Pasión y política: AMLO vs Calderón

La negativa del INE a conceder el registro a México Libre, partido organizado por Margarita Zavala y su esposo, nos ofrece un cuadro de lo que representa la pasión en la política mexicana, pues vuelve a colocar frente a frente a dos viejos adversarios: Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador, ejemplos de cómo todo lo que podemos definir como personal es el principal motor para ejercer el poder y conducirse en esta rueda de la fortuna que es la política en nuestro país.

Todo personal

Andrés Manuel López Obrador, a pesar de su juramento de hacer guardar y cumplir la Constitución y las leyes que de ella emanan, antepone sus creencias personales y sus ideas a lo que debería ser un gobierno republicano.

Cuenta con la ventaja de que tiene un ejército de leales que le perdonarán todo, incluso muestras de que participa en actos de corrupción, incluso sin explicar cómo es que si vivió de las aportaciones de sus simpatizantes –desde el humilde taxista hasta la sospecha de que recibía recursos de empresarios y gobernadores del sureste–, y presume de ser una persona austera, pudo heredar en vida a sus hijos bienes inmuebles y que estos pudieran convertirse en este sexenio en empresarios, como sus redes sociales lo retratan.

Sus continuas menciones al Papa y citas de la Biblia, lo muestran en contradicción a su admiración por Benito Juárez.

Pero si algo demuestra en muchas de sus conferencias mañaneras, es que no ha superado la derrota del 2006, por lo que el ajuste de cuentas –o venganza– es inevitable.

Pese a que ha dicho que no es partidario de juzgar a expresidentes, alienta una consulta para que sea el “pueblo” el que decida si se procede en contra de los exmandatarios, pero sin especificar los delitos de los que se les acusaría.

Sin duda, el más grave para el actual presidente es el fraude electoral que sigue asegurando se cometió en su contra en 2006.

Pero enfrente no sólo tiene a su némesis, sino a un político que como él, también gusta de hacer a un lado las reglas para alcanzar sus objetivos.

Felipe Calderón es un ejemplo perfecto de cómo generar enemigos a su paso por la política mexicana. Presidente del PAN de 1996 a 1999, empezó su gestión con una carta redactada en términos duros por su antecesor, Carlos Castillo Peraza, quien le recomendaba no cerrarse a las recomendaciones de otros y no ser desconfiado.

“Tu naturaleza, tu temperamento es ser desconfiado hasta de tu sombra. Si te dejas llevar por ése, entonces no te asustes de no contar ni con tu sombra: ella misma se dará cuenta que es sombra, pero que no es tuya; será sombra para sí, no contigo, no tuya”, escribió Castillo Peraza.

Años más tarde, Julio Scherer revelaría en su libro Secuestrados, que el propio Castillo Peraza le confiaría que uno de los motivos de su renuncia a Acción Nacional fue la conducta del propio Calderón a quien describió como “inescrupuloso, mezquino, desleal a principios y a personas”.

La presencia de Felipe Calderón en el partido, aún después de dejar la dirigencia nacional, se dejaba sentir especialmente a la hora de definir candidaturas. Varios aspirantes llegaban a conseguir la postulación y sus cercanos comentaban, “es que Felipe quiere que sea…”, con lo que obtenían un visto bueno que era difícil rechazar por parte de las instancias correspondientes y los demás participantes en los procesos internos.

De su enfrentamiento con Manuel Espino y Gustavo Madero se ha escrito mucho. El primero, pese a que contribuyó en el triunfo cuestionable que obtuvo en 2006, no lo dejaba de insultar y los “calderonistas” –es decir, los partidarios de Felipe en dicha campaña– no paraban de asegurar que Espino los marginaba.

Madero llegó a confiar que Felipe no le quitaba el pie del cuello, como una manera de señalar la forma en que el expresidente del partido presionaba para obtener sus objetivos.

Muchos fueron los panistas que decían que Calderón dejó sola a Josefina Vázquez Mota en la campaña de 2012, pese a que ella lo consideró para ser titular de la PGR si ganaba la votación.

Pero vendría luego la negativa a la candidatura de Margarita para la elección presidencial de 2018, lo que motivó la renuncia del matrimonio y la posterior formación de un partido político con el cual buscaban regresar a los primeros planos de la política, pero con una militancia arrancada al PAN y un programa calcado de este último, por lo que en términos reales su oferta política era la misma del blanquiazul.

Calderón y López Obrador son producto del mismo sistema político que nos ha dado a muchos otros protagonistas que anteponen sus intereses personales a las necesidades del país. No son las dos caras de una misma moneda, sino son la cara más preocupante: la de los que gustan imponer.

Si México Libre llega o no a ser partido político, esto no impedirá que el enfrentamiento entre ambos sea un factor que influya en las elecciones de 2021, en las cuales la polarización será la marca que diferenciará a estos comicios.

Como se podía leer en la publicidad de la película Alien contra Depredador, “gane quien gane, nosotros perdemos”. Ese será el resultado de la pugna entre ambos personajes.

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