Monreal, una manifestación y la vena autoritaria

Las manifestaciones son una de las estampas características de la ciudad de México. La cantidad de marchas y movilizaciones en protesta, demanda de servicios, muestra de solidaridad, etcétera, varía, según la fuente a que se recurra: Según la Cámara Nacional de Comercio en Pequeño, en 2014 hubo 9 mil 111 manifestaciones (24 diarias, en promedio). De acuerdo con la secretaria de Gobierno, Patricia Mercado, entre junio de 2014 y julio de 2015 hubo 3139 (8.6 cada día, en promedio).


Las cifras muestran que en la capital del país el recurso de la movilización no es el último sino quizá el más socorrido cuando se quiere dejar constancia de una inconformidad. Paradójicamente, de tan comunes, las manifestaciones han dejado de ser llamativas para medios de comunicación, que raramente las consignan. Para el ciudadano suelen ser uno más de los contratiempos a los que deben sobreponerse en su camino a la escuela, el trabajo o la casa y salvo raras excepciones son vistas como una incomodidad y pocos se preguntan por el motivo de que los participantes hayan salido a la calle.


Pese a las molestias que representan, para la cultura política de la ciudad de México estos actos son naturales, un reflejo de la negativa de la ciudadanía a resignarse a abusos de la autoridad.


Por eso llama la atención la respuesta de Ricardo Monreal, delegado en Cuauhtémoc, a una manifestación en la sede delegacional en la que vecinos leerían un manifiesto antes de pedir su destitución a la Asamblea Legislativa.


Razones hay de sobra: el delegado que como candidato prometió mejoras en seguridad abdicó de esa tarea y ante el evidente aumento de los crímenes en la Roma, Condesa, Cuauhtémoc, Juárez, Centro, se deslindó endilgándole el paquete a un gobierno central que sólo piensa en una candidatura presidencial.


El deterioro de la infraestructura es evidente y no ha habido solución alguna. Monreal sólo aprovechó ese contexto para beneficiar con contratos millonarios a amigos de su hija, sin ninguna experiencia en obras de infraestructura ni trabajo previo en la ciudad. La organización Mexicanos contra la Corrupción develó ese esquema (https://contralacorrupcion.mx/ricardo-monreal-otorga-contratos-a-amigos-de-su-hija-y-a-empresas-zacatecanas-sin-experiencia-en-la-ciudad-de-mexico/) y también la abundancia de obras irregulares autorizadas por la delegación, a menudo destruyendo edificios incluidos en el catálogo de inmuebles con valor artístico del INBA (https://contralacorrupcion.mx/factormonreal/).


Ante esas y otras omisiones y fallas se quería protestar. Quienes acudimos la mañana del 22 de mayo a la delegación no rebasábamos la treintena; algunos sólo nos conocíamos a través de Twitter. Un funcionario no condicionado por la lógica autoritaria podría haber usado la escasa asistencia como un referendo; habría sido fácil para él decir que la oposición a él, por citar al clásico, es “una guerra de tinta e internet”.


Pero Monreal, quien hoy se presenta como izquierdista radical aunque estrenó su mayoría de edad afiliándose al PRI en los 70 y llegó a la Cámara de Diputados por primera vez en 1988, representando a ese partido en la polémica elección presidencial, reaccionó como el típico gobernante autoritario.


Para opacar a los manifestantes, unas 200 personas, dirigidas por líderes de ambulantes, tomaron la explanada, rodearon a los vecinos, hicieron sonar sirenas y consignas para opacar una protesta casi tímida. Luego mediante empujones e insultos los desalojaron para dejar claro que en Cuauhtémoc sólo son bienvenidas las muestra de apoyo al delegado, al disenso se le responde con la fuerza; por cierto, es curioso que la agresión ocurrió frente a la oficina del funcionario pero en la zona no había un solo policía.


Los ambulantes enviados por Monreal mostraron un encono especial contra un ácido crítico del delegado, Mony de Swaan, ex presidente de la extinta Comisión Federal de Telecomunicaciones y vecino de la Condesa. No sólo le dedicaron insultos y adjetivos, también le robaron un celular que al final le devolvieron por gestión de una lideresa de ambulantes.


Voceros oficiosos y el delegado, junto con diputados federales de Morena, trataron de desvirtuar la protesta diciendo que tenía una “agenda prianista”, lo que deja en evidencia que para Morena y sus simpatizantes sólo valen sus movilizaciones, las de otros merecen la agresión.



Vale la pena recuperar la explicación que dio el propio Monreal a Carlos Loret de Mola: “Hicieron la convocatoria para venir a la delegación a gritar y ofendernos y llegan otros comités a hablar de obra, de lo que se está haciendo y se ofenden. Estas son las consecuencias de actuar con tanta irresponsabilidad”.


A casi una semana de la agresión ha habido algunas condenas al funcionario, por ejemplo de los académicos Sergio Aguayo y Leo Zuckerman, y del periodista Salvador Camarena.


Algunos medios, que sin duda habrían pasado por el alto el hecho si el grupo de choque monrealista no hubiera aparecido, registraron el ataque, si bien otros como El Universal y Excélsior reprodujeron la versión oficial: fue un choque entre diferentes comités vecinales, una absoluta mentira ya que ningún comité vecinal convocó. De Morena no ha habido una palabra.


Desde que llegó al cargo, Monreal ha dicho que su único interés es la candidatura a jefe de Gobierno por Morena. Encuestas, opinadores y él mismo sostienen que es un aspirante viable. Ante su respuesta a este episodio se puede anticipar cuál sería su reacción a las críticas: mano dura ejecutada por ambulantes y grupos clientelares. Como lo hizo el PRI en su tiempo, como lo hemos visto en Venezuela. El autoritarismo está en el ADN de los priistas; aunque cambien de color la vena despótica se mantiene. En el caso de Monreal es evidente: sobre advertencia no hay engaño.

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