El PRD agoniza como partido clientelar. El próximo 5 de mayo cumplirá 28 años de vida institucional y el Partido de la Revolución Democrática está obligado a no hacerse más bolas si aspira a sobrevivir más allá del 2018; su candidato a la Presidencia no puede ser otro que Miguel Mancera.
La decimaquinta encuesta presidencial rumbo a las elecciones del próximo año ofrece el registro puntual e histórico sobre el posicionamiento de los principales actores políticos y en el caso del PRD no existe otro nombre con mejores posibilidades para competir.
La fortaleza de Mancera es consecuencia de varios factores, su perfil ciudadano, su relación con medios y periodistas a partir del oficio y capital profesional de quienes hasta ahora han ocupado esa responsabilidad, Fernando Macías en el primer tramo y Julián Andrade en el segundo.
Ambos comunicadores han facilitado el andar mediático del Jefe de Gobierno aun cuando áreas como la seguridad o la movilidad han metido en serios cuestionamientos la imagen del gobernante.
Las relaciones que ambos personajes han establecido, basadas en información y no en contratos, le han valido a su jefe cerrar frentes y cruzar puentes.
A Mancera la crisis del PRD se le puede convertir en la oportunidad para revitalizarlo a partir del concepto ciudadano, del entorno más próximo y empático para millones, dentro y fuera de la CDMX.
Un PRD purgado de solovinos, esos pragmáticos mercaderes de la política clientelar que saltan al arca de AMLO convencidos, ilusamente, de que el patriarca moreno los salvará de su extinción como clase política chambona, ajena de compromiso social; puede resultar, para el Jefe de Gobierno, una mejor nave para la travesía electoral y lo posicione para competir e incidir.
Pero Miguel Mancera enfrenta también riesgos inherentes al tamaño del proyecto al que aspira. Uno de ellos es que su entorno más íntimo y poderoso lo aísle de la realidad, lo encapsule con decisiones verticales y cortas pero ajenas de conocimientos y oficios propias de sus historias y, por tanto, de sus capacidades.
Mancera triplica consistentemente, desde hace 15 meses, a cualquier otro suspirante amarillo a la nominación presidencial.
El PRD tribal, mesiánico y proclive a la genuflexión ante López Obrador, evade la realidad, se fuga hacia adelante imaginando que si AMLO gana ellos ganan, nada más contrario a lo que la historia reciente permite suponer; sólo Mancera le garantiza al PRD su futuro como partido, y no como la primera tribu en Morena.
El PRD no puede hacerse más bolas, no debe jugar con disyuntivas imaginadas. Mancera y sus íntimos tampoco pueden darse el lujo de enredarse acumulando oficios y capitales ajenos que hoy le suman pero que igual mañana, cuando hagan falta, le resten.
Ejemplos los pueden encontrar hoy en esas mismas encuestas presidenciales, imagen y percepción se pierden rápido y se recuperan tarde o nunca.
Este artículo fue publicado en La Razón el 13 de abril de 2017, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.
