pone muy alto, además, el listón moral a sus adversarios: porque si sus gobernados vuelven a votarlo, entonces quedarían con un pie en el aire y con el otro buscando lugar Martí Batres (dirigente capitalino de Morena) y Claudia Sheinbaum (delegada en Tlalpan).
Compromete, también, la seriedad con la que AMLO decida mover su dedito en la candidatura a la Jefatura de Gobierno. Porque si Monreal pierde ya su suerte estará echada. Sin embargo, si gana, nadie tendrá más autoridad que él para ser favorecido.
Pero, revisemos: ¿Qué estamos viendo ante esta arriesgada jugada de un poderoso militante de Morena?: ¿Acaso un populismo democratizador y progresista, dentro de una corriente política cuyas acciones hasta ahora no pasan de ser promesas que nunca se cumplen?
La decisión de Monreal contrasta con banalidades como el anuncio, ayer, de un morenista converso: Miguel Barbosa dijo que dará al partido la mitad de su sueldo “y los vales de comida”.
La verdad es que está en duda si los legisladores de Morena lo hacen. En 2016, Morena dijo haber reunido 126 millones de pesos de la mitad del salario de sus legisladores y delegados para construir cinco “universidades” en la CDMX.
Pero, en respuesta a una solicitud de información por Ley de Transparencia, aceptó que ese dinero provino de “simpatizantes” y no de legisladores y delegados. ¿Dónde quedó entonces el descuento? Barbosa lo va a saber ahora que legisla para Morena:
En algún bolsillo.
Este artículo fue publicado en La Razón el 03 de mayo de 2017, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página.
