Otro golpe al chavismo

El triunfo del NO para que Evo Morales se reelija en 2019, es el tercer golpe que recibe el “Socialismo del Siglo XXI” desde el 12 de noviembre, cuando en Argentina acabaron 12 años de kirchnerismo, y el 4 de diciembre, cuando en Venezuela ganó la oposición el Congreso.

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El próximo será cuando el 21-22 de marzo Barack Obama hable a los cubanos en La Habana sobre la necesidad de una transición con elecciones libres.


Sin embargo, los alcances de esos tres casos (si es que se llegan a notar) son a plazos demasiado largos para lo perentorios que son los cambios en esos países, aplastados, ya durante mucho tiempo, por la intolerancia, el freno a las libertades de prensa, expresión y empresa.


Al extremo de identificar a sus regímenes con pobreza, autoritarismo, represión y encarcelamiento sin juicios (o juicios orquestados) de sus opositores.


Como sea, es mejor la derrota de Morales en el referéndum para modificar la Constitución de Bolivia y permitir que se pueda volver a presentar a las elecciones en 2019. Las encuestas iban anoche 52.3 por ciento contra 47.7 y 51 por ciento contra 49.


Aunque… el Tribunal Electoral boliviano advirtió que el cómputo llevaría días. Lo mismo que ocurrió en Venezuela el 4 de diciembre, cuando una semana después el Consejo Electoral tumbó a la oposición los dos escaños con los que habría podido revocar el mandato de Nicolás Maduro.


Es de esperar, como es usual en el bloque bolivariano, tutelado desde La Habana, alguna jugada de Morales para mantener vivo su sueño de ser Presidente cuando se cumplan 200 años de la independencia de Bolivia.


Fue lo que hizo Maduro con su derrota: al quitar dos curules a la oposición, utilizó lo necesario el control que ejerce sobre el organismo electoral, para impedir que la elección se convirtiera en un plebiscito real en su contra.


El chavismo volvió a truquear las máquinas de votación, a usar las cédulas falsas hasta de personas fallecidas, a chantajear a los trabajadores del Estado y a manipular las necesidades de las clases media y baja.


Sí, son reveses para la izquierda autoritaria e intransigente de la región: y así hay que leerlos, como en el caso de Cuba, en el que Estados Unidos optó por una estrategia que llevará años para ver si, desde adentro, puede provocar políticas aperturistas y presiones democráticas.


Pero reveses que le dan espacios para reacomodarse. Es por eso que cabe también otra lectura: la izquierda autoritaria e intransigente de la región sólo gana tiempo y cede lo estrictamente necesario para lavar la cara en público.


Mientras en lo interno aprieta más las tuercas, encarcelando opositores y pulverizando, polarizando a la sociedad.


Sembrando el odio.



Este artículo fue publicado en La Razón el 22 de Febrero de 2016, agradecemos a Rubén Cortés su autorización para publicarlo en nuestra página

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