A la revista etcétera concurren alrededor de 34 profesionales de la comunicación, tanto en su versión impresa como digital; entre ellos hay 19 mujeres.
La subdirectora de la empresa, Ruth Esparza, hace entrevistas y labores de edición, además de tareas administrativas y de finanzas; hace poco más de 15 años, el portal de la revista fue hackeado y durante un par de horas fue exhibido su rostro en imágenes de pornografía.
Angélica Recillas García es una de nuestras colaboradoras más leídas y en varias ocasiones, en las redes, se ha dicho que ella no existe e incluso hubo quien afirmó que, en realidad, Angélica soy yo.
María Cristina Rosas González es una de las ensayistas más prolíficas y versátiles que conozco, toda una autoridad en la UNAM, y en las redes sociales se ha difundido que ella no es la autora de sus textos, (un comentario “amable” sostuvo que la intensa actividad de la doctora es humanamente imposible).
Regina Freyman es una escritora formidable y una autoridad en la materia en el Tecnológico de Monterrey; sus relatos son un referente obligado. Sobre ella, los comentarios en las redes han ido en el tenor de preguntar si en sus ratos libres Regina podría aplacar los deseos más lúbricos del cobarde redactor anónimo, y otros comentarios más, por ejemplo sobre si ella está o no bien cogida.
Podría detallar las situaciones complicadas que vive día con día la editora Alejandra Escobar además de los comentarios que en Twitter, Facebook y a veces hasta por correos reciben las compañeras; ya no digamos cuando cubren algún evento relacionado con la violencia contra las mujeres.
Lo mismo pasó con Orquídea Fong Varela, ustedes ya saben: desde la cabina de Radio UNAM ella fue insultada, primero con la sugerencia de que ella no existe –hubo quien en las redes dijo que la chinita era yo; luego se le llamó pendeja y así como actriz de cine porno, junto con lo que ustedes ya saben.
Nosotros comprendemos que las redes sociales son un espejo de la sociedad diversa y que sus bajos niveles culturales y éticos son parte de esa heterogeneidad. No hay queja. No nos gusta ser ni sentirnos ni parecer víctimas, no es esa nuestra forma de persuadir sobre la pertinencia de nuestro trabajo. Esas redes, tanto por sus impulsos genuinos como por sus consignas incentivadas, son otra vertiente de las presiones que hay en el ejercicio de la libertad de expresión. Así es que no hay queja; incluso a veces esos ataques nos alientan, a mí en lo personal, mucho. Como sea, nuestras compañeras saben del enojo y la solidaridad de los compañeros de etcétera.
Por lo anterior, en su texto Orquídea Fong no se sitúa como el eje rector, incluso aunque ella hubiera sido atacada. Nuestra convicción es que había que anota la atmósfera de violencia que hay contra las mujeres –y ello se fortaleció con el extraordinario artículo de Mireya Maldonado en esta misma edición de etcétera–. No somos el centro lo importante es el hecho y el hecho también hace a las autoridades de la UNAM responsables.
Lo que ocurrió con Orquídea sucedió habitualmente en Radio UNAM y ese es el fondo. Jamás coincidiremos con el linchamiento contra nadie. Por eso es tan importante la denuncia que ha hecho la chinita, porque más allá de ella y más allá de la revista etcétera, lo que verdaderamente trasciende es la negligencia de las autoridades de la UNAM, el deterioro de Radio UNAM. Vamos, por eso además de todo, es que agradecemos de ella su entereza y su buen humor.
