Pactos secretos, declinaciones y sumas

Tenemos encuestas posdebate (México Elige, Reforma, Massive Caller, CC-enkoll): AMLO, firme en primer lugar; Anaya y Meade, peleando; Zavala y El Bronco, en el sótano.

Con base en esas posiciones, hoy se articulan diversos escenarios electorales y a partir de estos la esfera política nacional gira. Eje transversal en ella es el voto útil, los pactos de facto para bloquear a López o a Anaya.

Presidencia desmintió ayer que empresarios le hayan pedido al Ejecutivo federal bajar a Meade para empujar al panista. AMLO acusó de ello a cinco hombres de empresa y a Anaya; espetó su clásico, “un compló”. El Consejo Coordinador Empresarial aclaró que ni partido ni candidato tienen en la cúpula de la iniciativa privada.

De la campaña de quien aparece tercero y rezagándose llegan noticias, cambios en el partido y en el equipo. El manotazo de Meade, dicen. Mientras desde Hacienda garantizan una transición sexenal ordenada, clara, robusta. Todo suma y cuenta. Todo proyecta escenarios.

Fuera de la campaña, pero dentro del PRI, se habla de otro pacto, uno entre AMLO y EPN. El Presidente, citado en algunas crónicas, habría contestado que aquellos que lo han tachado de corrupto ahora le piden cargada utilitaria contra El Peje, es tanto como pedir que se robe la elección, imposible. A partir de esa crónica no oficial, López Obrador dijo que Peña “hasta le cayó bien”.

Cuando en el Senado se aprobó la designación de Lilia Ibarra y Carlos Bonnin como nuevos comisionados del Inai, el PRI empujaba al par; mientras PAN-PRD-MC resistían, se fueron y dejaron a los de Emilio Gamboa sin quorum. Pero ¡sorpresa! La bancada PT-Morena regresó y junto con el PRI finiquitó el proceso. Los frentistas, derrotados, ironizaron; fue un albazo del PRI y Morena, un PRI-MOR de maridaje legislativo.

Cuando hace un mes el Presidente reprochó a Donald Trump sus groseras expresiones antimexicanas, Peña Nieto mencionó a los entonces cuatro candidatos, citarlos por nombre y apellido no fue detalle menor.

Ante rumores estratégicos, AMLO dijo que bajar a Meade sería una canallada. Deja la impronta que lo útil para él es que la disputa Anaya-PRI mantenga divido el gran voto antipeje mientras que voces tricolores descartan cualquier pacto con Anaya, un traidor nato dicen; antes con Morena, que es a fin de cuentas lo más priista de la boleta.

Amnistía, pero política, cimentada en una nítida frontera transexenal, alternancia sin regateos y civilidad entre oponentes y contrapesos indispensables. Un PRI-MOR, un arreglo tácito ante lo inevitable. Un frente antifrente, no antipeje.

La declinación, otro tema subyacente, fue precisado por Lorenzo Córdova ante los consejeros de Citibanamex: antes del 6 de mayo, día en el que comienzan a imprimirse las boletas electorales, cualquiera puede salir de la contienda y en el caso de los partidos hasta cambiar candidato. Tiempos canallas.


Este artículo fue publicado en La Razón el 3 de mayo de 2018, agradecemos a Carlos Urdiales su autorización para publicarlo en nuestra página.

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