Para Marco Levario, para que se recupere pronto y porque se le necesita en esta trinchera
Con la llegada de la 4T al poder, se puso de moda acusar a cualquiera que no concuerda con su forma de ver al país como chayotero. Pero se trata de un calificativo que esconde el hecho de que también el lopezobradorismo ha producido a sus propios chayoteros, esos que sin pudor alguno defienden al actual régimen, aunque se contradigan en muy poco tiempo, gracias a medios y espacios en redes sociales de reciente creación.
Los nuevos propagandistas
Dice la leyenda que, en una gira presidencial, en una pausa que se hizo en el camino, se invitaba a los reporteros que cubrían dicha actividad a bajar del camión que los transportaba para recibir su pago para que informaran de cosas positivas del recorrido. Cuando uno preguntó a dónde iban, alguien señaló a cosechar chayotes, por lo que dicha palabra quedó asociada con el dinero que se da a los periodistas para escribir a favor de un funcionario o gobierno.
Con el paso del tiempo, esto se fue sofisticando, al grado de que un reportero podría aparecer en la nómina de una dependencia oficial y seguir cobrando en su medio.
Con la llegada de la 4T —cualquier cosa que ya signifiqué—, los defensores del movimiento volvieron a poner de moda el término al llamar de esa manera a los que han criticado al gobierno emanado de las elecciones del 2018.
Pero el hecho innegable es que el “chayote” proviene de fondos oficiales, es decir, del gobierno, por lo que con el recorte a la publicidad oficial —que tiene al borde de la quiebra a un buen número de medios—, este tipo de dádiva se ha hecho más evidente pues la manera en que se defiende a un gobierno que comete errores al igual que sus antecesores, hace pensar que detrás de tan denodado esfuerzo se encuentra una motivación económica.

Medios que hasta antes del presente sexenio eran desconocidos, usuarios de redes sociales que en el pasado reciente apoyaron al PRI, son sólo una muestra de que estamos asistiendo al nacimiento de una nueva clase de chayoteros que sirven a un gobierno que ha hecho de la propaganda su principal esfuerzo de comunicación.
Básicamente, podemos clasificarlos de la siguiente manera:
Jóvenes opinadores con estudios en el extranjero, que lograron tener una beca en gobiernos pasados, pero que con tal de mantener su posición y de lograr un puesto público, se han convertido en férreos defensores de todo lo que haga y diga el presidente, aunque sea contradictorio, como la creación de la Guardia Nacional.
Youtubers que obtienen ganancias por defender el proyecto lopezobradorista, quienes además se adaptan a la línea oficial y, curiosamente, abordan los temas que el presidente menciona en sus mañaneras y atacan a quienes critican al mandatario y son señalados en la conferencia de Palacio Nacional.
Moneros que presumen de ciertos privilegios, como comer en Palacio Nacional, pero que dejan de dibujar al presidente, incluso en temas que hacen la delicia de los dibujantes que retratan lo que sucede en política, como la liberación de Ovidio o el caso Cienfuegos.
Medios que han cedido su línea editorial a cambio de publicidad oficial. Esos que aún gozan del privilegio de contar en sus páginas con anuncios del gobierno, como La Jornada, que incluso pueden recibir más recursos que las televisoras y son felicitados por su trato en las conferencias mañaneras. Incluso, han surgido medios digitales que publican sólo las notas positivas y van en contra de los críticos del presidente.
Políticos de diferentes orígenes que buscan mantener viva su carrera a costa de lo que sea y aprovechan sus cuentas de redes sociales, así como el aparato de gobierno para apoyar al presidente. El caso de Miguel Barbosa en Puebla es un buen ejemplo, pues en algunas de sus conferencias que tratan de emular a las mañaneras se abordan temas como la actividad de los gobernadores de la Alianza Federalista, claro está para atacarlos, o la presentación de Sí por México, organización a la que calificó como un esfuerzo de quienes “quieren hacer política conspirando, que un gobierno fracase, es lo que quieren para volver a establecer un sistema político en donde ellos sean los beneficiarios”.
Claro está que se trata de un tema que no se va a tocar y reconocer en las mañaneras, pues el éxito de la aceptación y popularidad del presidente descansa en buena medida, precisamente, en este tipo de medios y opinadores quienes se encargan de contrarrestar las críticas, desviar la atención de temas comprometedores o marcar la pauta en cuanto a cierta información que le conviene a la actual administración.
Para un presidente que repite constantemente “no somos iguales”, recurrir a este tipo de recursos lo coloca en la misma categoría de su antecesor inmediato o de gobernadores como el del Estado de México, pero como de lo que se trata es de presumir algo que no se es, seguiremos teniendo a estos chayoteros que gozan de recursos y la simpatía de Palacio Nacional, interpretando el papel de actores de reparto en una puesta en escena que busca disfrazar las carencias de un mandatario que no sabe qué hacer con el cargo al que aspiraba desde hace décadas.

