Noroña neofifí

Escribiendo en el siglo XIX sobre “la situación de la clase obrera en Inglaterra”, Friedrich Engels exclamó: “¡me deleito con los testimonios de mis oponentes!”. Se refería al uso crítico de documentos de los inspectores fabriles del Estado y de comisiones del Parlamento, documentos que por no ser mentirosos describían las pésimas condiciones del trabajo en las fábricas. Engels, enemigo del capitalismo y del Estado que suponía siempre a su servicio, vio en esos documentos al capitalismo y al Estado confesando toda su realidad.

Cito a Engels no para parecer comunista, que no lo soy (soy de izquierda pero no comunista, y en primer lugar hago análisis), tampoco lo cito para contrastar con Noroña el comunista, porque dicho ser no existe (si ese porro fue de izquierda, ya no lo es); lo cito porque hay una coincidencia en la reacción a unos hechos: nosotros –los muchos tipos de antiobradoristas- nos deleitamos con los testimonios de riqueza y corrupción que dan nuestros oponentes, los hipócritas hijos –biológicos y políticos- del Gran Hipócrita López Obrador.

Ahí están los testimonios de la riqueza incongruente de “Andy” el junior corruptazo, de su hermano mayor, de Sergio Gutiérrez Luna, de Diana Karina “Dato Protegido” Barreras, de Arturo Ávila, de Pedro Haces, de Ricardo Monreal, de Adán Augusto “el barredor” López Hernández, de Mario Delgado, de Manuel Bartlett, y tantos más. Todos ricos, de una riqueza explicable sólo con corrupción, o al menos con la corrupción como uno de los ingredientes de su receta, y todos hipócritas al máximo, como les enseñó AMLO. Noroña también dejó testimonio de su nueva riqueza, presumiendo su mansión de 12 millones de pesos (o más). Una casa que no podría comprar sólo con sus ahorros y sueldo. El Estado le paga bien por no hacer nada excepto ensayar canibaladas, pero ni siquiera con ese alto sueldo inmerecido alcanza para tener lo que ahora tiene.

Engels, por cierto, era rico, pero lo fue por haber nacido en una familia ya enriquecida y no por ocupar y aprovechar una posición en el Estado, como el senador obradorista. Engels usó el dinero para vivir cómodamente y apoyar a Karl Marx, Noroña para vivir en el lujo tepozteco y seguir fingiendo que es pueblo.

Tan cierto es que Noroña se transformó en rico mediante la política y el Estado, y tan cierto es que es un farsante y cínico, que intenta defenderse diciendo que “la austeridad republicana es para el gasto público, no para nuestra vida privada”. Es una defensa contradictoria, generalmente inútil e imbécil. ¿Imbécil? ¿Decir esto no es portarse como Noroña? No, yo no soy grillo, ni rico, ni estoy insultando al senador: lo explico. Explico a Noroña el grillo millonario e insultante: lo que dice ahora sobre “la austeridad” es a) inconsistente con el discurso originario de él y AMLO, b) una defensa ¡del neoliberalismo! Lo que está diciendo es que ahora la “austeridad republicana” es y debe ser neoliberal y que el neoliberalismo es bueno. ¿Por qué? Porque el neoliberalismo es austeridad en el gasto público en general. Eso es lo que está reivindicando Noroña. Repito, ya que no muchos lo saben, la política neoliberal incluye necesariamente austeridad sistemática en el gasto del Estado, sea todo, casi todo o la mayor parte del gasto, especialmente en sectores como educación, cultura y salud.

¿Cómo no estaría imbecilizado quien jura ser antineoliberal pero pretende autojustificarse con un enunciado que es neoliberal por carecer de condiciones, de especificaciones y acotaciones necesarias? El dicho noroñiano sólo consigue una justificación abstracta del modelo que dice combatir, al mismo tiempo que intenta usar esa afirmación equivocada sobre lo público como coartada privada para la corrupción –quiere convertir el dicho en tapete bajo el cual esconder su riqueza de Varguitas.

Tampoco debe sorprender, pues lo que dice Noroña es desde hace años la línea de los “intelectuales” oficialistas. Observe a uno de los “intelectuales” de cuarta, de “cuarta transformación”, de cuarta fila mediática y de cuarta marca en calidad, Leonardo Toledo:

Ésa es la línea de Noroña, y también por eso digo que ya no es de izquierda, si lo fue. Esa austeridad sí la cumplen los gobiernos obradoristas, y es la que no deberían cumplir, si fueran lo que dicen ser. Pero como no lo son, tienen que decir lo que dicen. Lo de Noroña y Toledo. Ésa es la línea de los “intelectuales” obradogobiernistas porque Noroña no es una excepción sino un caso más dentro de la hacienda amloísta. Con otras palabras: como en un nivel de sus élites internas el obradorismo es un sistema informal de enriquecimiento privado a partir del Estado y contra el Estado en su versión democrática, los “analistas simpatizantes” (propagandistas) tenían que darles cobertura a sus líderes, es decir, a esas élites corruptas; tenían que ensancharles la salida, la ruta de escape ideológico-retórico. De ahí tuits como el de Toledo, Toledito. Pero ya se ve, también ellos son corruptos, imbéciles o las dos cosas… Algunos aceptan intercambiar su lengua mordida y molida por algún beneficio material, otros ya ni siquiera se dan cuenta de lo que dicen ni qué implican.

Si los obradoristas no fueran tan autoritarios y corruptos no serían tan patrioteros y demagógicos. Pero eso son. Así han sido, así serán. Agradezcamos a Noroña que en su borrachera de poder político y económico nos haya regalado una demostración contundente. Y particularmente placentera para millones de mexicanos… Por fin fue útil el senador, el millonario Noroña, el neofifí Gerardo, tremendo hipócrita.

Es más, de hoy en adelante podemos llamar noroñazo, y dar el noroñazo, a todo caso de político que se inventa una carrera vociferando y manoteando desde “la izquierda” pero termina como nuevo rico que necesita ostentar su riqueza –y, patéticamente, la ostenta.

Extra: lo que escribí sobre él en 2019: https://etcetera.com.mx/opinion/vinetas-norona-cuarta-trtansformacion/

Todo fue y siguió siendo cierto. La única diferencia está en millones.

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