No existe fuente informativa sin un interés político, por eso la filtración al diario Sueddeutsche Zeitung comprende al menos dos sentidos: a) el del significado de la palabra “filtración” en términos periodísticos de proporcionar información desde (o solicitando) el anonimato y b) el del material seleccionado que se filtra para que su divulgación afecte a determinados actores políticos y no a otros, como al exprimer ministro de Islandia –que renunció por el escándalo detonado–, al presidente argentino o a Vladimir Putin por citar sólo tres casos, y no lastime a actores políticos y empresariales de EU por ejemplo, lo cual habría sido muy explosivo dentro de su actual proceso electoral.
Esa filtración interesada seleccionó una enorme cantidad de datos, más de 11.5 millones de documentos, y así fue ordenada, vale decir, organizada, por 379 periodistas; de este modo también fueron seleccionados los actores políticos a quienes dirigir los respectivos misiles en cada país. Eso explica que, definida su intencionalidad política, los medios mexicanos involucrados en la operación incurrieran en elementales lagunas informativas, entre otras, no advertir que las sociedades mercantiles en los llamados paraísos fiscales no son ilegales en sí mismas si se advierte de ello a la autoridad del país de origen y si ello no implica evadir las obligaciones fiscales, o no registrar que Panamá no es un paraíso fiscal para algunos países como España. La intención política es desgastar al adversario político incluso por encima de la propia información.
Desde luego que nada de lo anterior lleva a subestimar la formidable cantidad de datos que comprenden esos papeles panameños y menos a defender el calado ético y moral de los que acuden a esos recursos empresariales sin conocer si incumplieron o no con la ley que, más allá de parámetros éticos e incluso morales, es lo que, en esencia, debe valorarse en los estados de derecho. En México esto es particularmente complejo pues la impunidad es una de las férulas nuestras de cada día y la credibilidad de las instituciones está por los suelos y por supuesto que eso lo saben los medios mexicanos involucrados: sea como sea, lo tiene muy presente, el misil ha dado otro golpe a la credibilidad del gobierno del país.
